Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
Para Marianela, la ÚNICA
Parte 1
Capitulo 1
“Sin apuros lo vio beber el líquido brillante y saborearlo buscando en los rincones más profundos, descubrir la vida misma o los misterios de la naturaleza.”
_ ¡Patético!_ exclamó Marianela con la vista fija en la pantalla del televisor que engalanaba la elegante oficina. Sus ojos recorrían la imagen del cantante que sonriente se dejaba fotografiar por la poca prensa invitada al evento. Una pequeña conferencia en Rapel, Chile, lugar de origen de su nuevo emprendimiento: el vino “Único Luis Miguel”,un Cabernet Sauvignon que lo tenía fascinado.
_ Dicen que sabe de vinos_ acotó Javier, su jefe. La mirada de Marianela atravesó fulminante aquellas palabras que el joven pronto deseo no haber pronunciado jamás.
_ ¿Qué puede saber este tipo si no es más que otro millonario aburrido? No entiendo a Aurelio, lo creía mas serio, más profesional._
_ Tampoco los conoces demasiado, ni a Aurelio Montes, ni mucho menos a Luis Miguel. No deberías apresurarte en tu juicio, podrías llevarte una sorpresa._
_¡No hay sorpresa en esto Javier! El mundo de los vinos no es para cualquiera y menos para gente que lo único que sabe de ellos es que gracias a unas cuantas copas de más pueden sentirse valientes para conquistar a una mujer._
_No creo que el señor (Javier señaló en la TV la figura del cantante que continuaba sonriente) necesite emborracharse para atreverse con una fémina. No le faltan atributos, ni físicos, ni de los otros._
_A lo mejor le falta lo más importante…_Marianela dejo que la frase se perdiera en un silencio provocador.
_ ¿Qué cosa?_dijo Javier en tono suplicante.
_ Agallas, para enfrentarse a una verdadera mujer._
La frase no fue casual. No era admiradora del cantante pero este no había pasado desapercibido para ella como tampoco para cualquiera de las mujeres en su país.
Las revistas del corazón le atribuían una larguísima serie de romances frustrados con prominentes y blondas señoritas, artistas coterráneas y extranjeras. La mayoría no valían la pena. Ahora lo veía dirigiéndose al público con su sonrisa perfecta y no podía evitar sentir lástima por alguien que navegaba sin rumbo, tanto en su vida amorosa como en este nuevo juego que pretendía jugar.
No crean que estaba prejuzgando, bueno tal vez sí, un poco, y de eso se dio cuenta enseguida. Más precisamente en la siguiente escena.
Él tomo la copa con acierto y la elevó seguro para enfrentarla al verde de sus pupilas. Los ojos se perdían en el rojo brillante de la uva convertida en poema y con soberbia expresión sonrió al observarla, con la seguridad de lo que ya consideraba un nuevo logro.
Marianela se sorprendió al verlo olfatear con la confianza de los que saben y se preguntó si en verdad ese Apolo, salido de algún lejano Monte Olimpo, sería tal vez alguien capaz de reconocer la magia que emerge de una copa recién servida.
Sin apuros lo vio beber el líquido brillante y saborearlo buscando en los rincones más profundos descubrir la vida misma o los misterios de la naturaleza.
Todo aquello no hubiese sido más que rutina para ella, (aunque debía reconocer que se sentía sorprendida) sino fuera por la frase que aquel hombre dejó escapar después de chocar la copa y brindar junto a Aurelio Montes, su enólogo.
_Estamos muy entusiasmados y yo espero que este vino les guste a todos, en especial a las mujeres_ Marianela se sobresaltó. Sin poder evitarlo la frase la llevo de inmediato a
aquellos recuerdos que en su mente luchaban a diario por no caer en el olvido.
Mucho tiempo había pasado desde que hablo con “él” por última vez y desde entonces no hubo día en que no esperara su regreso.
Solo “él”, aquel misterioso ser que un día surcó su mundo podría haber sido el autor de una frase así. “Un vino que le guste a las mujeres” esas eran sus palabras las que definían un sueño que “él” pretendía hacer realidad y que solo compartía en sus charlas con ella.
Fue en Abril, ya no importa el año, ella estaba triste, demasiado triste. La vendimia no había sido buena. Eran sus primeros pasos como enóloga en esta tierra, su tierra y la presión era mucha y no la dejaba descansar.
La vendimia no resulto lo que esperaba. El tiempo, un mal cálculo, en fin…una serie de cosas que ni vale la pena mencionar.
Acababa de llegar de Europa. Tenía muchos planes y encontrarse de nuevo con su Chile querido, el que la vio nacer, le devolvía la magia a su sonrisa y le daba sentido a la nueva etapa que pretendía comenzar.
Se sentía fuerte, segura de si misma, capaz de conquistar el mundo con solo imaginarlo.
Luego de perfeccionarse en la carrera que había elegido como modo de vida decidió regresar a trabajar en su país y dedicarle todo su tiempo y su energía a las vides.
En España dejo amigos, en Francia oportunidades y en Italia un amor, pero estar de nuevo allí, con el aroma de la cordillera oxigenando sus pulmones, hacia que cualquier sacrificio valiera la pena.
Pero las cosas no resultaron, todo estaba perdido y sin vendimia y sin vino Marianela solo pensaba en arrojarse de lleno a las fauces de cualquier criatura endemoniada que la alejara, cuanto antes, de su triste realidad.
Y esa criatura del demonio, como llamaba Javier a su computadora, le brindo sin reparos un respiro a su tristeza en las letras cálidas y lejanas de un hombre que llego un día, vaya a saber Dios porqué.
Prefería el correo electrónico a los chats, se sentía más segura, posiblemente.
Pero aquella noche, (sí era de noche y el viento helado se colaba por las hendijas de su ventana). Aquella noche se decidió buscando tal vez una nueva aventura. Entro al chat y allí lo encontró, tan solo y decepcionado como ella.
¿Porqué no? Pensó. No habrá forma de que me dañen unas cuantas palabras en el computador.
¡Que equivocada estaba! Aquellas palabras la hicieron volar al cielo primero para estrellarla después contra el más duro de los peñascos, el del olvido y la desolación.
Todo comenzó como un juego. Hablaban mucho y en realidad no se decían nada, pero pronto descubrió que tenían muchas cosas en común; en especial los vinos.
Ella trato de minimizar sus conocimientos de modo que esta persona no supiera que estaba frente a una experta y por eso dejaba que fuera él quien se explayara sobre el tema, llevándola muchas veces a pensar que el destino la había enfrentado a uno de sus colegas.
Pero no, su sabiduría no venía de libros, ni de academias. Su saber estaba en otra parte. Había mucho de viajero en sus palabras, de gente que sabe porque ha visto, porque ha conocido. Se le antojaba marinero, o pirata, lo que le causaba mucha gracia de solo imaginarlo.
Había experiencia en sus comentarios y poesía en sus apreciaciones. Y un dejo de música. Si, como una nota musical recurrente apareciendo siempre detrás de cada una de sus frases.
Y ahora allí, el mismísimo Luis Miguel, entonaba como si de la letra de una canción se tratara aquella frase de su misterioso amigo, que nuevamente le sonaba a música, pero en los labios de otra persona.
Fueron dos años, dos largos, intensos y maravillosos años en los que descubrieron juntos: sabores, aromas y un sueño recurrente: Un vino que le guste a las mujeres.
Pero un día, un extraño día todo terminó. Nunca supo por qué él se fue de su lado tan misteriosamente como había llegado. Jamás volvió a escribirle a su correo electrónico, ni tampoco apareció en su mensajero para chatear como acostumbraban hacerlo. Ella envió mensajes hasta el hartazgo pero todos regresaron tan enteros e inéditos como habían partido de sus dedos.
¿Qué sucedió? Quien puede asegurarlo… El mundo es tan extraño y se mueve tan de prisa…
Ahora ya casi no lo esperaba, y digo casi porque en momentos como este, en que irremediablemente las palabras le traían su recuerdo, se le hacia muy difícil imaginarlo lejano.
Pero aquello quedó atrás y hoy la historia es otra. Su vida se reparte entre el trabajo y su familia y los sueños que alguna vez la emocionaron se perdían vagos, apenas rememorados en alguna frase sin importancia, como la que acababa de pronunciar el extraño personaje que ahora observaba.
_Lo más curioso es que puede llegar a convertirse en una competencia importante._expresó Javier con una mueca de preocupación._
_ ¡Ay vamos Jefe!_ se quejó Marianela._ Esta bien que Aurelio es de los mejores y no dudo que el resultado haya sido bueno pero de ahí a considerarlo competencia importante. No lo creo_ Su Jefe se apostó tras el escritorio dejándose caer en el cómodo sillón de cuero.
