Sé que piensas en mi y te invade la nostalgia.
Que el frágil aleteo de esa gaviota lejana,
que tus ojos ansiosos persiguen cada mañana;
te trae los recuerdos de la prosa que esculpí,
cincelada y férrea en la faz de tu memoria.
Sí... aún piensas en mi y el vacío es tu destino.
Lo dice la poesía que emana de tu boca.
Los versos que delatan la historia que tuvimos.
Si me perdíste algún día, ¡créeme no lo he sabido!.
¿Cómo se olvida un lugar al que jamás hemos ido?
En el brillo de tus ojos me descubrí un instante,
tan vasto el horizonte de tu mirada triunfante
que apenas te dejó ver, a la que aún no olvidaste.
No hay vanidad que reemplace el dolor de la nostalgia.
No hay gloria que diluya la espesura de tu alma.
Ahora piensas en mi y te hiere la distancia.
Hasta aquí emigra tu alma con cada pensamiento.
Si estás cerca, yo no lo sé.
Si estás lejos, yo no lo siento.
Es un susurro este amor, que aún se mantiene despierto.
Me piensas, no lo niegues, ¡no te atrevas a negarlo!.
¿Qué sentido tendría ocultar lo que soñamos?
Si nos pensamos eternos, si nos creamos dorados.
Desgarra tu garganta el sonido de esta ausencia.
En cada mano que roces se colará mi presencia.
Tatuada llevas la rosa que perfumó este poema.
Su cáliz guarda el amor, el tallo... sutil promesa.
