...Y me quede soñando
con una historia breve...
Sueños Breves, Nuestra
historia de amor
XXII
"Cuántas veces, amor, te amé sin verte
y tal vez sin recuerdo,
sin reconocer tu mirada, sin mirarte,
centaura,
en regiones contrarias, en un mediodía
quemante:
eras solo el aroma de los cereales que amo.
Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando
una copa
en Angol, a la luz de la luna de Junio,
o eras tú la cintura de aquella guitarra
que toqué en las tinieblas y sonó como el
mar desmedido.
Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu
memoria.
En las casas vacías entre con linterna a
robar tu retrato.
Pero yo ya sabía como era. De pronto
Mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo
mi vida:
frente a mis ojos estabas, reinándome , y
reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu
reino.
("Cien sonetos de amor" Pablo
Neruda)
Perdido en los vaivenes de
su memoria le costó reaccionar cuando oyó los pequeños golpes en la puerta.
Sabía que quien golpeaba traía hasta él su ilusión tan esperada. Como un
mensajero Real, cabalgando urgente hacia la morada de su Majestad para llevarle
el perfume de su amada, salpicado en las letras de una carta de amor prohibido.
Avanzó ansioso hacia la
puerta y en un solo movimiento desplazó la incertidumbre, para hallar en su
lugar, el fuego intenso de esos ojos que ya vivían dentro de su ser. No vio más
que la luz de su mirada destellando en su rostro y supo al instante que:
Conocerla era absolutamente irrelevante, porque aquel momento solo servía para
confirmarle un amor, que había nacido hacia mucho tiempo atrás.
_¡Que nadie nos moleste!_
Ordenó y el gigante amable comprendió de inmediato.
_¡Tranquilo, yo me ocupo!_
Le dijo, para cerrar la puerta tras esas palabras, prohibiéndole al mundo ser
testigo de lo que allí comenzaba.
Ella dio unos pasos
mientras él no le quitaba la vista de encima. Lo primero que hizo fue
recorrerla, lentamente y notó que ella lo sabía y escapaba a su mirada
caminando en silencio, alejándose del escrutinio de sus ojos.
Ella procuraba perder su
vista en los detalles que aquel ambiente le ofrecía y se maravillaba con los
objetos que embellecían el lugar, pero todo esto no era más que un truco, su
manera de esperar a que él dijera algo, cualquier cosa que rompiera aquel silencio
que se volvía eterno, según los segundos avanzaban.
Giró para enfrentarlo
cuando el tiempo se le hizo demasiado difícil de transitar y se encontró con
que él aún la recorría, como estudiándola y no fue capaz de soportarlo.
_¡Decepcionado!_ le dijo y
no estaba preguntando, sino afirmándolo. Él arqueo sus cejas y sonrió apenas.
_¡Sorprendido!....gratamente
sorprendido_ Ella sonrió y él no pudo más que acompañarla, embriagado en el
brillo de sus labios, los que comenzó a desear locamente.
Parecían caminantes de
rutas opuestas. Sus mentes vagaban recorriendo sensaciones tan diferentes, que
resultaba difícil comprender que ambos estuvieran viviendo la misma situación.
Mientras ella se perdía en
sus eternos miedos, él parecía estar siendo partícipe del milagro de la
Creación. Un mundo naciendo ante sus ojos, tan fascinante y desconocido que se
le hacía imposible no sentirse atraído.
Ella creía, imaginaba que
en su simpleza, nada tenía para ofrecerle y él por el contrario, sentía que
nunca antes había recibido ofrendas tan sublimes, como las que ella le otorgaba
con su sola presencia.
Le ofreció asiento, algo
para beber y comenzó la plática, mientras las notas de un viejo Soul enmarcaban
el sonido de sus voces, las que estrenaban allí, ese día, desterrando el
silencio de sus palabras.
"Just the way you
are" sonaba en el ambiente y a pesar de que había disfrutado esa canción
miles de veces, a Micky nunca le pareció tan perfecta como ahora.
Lo sensual de aquella
melodía se fundía insinuante en los gestos de la mujer que tenía el placer de
observar.
Cada parpadeo de sus ojos,
cada movimiento de sus manos, cada palabra pronunciada todo estaba cargado de
la más sutil y sublime sensualidad y lo que le pareció más maravilloso, es que
ella no lo sabía. Todo era tan natural, tan poco premeditado, que la redimían
de toda culpa por lo que en él estaba provocando.
Había tanta desprotección
en sus rasgos y tanta fragilidad en su voz que todo su ser se elevaba ante ella
buscando protegerla, queriendo cuidarla como nunca lo había hecho con nadie.
Micky podía sentir que ella llegaba a su vida para modificarla en todo sentido
y se veía de pronto cumpliendo un rol que nunca antes le había tocado cumplir.