_ Tu sabes mejor que nadie que hoy día un buen producto, no es suficiente. La publicidad, una buena imagen y un público cautivo influyen y mucho, y este condenado bolerista tiene todo eso en cantidades astronómicas. Si a eso le sumas que eligió para su nuevo hobby a uno de los mejores como Aurelio Montes…_ Marianela no necesito que culminara la frase para comprender. Posiblemente estaban allí mismo frente a un nuevo y muy fuerte competidor para su Viña. Y como la única forma de vencer al enemigo es sabiendo todo acerca de él, concluyo que debía saber mas, y cuanto antes, del mentado cantante.
A la postre: su nuevo y sonriente rival.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
Capitulo 2
“.... La dueña absoluta de ese sueño que trepó impaciente en su mustia soledad, cual vigorosa vid escapada de toda intervención humana. Enredándose en su corazón para permanecer allí hasta verse convertida en los colores apasionados de su vino.”
La mano firme de Aurelio Montes estrechaba la suya y cerraba por fin un sueño que juntos amasaron hacia casi 3 años. Miró al enólogo con satisfacción y se felicito una vez mas por su capacidad de elección.
Era algo de lo que se enorgullecía en su vida profesional. Tenía esa habilidad innata, ese olfato preciso y certero para saber elegir a las personas, (músicos, técnicos, artistas…), con los que decidía asociarse. Lastima que esa capacidad no se hiciera extensiva a su vida personal. O quizás si, quien sabe…
El evento duro apenas unos minutos y antes que alguien de los presentes pudiera percatarse, Luis Miguel ya estaba en su helicóptero de regreso a Santiago.
En el hotel lo esperaba su gente, la que lo acompañaba en cada una de sus giras.
Todos estaban felices y aliviados. Los conciertos casi llegaban a su fin. Ya pronto podrían disfrutar de sus merecidas vacaciones.
Pero no todos estaban a gusto con aquella situación. La vida del artista no es fácil de sobrellevar y menos cuando ese artista decide que su vida la pasara sobre un escenario, girando alrededor del mundo.
Así eran las cosas para Luis Miguel. Las tablas eran su vida, una vida elegida a conciencia y llevar su música, su voz y su arte a toda su gente era para él su misión mas sagrada, su mandamiento, su única verdad.
En un cuarto de hotel una mujer espera y esperar ya casi se le ha vuelto costumbre.
Fundida en sus brazos no siente temor, ni nostalgia, ni abandono, pero cuando él atraviesa la puerta el mundo se le hace enorme y a pesar de tanto lujo, tanta belleza, tanto confort, no logra evitar verse sumida en la mas gigante de las tristezas.
Ahora lo ve llegar. Feliz, satisfecho y todo dolor se borra en los pliegues perfectos de su sonrisa. ¿Cómo no amar tanta maravilla?, se pregunta mientras corre a su encuentro.
Él sabe de su angustia y se siente culpable. Con besos y caricias intenta calmar su pena, pero son apenas instantes, escasos momentos que ella sabe, no tardaran demasiado en desaparecer.
_ ¡Será un éxito, lo sé!_ dijo ella plegándose a su alegría.
_ Aurelio esta seguro de eso. No es que yo no lo esté, claro que si. El vino es bueno, muy bueno, pero no sé. Aún me siento muy lejos de todo este mundo. Me gustaría involucrarme mas._
_ ¡Pero si ya lo has hecho! Prácticamente has creado el vino tu mismo._
_ Digamos que le puse mi marca, mi personalidad, pero yo me refería a otra cosa. Hablo de ser parte de su desarrollo, de verlo crecer, cuidarlo, vivir cada etapa, ¿me entiendes, mi reina?_
_ ¿Y qué es lo que quieres?, ¿abandonar la música para olvidarte en un viñedo?_
Esa frase lo dejo pensando. No era una mala idea para el futuro. Se imaginó envejeciendo entre viñedos y bodegas. Con la vista de un lago por las mañanas y los atardeceres perdiéndose en la cordillera. Tal y como lo soñó con ella.
Ella… tan lejana y tan presente en su memoria. Si supiera cuanto la pensó y la sintió mientras le daba forma a este vino que le dedicó por completo.
¿Dónde estaría?, ¿Qué habría sido de su vida? Si pudiera salir a las calles a buscarla, ¿pero cómo? si lo único que sabia de ella era su origen: Chile, el mismo origen de su vino.
Ahora se maldecía por no haber sido mas curioso, por no haber indagado, por dejarse seducir por el misterio y conservar de ella solo un apodo, tan extraño e impersonal como el dolor que en este instante sentía por su ausencia.
Rememoró las tardes de música y charlas, de risas y sabores, de sueños y colores representados en la pantalla de su computador. Era tan sencillo abrirse y dejarse ver…
Con ella podía mostrarse tal y como era, porque ningún peligro lo acechaba.
No podía juzgarlo, ni reprenderlo cuando le hablaba de sus errores y solo recibía entusiasmo cuando sin medida le enunciaba todas y cada una de sus pretensiones.
Solo para ella fue él, el hombre, sin reparos, ni límites pero con la seguridad que brinda el misterio, y esa virtual, pero tan preciada ausencia de temor, que otorga el anonimato.
Ámbar….Ámbar…Ámbar… repitió ese nombre usando un tono apenas audible para no alarmar a su compañera, su reina, que no reparaba en la vaguedad de sus pensamientos. Pero que estaba allí molestándole el recuerdo.
Y pensó que de ese modo, repitiendo una y mil veces aquel nombre, lograría que el universo se apiadara de él y conspirara para hacerla regresar tan misteriosamente, como la había traído una vez hasta su vida.
Ella fue la musa inspiradora. La dueña absoluta de ese sueño que trepó impaciente en su mustia soledad, cual vigorosa vid escapada de toda intervención humana, enredándose en su corazón para permanecer allí hasta verse convertida en los colores apasionados de su vino. Él vino de su sangre, el que corre por sus venas.
¿Y si acaso lo intentaba? Si de pronto quedándose allí, en esas tierras, ¿quien sabe?
El destino, la vida, Dios, decidían que existía para ellos una segunda oportunidad.
¡No! se regaño a si mismo. No te perdonará tu partida, ni tu ausencia, ni tu abandono.
No lo ha hecho ninguna y ninguna lo hará jamás.
Era el Karma de su vida. Tocar y partir. Rodar o morir. Un camino demasiado sinuoso para recorrer acompañado y demasiado triste para transitar en soledad.
Por eso siempre se ocupaba de cargar consigo un equipaje liviano. Algo que le permitiera no sentirse tan despojado, pero de lo cual pudiera deshacerse rápido, si acaso el trayecto se volviera intransitable.
Compañías de ocasión. Sin demasiado compromiso, sin ninguna pretensión.
De esto no se quejaba. Estaba acostumbrado, sin embargo… Alguna vez le supo a poco y pretendió algo diferente. Pero la vida pronto se ocupó de recordarle que en su viaje no había sitio, ni espacio para alguien más.
Y fue con ella, con Ámbar, la última vez que se sintió así, deseoso de detener la marcha y abordar un camino distinto. Pero ya ven que no falla. El destino siempre lo obliga a regresar hasta su senda.
Y aquí estaba, extrañándola una vez más. Recordando cada frase que escribieron juntos en las tardes perdidas de su vida deambulante. Riendo solo ante las ocurrencias, imaginado su carcajada y las formas de su rostro al sonreír.
¡Dios, cuanto la extrañaba! De ella aprendió que la vida se bebe de a pequeños tragos, aprisionando los sabores, descubriendo los colores y los aromas paso a paso, sorbo a sorbo.
Con ella se sintió libre, abriendo sus alas en medio de un cuarto de hotel para transportarse ilusionado, como un águila, atravesando la enorme cordillera.
Y fue ella la que le enseño a creer en su locura y en que los sueños, por mas extraños, e imposibles que parezcan, siempre pueden convertirse en realidad.
El tiempo lo sorprendió imaginando, sin que pudiera percatarse de su paso. Extendió una mano para acariciar la suave piel de su acompañante que yacía dormida, aburrida quizás de esperar que regresara de sus sueños.
¿Cómo sería la piel de Ámbar? Se preguntó y alejó de inmediato cualquier posibilidad de respuesta. Porque Ámbar no tenia piel, ni ojos, ni manos, ni cuerpo.
Ella era solo un recuerdo. El más querido y fiel de sus recuerdos.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“No hay vinos creados para las mujeres. Este mundo machista solo se basa en el gusto masculino a la hora de pensar un buen vino, aseguraba ella. Con mi vino será diferente, porque estará inspirado en una hermosa mujer, aseguraba él.”
Capitulo 3
El cansancio se esmeraba en vencerlo pero su voluntad (¿o era miedo?) se volvía mucho mas fuerte y por eso se mantuvo despierto durante todo el viaje. Abandonó Monterrey apenas concluido el concierto. Un evento privado que le dejo un buen sabor de boca, el preludio de lo que serían sus presentaciones en México el año entrante.
Trato de pensar en algo que lo mantuviera alerta. Detestaba la idea de quedarse dormido en pleno vuelo, jamás pudo reponerse de aquel accidente en Guadalajara y aunque ya habían pasado varios años de aquel hecho, la sensación de la muerte golpeando a su puerta aún no se le borraba. Para distraerse comenzó a rememorar la charla que sostuvo con su reina antes de partir.
_ ¿No entiendo a qué vas?_ dijo ella evidenciando su fastidio._ ¿Tan importante es?_
_ Es importante para el vino, mi reina. Aurelio me lo pidió y ya bastantes desaires le he hecho. No soy un socio fácil y debo compensarlo en algo._
No mentía en lo más mínimo. Aurelio Montes sabía que había logrado, al unirse a Luis Miguel, uno de los mejores negocios de toda su carrera, pero llevarlo adelante no le estaba resultando nada sencillo. El tipo era una estrella que además se daba aires de Divo. Exigía mucho y ofrecía poco a cambio, y se mostraba siempre como el protagonista absoluto del proyecto. Había que ingeniárselas para vender un vino con la imagen y el nombre de un Ídolo con el que se contaría muy poco a la hora de promocionarlo. Ni siquiera pudo lograr que filmara unos comerciales que habían programado mientras estuviera de gira en Chile. Quien sabe que asunto importante lo saco volando de Santiago directo a Monterrey y por eso ahora él regresaba, tan solo por unas cuantas horas, a cumplir de algún modo con la paciencia de su enólogo.
_Deja que te acompañe._ dijo ella estirando sus brazos para rodearlo. Él se dejo mimar acomodándose en su regazo._
_ No vale la pena chiquita. Además, te aburrirías._ Al escucharlo ella se deshizo de su abrazo y se incorporó de inmediato erigiéndose como una columna en medio de la habitación
_ ¿Y qué crees que he estado haciendo todo este tiempo?_ exclamó con rabia._ desde que llegamos a Sudamérica que me la he pasado encerrada y aburrida._ Luis Miguel la miro con asombró. Nunca la había visto reaccionar así.
_ ¡Oye tranquila mi reina! Ven aquí._ le dijo estirando su mano pero ella no respondió_ _Anda siéntate a mi lado. Ya sé que las cosas no resultaron como queríamos, pero ya verás que en cuanto esto termine tendremos mucho tiempo para divertirnos juntos._ Ella bajo la guardia y regreso a su lado. El comenzó a acariciarla y le regalo, sin dudarlo, una noche de pasión. La última antes de entregarse por completo a su nueva fascinación: el vino.
El sitio, elegante por dónde se lo viera, lucía abarrotado de gente. Para evitar el tumulto que podría originarse si alguien se enteraba de su presencia en el lugar, la camioneta que lo transportaba fue ingresada por una entrada lateral que lo deposito directamente en un lujoso salón acondicionado para la ocasión.
Lo recibió Aurelio Montes y un selecto grupo de dueños y directores de las más importantes Viñas de Chile entre quienes se encontraba: Javier Amaro Sanches, el jefe de Marianela.
Se hicieron las presentaciones de rigor y comenzó una charla distendida regada por los mejores exponentes vitivinícolas de cada fundo; acompañados de quesos, mariscos, pollos,
nueces, panes, jamones, carnes y hasta ostras. Todas exquisiteces propias de la visita de un Rey.
Varios de los allí presentes trataron de congraciarse con la visita y Javier no fue la excepción. Intentó hablarle de las bondades de sus vinos; en especial de una nueva variedad, aún sin nombre, que estaban a punto de lanzar al mercado, para concluir con una invitación a visitar el fundo que Luis Miguel rechazó con la mayor de las cortesías.
Aurelio, por su parte, se esmeró en que su socio se interesara por las virtudes de algunos nuevos proyectos que tenía en mente para el futuro pero, Luis Miguel estaba mas propicio a dejarse llevar por las sensaciones que todo aquello le proponía.
Era amante del buen vivir y una buena mesa, un excelente vino y una interesante charla eran para él los más altos exponentes de su filosofía de vida.
Solo te falta una bella mujer, pensó. Y mientras pensaba en esto dirigía su vista por todo el salón para empaparse de la ambientación de aquel sitio, la cual calificó de “muy lograda”.
Habían dispuesto pequeñas mesas alrededor de todo el salón que ofrecían desde las más exquisitas variedades de quesos hasta los más elaborados platos de mariscos.
Las luces se atenuaban en determinados rincones invitando a la charla íntima y se encendían brillantes en los sectores donde los vinos eran los protagonistas.
Algunos muebles de estilo le daban elegancia al lugar y ciertos toques modernosos recordaban la presencia imprescindible de la tecnología en este comienzo del siglo XXI
Una de las paredes estaba cubierta de grandes pantallas planas que trasmitían en directo imágenes de los diferentes puntos y salones de la 10° Gala del Vino en Chile, cuya última noche estaba llegando a su fin.
Recorrió las imágenes con detenimiento. Un stand de souvenirs, un salón de conferencias, un pasillo con gente elegante deambulando. De pronto su mirada se clavo en la pantalla donde la imagen de una joven que hacía, frente a varias personas, la degustación de un vino blanco le llamo la atención.
Era bella, de una belleza sencilla pero atrayente. Llevaba un vestido azul ceñido a su cuerpo que combinaba airosamente con sus ojos color cielo. Tenía una sonrisa transparente como el agua y su piel brillaba luminosa frente a la copa que alzaba ilustrando sus palabras.
No podía oír lo que decía y eso le molestaba. Quería escuchar su voz, la que imaginó tan dulce como su mirada.
La vio levantar la copa para encontrarla directamente con sus ojos. La cámara la tomaba de frente por lo que a él le pareció que ella lo observaba justo a través del cristal.
Sus ojos se clavaron en los suyos sin saberlo y de inmediato recordó las palabras de Ámbar cuando en sus mensajes decía: Encontraré al hombre de mis sueños reflejado en la transparencia de una copa de cristal. Y yo encontraré a la mujer de mi vida en aquella que sea capaz de identificarse con un vino, escribía él por respuesta. No hay vinos creados para las mujeres. Este mundo machista solo se basa en el gusto masculino a la hora de pensar un buen vino, aseguraba ella. Con mi vino será diferente, porque estará inspirado en una hermosa mujer, aseguraba él.
_ ¿Quién es ella?_ su voz escapo de pronto sin que pudiera detener la pregunta que gobernaba sus pensamientos. Aurelio miro a todos los presentes buscando una respuesta hasta que encontró en Javier quien pudiera develarla.
_ Es Marianela Moris, la enóloga de nuestra Viña_ se hizo un breve silencio mientras todos esperaban alguna reacción del artista que no quitaba su vista de la imagen que la pantalla le devolvía. De pronto hizo un movimiento con su cabeza como tratando de reaccionar de su letargo
_ ¿De qué Viña?_ exclamó regresando la mirada a los presentes._ Discúlpame, no oí cuando lo dijiste._
_ Es la Viña La Laguna_ argumentó Javier- y no tienes que disculparte porque nunca lo mencioné_ Luis miguel entendió su torpeza y sonrió avergonzado. Entonces Aurelio retomo la charla.
_ Es una Viña grandiosa del valle de Colchagua. Pertenece a un importante grupo francés._
_Me gustaría conocerla_ dijo Luis Miguel volviendo su vista a la pantalla. Javier que hacia pocos momentos había sido rechazado por el cantante en su invitación a visitar el fundo no comprendía ahora su interés.
_ Claro… cuando gustes podrás conocerla._ dijo Javier, extrañado y sorprendido. El artista esbozó una sonrisa y miró al hombre con picardía.
_ ¿Y porqué no ahora?, puedo pedirle a mi seguridad que vaya por ella._ Al entender que se refería a Marianela y no a la Viña, Javier se mostró disgustado y preocupado también. Sabía de las habilidades de conquista del invitado y no le gustaba nada que pretendiera ponerlas en práctica con su empleada y también amiga.
Con un gesto cortés accedió de inmediato. No era momento de presentar quejas por lo que se ofreció a ir él mismo por la muchacha, abandonando así el gran salón privado.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“El vino brillante, límpido, transparente, se convertía en el marco perfecto, tan ámbar como su recuerdo, para los ojos mas bellos y serenos que había visto en su vida.”