Siempre se sintió un niño
buscando amparo, refugio en los brazos de cada mujer que paso por su vida. Ya
sean grandes amores o solo amantes de ocasión de todas siempre pretendía lo
mismo: protección, resguardo, aquel beso tierno, aquella caricia tibia que la
vida le arrebató un día sin avisar. Ahora, fente a la fragilidad de Alma, podía
sentir que el tiempo de madurar estaba llegando. Que aquel niño desamparado se
perdía en el pasado para darle lugar al Hombre, un hombre de brazos fuertes
para cuidar y proteger sin medida a la mujer que ama.
Sentados en un elegante e
inmenso sofá, apenas si ocupaban un tercio del mismo, porque la cercanía se les
hacía precisa, necesaria, después de tantos meses de vivir en la distancia.
Casualmente recostados sobre el respaldar sus miradas se enfrentaban sin
remedio y sus manos casi se tocaban, rozándose con los movimientos que
ejecutaban para acompañar la charla.
De pronto ella apoyó su
mano y él no dudó en tomársela y concluyó ese gesto con una mirada que la
estremeció de un modo insoportable.
Nada de lo que allí
sucedía era como ella lo había pensado. Durante meses albergó la idea de que un
encuentro entre ambos acabaría con el idilio soñado que compartían en sus
mensajes, pero ahora no solo se sorprendía con el agrado que él le demostraba,
sino que hasta podía sentir que algo muy fuerte se propagaba entre los dos. Se
sentía extraña, confundida.
El tiempo se detuvo. Fue
solo un segundo, lo que duró un beso que Micky suavemente depositó en la mano
que sostenía. Ya no había excusas que detuvieran sus sentimientos porque todo
estaba allí, tan real y concreto como las miradas que no dejaban de dedicarse,
mezcla de miedos y pasión, de dudas y deseo. ¿Qué debía esperar de aquel
gesto?, Alma no tenía una respuesta, solo emociones que ya no podía detener.
Él se acercó un poco, solo
un poco para enloquecerse una vez más con el aroma de su piel, que no olía a
fresias ni a jazmines, que no se parecía a nada ni a ninguno. No quería dejar
ni un solo rastro de su esencia y se embriagaba con las sensaciones que aquel
perfume dejaba en su memoria.
Ella bajó la mirada
temiendo ser descubierta, porque su boca ya no podía resistirse y se entreabría
deseosa del contacto que no quería dejar de imaginar.
El destino se divertía con
ellos, poniéndolos frente a frente y
protagonizando una historia diferente, a punto de consumar un beso que para
ellos podría ser principio o final, sin la más mínima certeza de lo que les
esperaba.
_Mírame_ Suplicó, pero
ella no respondió. A cambió una lágrima se presentaba surcando su mejilla.
_¡Alma!...¡Mi Alma!_
Pronunció su nombre y fue como ofrendarle en un suspiro toda la fuerza que
anidaba en su interior. Tomó su rostro y ya no pudo esperar su consentimiento.
Le robaría un beso a esa boca aunque fuera lo último que hiciera en esta vida.
Pero el miedo además de
hiriente suele ser inoportuno e interrumpiendo la invadió por completo, evitando
el roce de sus labios y el comienzo de aquella historia de amor.
_ Lo siento.... yo....._
Ella se levantó y secando las lágrimas que ya no podía disimular, comenzó a
buscar sus cosas para escapar raudamente.
Micky apresuró sus
movimientos para rodearla con sus brazos, anhelando detenerla, buscando
retornar al segundo en casi se apoderaba del fuego que habita en su boca.
_¡No te vayas!, no
todavía_ Pidió en un dejo de su voz. Ella solo quería escapar
_Será mejor así_ intentó
desprenderse de sus brazos pero él no lo permitió.
_¿A qué le tienes tanto
miedo?. Se trata solo de un beso_
_Un beso es siempre el
comienzo de algo y yo siento que, no puedo comenzar nada contigo_ El llanto ya
era evidente. Micky secó cada lágrima con sus propias manos intentando caricias
que calmaran su dolor. Luego le buscó la mirada para llegar hasta el fondo de
su alma, allí donde vivía el amor que él sentía, ya le pertenecía y se dispuso
a enfrentar todos y cada uno de los miedos que le impedían conquistarla.
_¡Entonces será un final!,
el final de una larga espera, la culminación del encuentro que nos debíamos_
Ella se apartó un poco, aún no se convencía.
_¿Y luego qué?_ él
entendió su pregunta, no la asustaba el amor, sino todo lo que ese sentimiento
podría generar.
_Luego no quedará nada de
lo que vivimos hasta ahora y entonces podremos comenzar desde el principio, a
escribir otra historia, una historia real, verdadera... Nuestra historia de
amor_