Capitulo 4
_La cata es describir la intimidad de un vino._ Marianela comenzaba con el proceso de degustación frente a un grupo de personas que la observaban atentamente._ Se trata de tomarse el tiempo necesario para pensar en lo que estamos bebiendo. Es una experiencia en la que intervienen todos nuestros sentidos._ Sonriendo y modulando cada palabra se explayaba segura por un discurso que tenia muy bien aprendido. Se había preparado para este evento durante varias semanas y este era su tercer día de exposición en la décima Gala del Vino, la primera en la que tenia oportunidad de participar en su país.
Estaba hablando de los matices y colores de cada variedad cuando divisó a Javier que descendía apresurado por las escaleras. Le preocupó la cara que traía por lo que tuvo que hacer un gran esfuerzo para concentrarse en su trabajo.
_Es importante que se utilice una copa de cristal fino, transparente y sin tallar._ dijo sin dejar de echarle miradas a su jefe que ya esperaba impaciente una pausa para poder abordarla.
En el momento en que se sirvieron las copas para comenzar con la degustación, Javier aprovecho para acercarse a su amiga y comunicarle la noticia.
_ Luis Miguel quiere verte._ La cara de Marianela paso del asombro a la carcajada.
_ ¿Cuanto tomaste Javier?, ¿No te enseñé que se escupe después de cada degustación?_
_ ¡No estoy bromeando Marianela! El tipo esta arriba. Aurelio lo trajo y quiere verte._
_ ¿A mi?, ¿a mí por qué?_ Javier estuvo a punto de decirle lo que pensaba; que el mujeriego ese se había quedado prendado de ella y que no desaprovecharía ninguna oportunidad para conquistarla, pero mucho temió que con ese argumento su terca amiga se empacara, negándose a acompañarlo.
_ No lo sé. Creo que quiere discutir algo sobre nuestros vinos. Anda, acompáñame y nos sacamos este asunto de encima._
_ Esta bien, en cuanto termine aquí, subo._
_ ¡No, imposible!, tiene que ser ahora. En unos minutos se va, sale para el aeropuerto._
_Pues que se vaya entonces, yo no puedo dejar a esta gente plantada._
_ Viviana te reemplazará._ suplico Javier sosteniéndola ya de un brazo e intentando llevársela.
_¡No Javier, eso nunca! Mi trabajo lo termino yo. El Señor si quiere que espere y sino, que pena._
Javier se sintió frustrado y aliviado a la vez. Le molestaba tener que regresar arriba sin su empleada porque sabía que al cantante no le gustaría ni medio que lo rechazaran, pero por otro lado le alegraba saber que su amiga no era de las que se dejaban impresionar fácilmente por la pinta de galán del susodicho.
La noticia no le movió ni un pelo a Luis Miguel que con su mejor sonrisa exclamó.
_ Puedes estar muy orgulloso de tu enóloga, Javier. Es toda una profesional. Me dará mucho gusto verla trabajar. ¿Me acompañan al salón caballeros?_, dijo mirando a los presentes quienes de inmediato asintieron felices de poder salir de ese lujoso encierro.
Con movimientos precisos Marianela inclinó la copa, que contenía un brillante Chardonnay, sobre el paño blanco que servía de fondo para la apreciación del color.
A continuación elevó la copa dándole unos ligeros giros a la misma para mover el líquido y apreciar así las lágrimas que se forman al caer el vino por las paredes interiores del cristal.
Elevó la copa una vez más hasta llevarla a la altura de sus pupilas, que tras el límpido cristal divisaron esfumados, un par de ojos verdes intensos que la penetraban.
Luis Miguel, con expresión atenta, se dejaba vencer por el sortilegio que aquel conjunto de sensaciones le provocaba. El vino brillante, límpido, transparente, se convertía en el marco perfecto, tan ámbar como su recuerdo, para los ojos mas bellos y serenos que había visto en su vida.
Ella se sintió turbada y no supo por qué. Desviando la vista busco concentrarse en lo que hacía pero de pronto comenzó a sentir que el rubor ascendía por sus mejillas y se imaginó como una jovencita tonta, fascinada por la mirada del muchacho que le gusta.
Con todo el profesionalismo del que pudo hacer gala continuó con los detalles de aquella degustación que deseo con todas sus fuerzas se terminara lo antes posible.
_ Es importante al inhalar intentar percibir todos los aromas que el vino nos ofrece._ los participantes, que la imitaban, no habían advertido la presencia del cantante quien fascinado continuaba observando al detalle cada movimiento de Marianela. _La mejor forma de reconocer sus aromas es comparándolo con otros conocidos como las frutas por ejemplo y así tratar de averiguar a que tipo de fruta nos recuerda. Si son blancas o rojas, si son tropicales o del bosque._
Finalmente, la enóloga llevo la copa hasta su boca para beber un sorbo grande del líquido y culminar así con la última fase de la degustación. Haciendo leves movimientos con sus mejillas y su lengua podía determinar los diferentes sabores que hacen a la composición del vino. Luego hablo a los presentes acerca de las tres fases gustativas (la primera impresión, la evolución y el gusto final) y cómo en cada una de ellas se puede apreciar un aspecto diferente de lo que se esta bebiendo. Concluyó bebiendo un nuevo sorbo del vino que escupió elegantemente en un balde de acero.
Entre aplausos que agradeció tímidamente intento escabullirse, pero un apretón en su brazo la obligó a detenerse.
_El señor Miguel desea saludarla._ mascullo un hombre grandote que Marianela imaginó el guardaespaldas del cantante. Ella dejo salir una pequeña sonrisa pero no se movió de su sitio. Si quiere verme, que venga él, pensó decidida, imaginando que el artista no sería capaz de soportarle un segundo desaire.
Pero para su sorpresa y la de todos, Luis Miguel no tuvo inconveniente alguno en mezclarse entre las personas que rodeaban el stand para llegar hasta su objetivo.
Una vez la tuvo enfrente se alegro de su valentía y comprendió que bien había valido la pena su arrojo, tan solo por disfrutar en ese instante de la frescura que de ella se desprendía.
_ Felicitaciones, ha sido una exposición excelente._ dijo con vehemencia.
_ Gracias, muy amable. Marianela Moris de Viña La Laguna._ se presento extendiendo su mano. Él la tomo pero para besarla con cortesía.
_ Es un placer._ dijo sin presentarse. Sabiendo que no hacía falta tal cosa.
El resto de los presentes, que miraban encantados la escena, comprendieron que todos allí estaban de más de más, ya que la enóloga y el recién estrenado empresario vitivinícola se perdían embobados en el pequeño espacio que existía entre sus miradas.
Javier dijo algo que todos celebraron, un chiste quizás. Alguien más aporto una frase pero ni Marianela ni Luis Miguel podían dar fe de lo que estaba sucediendo mas allá de la energía que ambos emanaban, fascinados el uno con el otro.
De pronto la presencia intimidante del guardaespaldas logro regresar al cantante. Se hace tarde le dijo y eso basto para que despertara de su letargo.
_ Es cierto. Debemos partir._ dijo Luis Miguel dirigiéndose a todos aunque no dejaba de mirar a Marianela. Aurelio se ofreció a acompañarlo y uno a uno los dueños y directores de las Viñas se acercaron para despedirse.
Cuando llego el turno de Javier sucedió algo muy extraño. Al tiempo que Luis Miguel le sostenía la mano en un fraternal saludo, quizás el mas efusivo de esa noche, Javier escucho asombrado como decía.
_ Entonces ¿cuándo quieres que visite tu Viña?, porque sigue en pie la invitación, ¿verdad?_ Los ojos de Javier se abrieron como platos.
_ ¡Cuando tú quieras, claro, cuando tú quieras! _ Luis Miguel sonreía satisfecho.
_Tendré unos días libres en Diciembre. ¡Llámame y combinamos! Aurelio te pondrá en contacto conmigo._
Soltó la mano de Javier para tomar nuevamente la de Marianela y besarla otra vez en un gesto de extrema caballerosidad.
_Nos vemos pronto_ exclamó, para perderse luego hacia la salida, tras los peldaños de la enorme escalera.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“No fue algo que hice, no fue algo que hiciste.
Quizá fue aquello que no hicimos…”
Capitulo 5
Subió el volumen y la música comenzó a colarse por cada rincón de su cuarto. Regados por el suelo la colección de discos descansaba. Sobre la mesa el computador y en su mano una copa de vino “Único, Luis Miguel 2002”
Tenía todo lo que necesitaba para descubrirlo, solo debía decidir por dónde comenzar.
Eligió los boleros. Alguien le dijo que era allí dónde mejor se expresaba. Luego navegó un rato, fluctuando entre fotos y noticias, empapándose de todo aquello que pudiera parecerle interesante o importante. Leyó notas, reportajes, artículos de presa, en fin… la lista era interminable.
Le pareció increíble que siendo un hombre tan joven hubiera tanto para decir acerca de su carrera. Y ni hablar de su vida, eso era un capitulo aparte en el que prefirió no ahondar demasiado, aunque su curiosidad a gritos se lo reclamara.
Para el final dejo el vino porque estaba segura que sería allí donde se guardaban todos sus secretos.
Se tomo su tiempo para catarlo. No tuvo quejas. Aurelio había hecho un buen trabajo.
Lo sintió profundo, aterciopelado con algo de caramelo. Se manifestaba elegante, con buena acidez y de gran envergadura. Pudo percibir como se combinaban en un ensamblaje perfecto la opulencia especiada del Cabernet Sauvignon con la austeridad herbácea del Syrah. Sin duda la combinación, tan bien lograda, era la clave de su imponente presencia. Leyó la etiqueta en voz alta:
"...La sinfonía entre tierra, aire y sol me ha inspirado en crear junto con el apoyo de Aurelio Montes, enólogo de la Viña Ventisquero de Chile, este Cabernet Sauvignon, un vino ÙNICO en su especie. He dedicado a la creación de este vino la misma pasión y alegría que le doy a mi música. Los invito a compartir conmigo el espíritu ÙNICO que todos llevamos dentro."
¡Cuanta petulacia!, pensó Marianela. El pobre de Aurelio se veía reducido a un simple colaborador. Ningún detalle de sus cualidades, ninguna referencia a su fabricación. Era obvio que se trataba de vender “el vino de Luis Miguel” y nada más. Un souvenir más para colección de sus admiradoras. Es una pena, pensó la enóloga, el vino dice mucho más que su dueño, pero eso nadie va a notarlo.
Bebió un sorbo más y en los diferentes matices se perdió de pronto, vagando alocadamente entre los recuerdos de aquellas charlas con su misterioso amigo, tan extrañado, tan tristemente desaparecido. ¿Por qué estos sabores le traían los destellos de aquella historia sin final? Cereza, frutas negras, vainilla, madera … cada sutil sabor, cada olvidado recuerdo… En la copa, una ligera nota de amargor y en su mente la dulce sensación de volver a tenerlo, como si acaso alguna vez le hubiese pertenecido.
Regresó al cuarto, a los boleros, al vino y a Luis Miguel.
Rememoró los ojos, verdes, intensos tras el cristal escudriñándola sin pena. Luego el beso, leve y sereno sobre su mano y aquel “Nos vemos pronto”, que la llenaba de esperanzas. Como si acaso hubiese sido “él”, (sí, aquel, el de los versos en el computador), el dueño de esas palabras.
Entonces dedujo, (¿sería posible deducir algo en medio de tanta confusión?). Así fue que dedujo que aquel hombre, (no el del computador, sino Luis Miguel) tenía razones suficientes para sentirse tanto maldecido, como bendecido por la vida. Sería entonces su decisión la forma en que decidiera afrontarla.
A la mañana siguiente recibió en su teléfono móvil un mensaje de texto de Javier que rezaba: Ya estoy en La Laguna. Debes venir urgente, hay mucho que hacer aquí.
No entendió la prisa , ni lo que hubiese que hacer urgente en la Viña pero sin pensarlo tomo la carretera y en menos de tres horas estaba en pleno valle de Colchagua.
Aún faltaban algunos meses para la vendimia pero ya podía percibirse el ambiente de lo que todos consideraban allí, su mayor fiesta.
El valle era para Marianela la vida misma. Allí había nacido hacia poco más de treinta años y allí se había criado entre vides, patos, eucaliptos y la magia de la laguna.
Un hermoso y calmo espejo de agua (de allí el nombre de la viña) en medio de tantas hectáreas conformando el más hermoso de los paisajes a tan solo doscientos kilómetros de la vertiginosa capital chilena.
En sus orillas caminó descalza una pequeña niña que soñaba con subir a las montañas y desde lo alto alcanzar el cielo, o la luna, lo que estuviera más a mano.
Fueron los atardeceres de la laguna, testigos de sus primeros escarceos en el amor, con algún huaso revoltoso, tan salvajemente adolescente como ella.
Pero también allí conoció la fuerza de la naturaleza y el valor de la tierra y de quienes la trabajan. Todos en aquel lugar la conocían, respetaban y admiraban y no era solo por su trabajo que así lo hacían, sino porque a pesar de sus estudios, sus viajes y su preparación ella no dejaba de mostrarse como una de ellos. Una más en aquel mágico lugar.
De niña vivó con su abuela, ya que su madre partió a Santiago en busca de trabajo y solo regresaba en contadas ocasiones, como para su cumpleaños o vacaciones.
Doña Hilaria, su abuela, también había crecido en ese lugar. Ella había trabajado como criada de los primeros dueños, “los verdaderos” como solía llamarlos. Pasó toda su vida allí y conocía mil historias del Valle y en especial de la laguna con las que fascinaba a Marianela.
Pero había una muy particular. Una que llamaba la atención de su nieta y que Hilaria no se cansaba de contarle por lo mágica y hermosa que era.
_Hace muchos, muchos años, en este sitio se sintió el amor más verdadero que nadie haya sentido jamás. Él era un joven apuesto, ella era la niña más hermosa, nieta de un viejo cacique. Tenía cinco hermanos varones, y juntos vivían con el cura del lugar que los había recogido al quedar huerfanitos. Sus hermanos cultivaban las vides para la iglesia. Ellos mismos hacían el vino con el que Jesús se ofrecía cada domingo en la misa. En la Viña se conocieron. La niña y el joven apuesto cruzaban miradas a escondidas en los senderos del viñedo. Y los sorprendió el amor… el más inmenso amor. Por las tardes se escapaban, lejos de la vista de todos, a bañarse en la laguna. Sí, esta misma laguna en la que tú te bañas, Marianela. La pequeña abría grandes sus ojos y se exaltaba de solo imaginar las palabras de su abuela. Aquí se juraron amor eterno y se prometieron permanecer juntos sin importar quien se opusiera. Cuando el cura se enteró de ese amor y de esos juramentos decidió alejar para siempre a la niña de aquel lugar. Y para eso esperó que llegara la vendimia, ya que debía asegurarse que sus hermanos, el joven y todos en aquel sitio estuvieran muy ocupados para que nadie se percatara de la ausencia de la muchacha.
_ ¿Y qué fue lo que hizo?_ preguntaba Marianela envuelta en la magia de aquel relato.
_ Antes que saliera el sol, mientras todos dormían cansados de la ardua faena, subió a la niña a un pequeño bote y la internó en la laguna. Del otro lado la esperaba un amigo del párroco para llevársela lejos, muy lejos de ese lugar. Pero cuando el bote ya estaba atravesando la laguna se desató una terrible tormenta, tan terrible como nunca se había visto por estos lugares y el pequeño bote se hundió, llevándose a la jovencita al fondo, muy al fondo de esta laguna.
_ ¿Se murió?_ las lágrimas se apoderaban de Marianela._
_ Bueno, casi…_
_ ¿Cómo casi?, entonces sí se salvo._
_ No. Su cuerpo nunca apareció, pero dicen que su espíritu sigue vivo en la laguna._
Hilaria hacia largas pausas en su relato que enloquecían a Marianela.
_ Cuéntame abuelita, cuéntame que mas sucedió._
_ Desde aquel día, dicen los que saben, que al terminar la vendimia aparecían en la laguna unos hermosos destellos de luz que anunciaban el éxito de la misma. Así fue como durante muchos años, quienes cultivaban en esta Viña, sabían cuando las cepas estaban bendecidas por Dios y podrían obtener de ellas un vino maravilloso. Todos creían que era la niña, que manifestaba en esos destellos su amor y su alegría por la buena cosecha, desde el fondo de la laguna.
_ ¿Y porqué pensaban que era ella?_
_ Porque los destellos eran del color de su nombre. El nombre con el que había sido bautizada. Y porque solo podían ver esos destellos aquellos que tenían amor, un gran amor en su corazón._ Hilaria hizo otra pausa y Marianela se quedo esperando hasta que su emoción no le permitió aguardar más
_ ¿Y no vas a decirme su nombre?, ¿cómo se llamaba la niña?_ Hilaria suspiró profundo.
_ Ámbar…ese era su nombre y el de esta laguna_
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“No fue algo que hice, no fue algo que hiciste.
Quizá fue aquello que no hicimos…”
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“Aquel panorama lo conmovió. Su mirada, capaz de atesorar la más vasta colección de paisajes mundanos, se sintió vulnerable ante tanta maravilla.”
Capitulo 6
La primera impresión que tuvo fue la de haber llegado al paraíso. Un frondoso bosque de Eucaliptos le dio la bienvenida y el trinar de los zorzales le recordaron notas musicales que su mente había olvidado hacia ya mucho tiempo.
Por el acceso a la Casona (la casa de huéspedes) encontró tantas variedades de árboles como jamás había visto en su vida. Robles, araucarias, eucaliptos, alcornoques… Demasiado verde para sus ojos, ¡vaya paradoja!
Lo recibió Javier entre sonrisas y apretones de manos y sin perder un segundo se dispuso un amplio recorrido por la propiedad para que pudiera sentirse de inmediato, en plena confianza. Algunos empleados se ocuparon de llevar las maletas a los cuartos y Maria, la cocinera, no dudo en preguntar a los recién llegados a que hora preferían cenar y si deseaban algún tipo de comida en especial.
Luis Miguel, y su guardaespaldas personal recorrieron el sitio con asombro y fascinación.
Varias horas antes de su arribo un grupo de hombres corpulentos, expertos en seguridad, habían recorrido el fundo de punta a punta con el propósito de revisar las instalaciones y comprobar que el sitio contaba con las medidas de seguridad necesarias para recibir al cantante. También habían pedido un listado completo con todos los datos de quienes trabajaban en el lugar y se estableció, a partir de ese momento y hasta que Luis Miguel abandonara el sitio, un control exhaustivo de quienes ingresaban y salían de la propiedad.
A Javier todo esto le pareció desmedido, pero luego supo por medio del guardaespaldas personal del cantante que se veían obligados a tomar estas medidas porque habían sufrido ya varios intentos de secuestro y no podían arriesgarse a que algo así, algún día, se hiciera realidad.
Al recorrer la casa se encontraron con una construcción imponente, con detalles típicos de los fundos Chilenos, con extensos corredores, techos de tejas y muros de adobe. Imagínense una casa en forma de cuadrado, con un patio central muy grande, una gran fuente al centro, y rodeado de árboles y flores, entre ellas camelias, violetas, rosas, calas, y la flor nacional de Chile: El copihue que, aunque se da en el sur de este país, con buen cuidado puede conservarse sin problemas en ese lugar.
Esta casa en particular, tiene largas galerías, con inmensos ventanales donde se combina un estilo arquitectónico netamente chileno, con el estilo clásico europeo, ya que fue construida por los actuales dueños de la Viña, oriundos de Francia. Es por eso que muchos de los artículos decorativos, muebles y piezas de arte provienen de este país y fueron traídos especialmente por sus dueños.
Terminado el recorrido los visitantes se dispusieron a descansar. Era imperioso tomar una siesta y recobrar fuerzas después del largo viaje. Javier se despidió (prometiendo que regresaría para la cena) y partió en busca de Marianela que recorría las bodegas de la Viña.
La encontró como siempre departiendo con los empleados.
_ ¡Ya llegó! Vieras la cantidad de equipaje que trae. A lo mejor tenemos suerte y se nos queda aquí para siempre._
_ ¡Ni lo digas Javier por Dios! ¿Te imaginas el infierno?. Tendríamos a la prensa apostada aquí día y noche y ni hablar de sus fanáticas. Muy pronto dejaríamos la producción de vino para convertirnos en un escaparate barato._
_ ¡Ay tu, siempre tan dramática! Mejor apúrate que nos esperan para la cena._
Marianela salio de allí resoplando. La idea de volver a verlo le molestaba y mucho, en especial porque Javier no hacía mas que recalcarle una y mil veces que el mentado cantante estaba allí solo para conquistarla.
Y era lógico que eso pensara. Teniendo a su disposición la Viña Ventisqueros, (encargada de la producción de su vino) y a Aurelio Montes para asistirlo, nadie entendía porqué había decidido instalarse allí. Pero lo que a ella mas le molestaba era que, al cuestionárseles sobre el asunto, sus asistentes respondieron: Es por la laguna
¡Pero es mi laguna! Se quejaba Marianela, ¿por qué tenía que venir a usurpársela?
De buena gana hubiese rechazado la invitación a cenar, pero también era cierto que su trabajo estaba de por medio y ella debía ocuparse de poner al servicio de los huéspedes toda su experiencia y dedicación.
Era parte de su trabajo brindar un completo servicio a los visitantes del lugar. La Viña formaba parte de la conocida “Ruta del Vino” un emprendimiento turístico en el que intervenían todas las Viñas más importantes del Valle de Colchagua; uno de los tantos valles que conforman la zona central de Chile, dedicados a la producción de vinos. Se les ofrecía a los turistas un recorrido por las bodegas y viñedos y una pequeña exposición, a cargo de los enólogos, acerca de las propiedades y degustación de los vinos que allí se elaboran. Siendo Luis Miguel visitante y huésped de La Casona tenía derecho pues, a su visita guiada a cargo de la enóloga: Marianela Moris.
Luis Miguel aspiro profundo y lo envolvió el aroma sutil de las camelias, rosas y bugambilias que conformaban el arreglado centro de mesa. La enorme sala de estar en un vértice de la inmensa galería, enmarcada en grandes columnas de madera, tenía como formidable vista toda la belleza de la laguna.
Aquel panorama lo conmovió. Su mirada, capaz de atesorar la más vasta colección de paisajes mundanos, se sintió vulnerable ante tanta maravilla. Se respiraba una paz imposible de explicar con palabras, al menos para él, a quien la palabra paz se le hacía un sueño cada vez más difícil de alcanzar.
Cruzaron ante sus ojos una bandada de patos silvestres, habitantes ilustres de aquel lugar, que con sus graznidos unidos a los trinos incesantes de los zorzales conformaban la sublime banda sonora del paisaje.
Se dejo llevar por el vuelo razante de las aves sobre el espejo de agua y evocó en aquella imagen algunos eventos de su existencia que lo llevaron, en mas de una ocasión, a querer escapar volando como aquellas aves hacia un destino diferente, mas justo tal vez para su vida.
Con pausados sorbos bebió el jugo recién servido, acompañado en el silencio solo por el murmullo de las aves y de la cálida brisa mientras disfrutaba sin medida de una soledad, que como nunca, le pareció sencillamente encantadora.
Hasta que interrumpió su disfrute la llegada de un vehículo que transportaba a los invitados a la cena. El sol comenzaba a ocultarse en la laguna y ya todo estaba listo para recibir la llegada impetuosa de la luna.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
Un vaso de vino en el momento oportuno, vale más que todas las riquezas de la tierra.
Gustav Mahler
Capitulo 7
Aquella cena no fue lo pretendido. No lo fue para Luis Miguel, mucho menos para Marianela. Ella buscaba demostrarle a Javier que sus pensamientos acerca de las intenciones del cantante eran erróneos y no lo logró. Luis Miguel buscó por todos los medios congraciarse con su visita y tampoco lo logró.
Ella estaba a la defensiva, como quien sabe que el ataque del enemigo es inminente y busca el mejor modo de contrarrestarlo. Él dejo escapar todas sus dotes de buen anfitrión y cortesía pero fue mermado en cada intento con absoluta contundencia.
Javier apenas si tuvo oportunidad de comentar algo acerca del nuevo proyecto de la Viña, una nueva variedad de vino blanco que estaban a punto de sacar al mercado.
_Espero que me des la oportunidad de probarlo._ dijo Luis Miguel demostrando el único instante de entusiasmo que Javier logro sacarle._ ¿Cómo dijiste que se llama?_
_ Aún no tiene nombre. La gerencia esta trabajando en eso, aunque estamos abiertos a cualquier idea_
_Bueno, este sitio debe inspirarles millones de posibilidades. No creo que vayan a tener problemas con eso._ acotó el cantante. Javier asintió seguro.
_ No hay dudas de que será un nombre inspirado en La Laguna._
El Director de la Viña abandonó la propiedad, poco después de la cena, al notar que su presencia pasaba totalmente desapercibida para el cantante quien solo dedicaba su atención a la enóloga. El resto de los presentes se excusaron, inducidos quizás por el propio Luis Miguel, que no veía el momento de quedarse a solas con Marianela.
Y allí estaban, café de por medio, en la enorme galería bañada por la brisa de una noche estrellada buscando las palabras que rompieran el incómodo silencio.
_ Este lugar es increíble._ dijo él recurriendo a lo primero que vino a su mente. Recostados en uno de los rústicos sillones conversaban.
_ Lo sé._ dijo ella segura._ Nací y crecí en este sitio. Es mi lugar en el mundo._ Él la observó un instante y le dedicó una sonrisa.
_ Que suerte tienes._ dijo bajando la mirada.
_ ¿Por vivir aquí? Ya lo creo._
_ Y por saber cuál es tu lugar en esta tierra. Imagínate que llevo años recorriendo este mundo y aún no puedo determinar cuál es mi lugar._ se hizo un silencio y agregó._ Acapulco, quizás…pero no lo sé._
__ ¿Qué tienes allí?_ preguntó ella curiosa.
_ Bueno, tengo una casa que me gusta mucho y esta el mar, algunos amigos, la gente del lugar…_ Ella hizo una mueca, como una media sonrisa._ ¿Qué?_ dijo él al notar su expresión.
_. No tienes nada allí._ Luis Miguel la miró desafiante.
_ ¿Y que debería tener para considerarlo mi lugar?_ preguntó ya interesado en el rumbo que la charla iba tomando. Ella se incorporó para enfatizar sus palabras.
_ Tu lugar en el mundo es allí dónde están tus raíces, tu familia, el sitio que hable de ti, de lo que eres y de lo que sientes. El lugar donde preferirías morir._
_ No estoy pensando en la muerte, ahorita._ dijo soltando una carcajada.
_ Pero dime_ insistió Marianela. _debe haber un sitio donde te sientas seguro, confiado y en el que prefieras estar mas que en ningún otro sitio. ¿No tienes acaso un lugar así?_
_ Si claro._ dijo él convencido.
_ ¿Y cuál es?, ¿cuál es ese lugar?_ Él suspiro profundo y exclamó sin dudarlo.
_El escenario._
La noche los envolvió sin que ellos pudieran notarlo. Hurgando cada uno en la vida del otro se dejaban arrastrar por la magia de aquel lugar.
Si planeaba enamorarla o no, eso era algo que él aún no determinaba. Lo primero era conocerla, saber más acerca de ella y sobre todo descubrir porque razón su presencia le traía siempre los recuerdos de aquella bella historia, la que vivió con Ámbar.
Ámbar fue su luz en medio de la oscuridad. Un destello que lo regresó a la vida cuando algún fracaso amoroso, (ya no recordaba cuál) lo dejó sin fuerzas para seguir creyendo.
Un rosa que se recoge al caminar vencido. Un arroyo seco que se llena con las lágrimas de una despedida. Consuelo que llegó hasta él en forma de palabras.
Ahora Marianela, tan sutil y tan etérea, tomaba la forma de la imagen que siempre soñó y nunca pudo conocer. Si acaso la vida le hubiese dado la oportunidad de tener frente a sus ojos a aquella mujer, estaba seguro que se parecería a Marianela.
Con el correr de los minutos ella se fue distendiendo.
Se interesó cada vez mas por bucear en los pensamientos de un hombre que se le hacía misterioso y fascinante. Había algo de peligroso en él, como si saber más acerca de su vida implicara correr un gran riesgo.
_ ¿Puedo hacerte una pregunta?_
_ La que quieras mi reina._ la expresión salio de su boca sin que pudiera pensarla y se prometió no volver a repetirla. No con ella, porque así llamaba siempre a sus mujeres, para no confundir sus nombres quizás o porque todas se le hacían lo mismo.
_ ¿Por qué decidiste venir aquí, a esta Viña?, ¿qué es lo que buscas?_ se la quedó mirando.
¿Cómo decirle la verdad? Que estaba allí por ella, o más bien por lo que ella le inspiraba. Decidió que tamaña confesión solo la confundiría.
_ Busco un poco de paz. Te sorprendería saber cuan escaso es en mi vida ese concepto._
_Háblame de tu vida_ dijo ella sin temerle a las consecuencias de su atrevimiento.
_ ¿Mi vida?.._ pensó un momento._. ¿Me creerías si te digo que no sé cómo definirla?_
_ No puede ser tan difícil_
_ Es mas sencillo para aquellos que creen saber todo acerca de mi. Hay quienes la catalogan de infeliz o vacía. ¡Qué idiotas! Mi vida no esta en las revistas ni en la televisión._ su rostro se endureció ante el comentario.
_ En mi caso sí es sencillo._ dijo ella buscando airear la charla._ Mi vida es mi familia, este lugar y lo que elegí ser. Soy feliz aquí, entre las vides y esta laguna._Él abrió grandes los ojos.
_ Entonces a eso te refieres_ dijo como si de pronto algo importante se le hubiese revelado y agregó._ Ser feliz… sí, de vez en cuando también me toca_
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“…Porque la vida cuando menos te lo esperas, te da la espalda, te hace jugadas cuando menos te lo esperas.”
“Si te perdiera” (Manuel Alejandro)
Capitulo 8
La mañana siguiente la pasaron recorriendo las bodegas. Marianela pretendía hacer el recorrido habitual, que estaba estipulado para todos los turistas pero pronto descubrió que a Luis Miguel eso no le interesaba.
Él se empeño en recorrer la bodega de punta a punta. Insistió en saber todo acerca del trabajo que la enóloga realizaba y prácticamente exigió, con extrema cortesía, eso si, probar la nueva variedad de la Viña.
Para eso se refugiaron solos en la sala especialmente acondicionada para tal fin. En un amplio salón con grandes arcadas como accesos y una enorme y pesada puerta de hierro forjado se dedicaron a la tarea de degustar, casi compitiendo, el nuevo vino blanco, aún sin nombre, de la viña La Laguna.
La cata fue un duelo a muerte donde cada quien enarboló cual estandarte, sus mayores y mas formados conocimientos sobre el tema. Obviamente la enóloga fue quien corrió con mayor ventaja, pero Luis Miguel no se dio por aludido.
Mas tarde recorrieron la bodega de vinificación dónde Marianela intento exponerle al visitante los detalles acerca de la elaboración del vino pero para su sorpresa, encontró que Luis Miguel ya estaba muy al tanto de todo lo referente a ese proceso, Tanto así que él se tomo la libertad de hacer algunas acotaciones a los allí presentes, acerca de la forma en que se descargan los racimos sobre las correas transportadoras, la cual debe ser suave y cuidadosa para no romper ningún grano ya que se debe evitar que la fermentación comience antes de tiempo. Luego mencionó algo acerca de la máquina despalilladora, (donde se separa el grano de los escobajos del racimo) pero a esa altura Marianela ya estaba bastante fastidiada con las intervenciones del artista que la dejaban siempre en un segundo plano.
Él lo notó, pero de todos modos continuó haciendo alguna que otra observación, tan solo para desafiarla, lo cual volvía todo aquel asunto mucho más interesante.
La experiencia fue fascinante para él y agotadora para ella. El hombre era exigente, eso saltaba a la legua, pero además era muy demandante y no aceptaba que la atención cayera en otra cosa que no fuera la satisfacción de sus deseos.
Por momentos parecía un niño, preguntando, indagando, buscando. Su curiosidad no conocía límites y todo parecía absorberlo con una voracidad casi incomprensible.
Su actitud, su vehemencia y sobre todo su fascinación por los vinos le recordaban tanto a “él”…. Creo que ella supo que se habían encontrado mucho antes de que pudiera aceptarlo. En cambio él…Para Luis Miguel era solo una sospecha. Aunque no dejaba de esperar, que el milagro sucediera.
Por la tarde, luego de un ligero almuerzo, Marianela propuso dar un paseo a caballo.
La idea fue muy bien recibida por el cantante pero no tanto por el resto de los presentes que ya no soportaban el intenso trajinar al que se veían sometidos.
Por eso partieron solos. Luis Miguel, Marianela y el pobre guardaespaldas que, como no permitía que se le despegara ni un instante, no tuvo más opción que acompañarlos.
Recorrieron un sendero que bordea la laguna y que los llevo directo al mirador, el punto más alto del valle. El camino estaba lleno de flores silvestres que, dispersas por doquier, le otorgaban al paisaje un fresco y alegre marco primaveral.
Hicieron el trayecto en silencio, perdido cada uno en sus pensamientos.
Poco antes de llegar a destino descendieron de los caballos para transitar el resto del camino a pie.
Ya podían divisar el mirador, un descanso construido en lo alto del valle con piedras que bordeaban una pequeña explanada que contenía un atril hecho en piedra y madera de roble.
Faltaba poco para llegar cuando a Marianela el silencio se le hizo insoportable.
_ ¿En que piensas?_dijo buscando un motivo de conversación. Él le respondió sin quitar la vista del paisaje.
_ En el destino._ Una bandada de tórtolas apareció cruzando el cielo justo frente a sus ojos._ Es tan pobre mi destino. A veces siento que me obliga a hacer alas que no vuelan lejos._
_ Tú has llegado muy alto. Eso se dice de ti._ Marianela aseveró confiada.
_ Nunca creas todo lo que se dice de mi._ él uso un tono de advertencia._ la mayoría es mentira y lo que podría ser verdad, esta bajo sospecha, te lo aseguro._
_ ¿Y no te importa?, ¿No te molesta?_ él bajo la vista y negó con su cabeza.
_ Ya no._ dijo y su voz se llenó de resignación. Ella tomó la palabra entonces.
_ Yo creo que el destino es lo que cada quien forja a lo largo de su vida, que si existe algo escrito siempre se puede modificar._
_ Estoy de acuerdo. Pero también creo que la vida es capaz de darte la espalda si acaso pretendes desafiarla._
_ ¿Y tú lo has hecho?_ preguntó ella muy intrigada.
_ ¿Desafiar a la vida? Es lo primero que pienso cada mañana al despertar._
_ ¡Cuanta valentía! ¡Felicidades!_ exclamó Marianela fascinada con la declaración.
_ Gracias, aunque la mayoría de las veces creo que solo es un acto de locura_ Ella asintió segura
_ La vida no sería vida, sin una cuota de locura._
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“Pero él, aunque en más de una ocasión caía vencido en aquella trampa, siempre encontraba algo nuevo, simple y auténtico a que aferrarse, para que no lo devorara el ambicioso monstruo de su carrera.”
Capitulo 9
Desde el mirador podía observarse la Viña en toda su extensión. La casona, el bosque y la laguna se disfrutaban a pleno desde ese lugar. La suave brisa golpeando en sus rostros y el perfume penetrante de las flores silvestres hacían renacer en ellos una hermosa sensación de paz y felicidad.
Luis Miguel se dedico, por algunos minutos, a perder su vista en el lejano horizonte. Marianela respeto ese instante, que le pareció de plena comunicación con la naturaleza, que es lo mismo que comunicarse con Dios, y permaneció en silencio esperando a que él regresara de su momento sagrado.
Al cabo de unos instantes él giró su cabeza para buscarla y encontró en su mirada una luz que rara vez, sino ninguna, había observado en una mujer.
Ella le inspiraba confianza. Algo familiar, un refugio seguro, una sensación casi olvidada.
Se sentó junto a ella al borde de una gran piedra y respiró profundo llenando sus pulmones del frío aire de la Costa.
_ Ahora es tu turno_ dijo sonriendo
_ ¿Perdón?_ Marianela hizo un gran gesto de sorpresa.
_ Cuéntame de ti, de tu vida._ dijo él recostándose en la piedra, muy dispuesto a escucharla.
_ ¡Ah! Bueno… y ¿qué es lo que quieres saber?_
_ Todo._
_ Eso es… pretender demasiado, ¿no lo crees?_
_ Así vivo, pretendiendo siempre más._
Su seguridad la alteraba pero no podía evitar sentirse atraída por eso. Él sonreía y el bronceado de su rostro, que se extendía más allá de lo que su camisa semiabierta dejaba ver, le daba a sus ojos un color aún más vivo y brillante del que en verdad tenían.
Marianela trató de hablar observado los matices del paisaje, era la única forma que encontraba para no caer rendida ante su natural seducción
_No hay mucho que decir, nací y crecí en este lugar, mi abuela me crió. Viví con ella hasta que viaje a Europa a perfeccionarme. En Francia supe que había fallecido. Aún no me perdono el no haber estado con ella en su último momento._
_ Pero seguramente ella sabía que lo hubieses deseado. Eso, sin duda, fue lo mas importante._ ocultó la humedad de sus ojos en el horizonte. _ Yo tuve muchas perdidas, pero lo más triste es que a todos los había perdido mucho antes de que partieran. No es fácil vivir con eso, ¿sabes?_
_ Si, leí algo acerca de tu familia._
_ Lo que hayas leído en nada se compara con la realidad. Todo lo que se muestra de mi vida es solo ficción, una farsa muy bien montada. Lo que vivo y lo que siento no esta escrito, te lo aseguro. Eso esta en mi alma y allí nadie se acerca._Marianela sintió esas palabras como un reproche hacia su propia existencia. Su rostro denotaba tristeza, agobio y amargura.
_Guardas mucho dolor en tu corazón_ dijo ella apoyando una mano en su hombro.
_ El dolor es parte de mi vida y ya me acostumbre a él. ¡Imagínate! Si es lo único que logra convivir conmigo._
_ No deberías ser tan duro. La vida a pesar de todo ... _
_ ¡Si, si, ya me conozco esa frase hecha! “La vida a pesar de todo vale la pena vivirla”: ¡Muy esperanzadora!_ Marianela bajo la cabeza y se quedó en silencio. Él comprendió su torpeza._¡Perdóname, soy un maleducado!. No debí hablarte así, por favor discúlpame._
_ Esta bien, esta bien. Ya no sigas._ Él se apresuró a tomarle la mano.
_Es que no quiero perderte_ lo dijo sin pensarlo, directamente desde su corazón. Ella se sintió tan extraña y conmovida al mismo tiempo. Se miraron profundos, intensos. Él continuo diciendo._ Llegue hasta aquí buscando escapar de todo lo que me agobia. A veces siento que el mundo me aplasta como un elefante sobre mi pecho._
_ Eso se llama angustia._
_Lo sé. Lo que no sabía es que en este lugar hallaría la calma que tanto necesitaba._
_ Dicen que hay magia en la laguna._ dijo ella recordando a su abuela. Él la miro con ternura.
_ Estoy empezando a creerlo._
Así pasaron aquellos días, envueltos en la magia de la laguna.
Cada rincón de ese paraíso les servía de marco para las charlas en las que desnudaban, sin temor alguno, los más recónditos pasajes de sus vidas.
Luis Miguel siempre sintió que estaba frente a Ámbar y Marianela siempre supo que estaba frente a su misterioso amigo. Y aunque vivía en sus corazones la duda de estar equivocados, de que se tratara solo de una casualidad, lo cierto es que ya no les importaba.
Así lo habían decidido en cada mirada, con cada encuentro, y si el destino les estaba jugando una mala pasada, entonces peor para el destino.
Porque Luis Miguel ya no quería que Ámbar fuera otra mas que Marianela y ella sentía lo mismo:”Él” no podía ser otro mas que Luis Miguel.
Alguna vez “Él” le habló de sus miedos y ella los creyó exagerados, hasta ridículos. Ahora frente a un hombre que padece día a día la presión de ser quien es, aquellos temores se le volvían lógicos, sumamente comprensibles.
Una tarde, mientras Marianela hacia su recorrida habitual por los viñedos y él la observaba con inocultable admiración, ella se atrevió a tocar el tema.
“Yo vivo en secuestro permanente”. Dijo el cantante respondiendo a la pregunta de la enóloga sobre sus miedos. Ella lo miró alarmada. Es que cualquiera al escucharlo se imaginaría la peor de las situaciones. Un ser humano privado de todas sus libertades, atado a una vida malograda, triste, infeliz. Sin embargo aquello distaba mucho de su realidad.
Cuando hablaba de “secuestro”no se refería a una falta de libertad (aunque en cierto modo la padeciera), sino a un permanente resguardo, un cuidado extremo hacia su persona que lo protegía de todo y a la vez lo alejaba de todo y de todos.
Pero así era su vida, así había aprendido a sobrevivir y aunque estaba acostumbrado y no conocía otra forma de existencia, en algún lugar de su mente vivía la nostalgia de lo que podría haber sido caminar solo, sin temor a mezclarse ente la gente. Vagar sin rumbo, sin itinerarios.
Era como un sueño recurrente regresar algún día a los momentos de su infancia, cuando no era mas que un niño feliz, libre, ilusionado que se divertía sin tiempos, ni reglas, ni presiones de ningún tipo. Ahora dependía de lo que su agobiante rutina determinaba y no podía movilizarse sin que sus guaruras le aseguraran primero que todo estaba en orden, que no existía peligro alguno. A veces se sentía como un exótico ave preso en una jaula de lujo,
un raro espécimen aislado para que nadie lo toque, un alma sentenciada custodiada por un gigante moreno, que duerme con un ojo abierto tirado en la alfombra a los pies de su cama.
¡Claro que sabía lo que era vivir en el miedo!. Por consiguiente, ese paraíso y esos instantes junto a Marianela le parecían la mejor compensación que su vida pudiera recibir.
Aquellas “escapadas” se volvían una bocanada de aire imprescindible que lo rescataban de su mundo raro y le recordaban que mas allá de sus éxitos, la fama y sus lujos seguía siendo un hombre, tan común y mortal como cualquier otro.
Porque muchos (algunos muy cercanos) se empeñaban en que lo olvidara y solo ponían ante sus ojos las beldades de su vida de Artista, pretendiendo tapar con eso todo lo demás. Pero él, aunque en más de una ocasión caía vencido en aquella trampa, siempre encontraba algo nuevo, simple y auténtico a que aferrarse, para que no lo devorara el ambicioso y brutal monstruo de su carrera.
¡Extraña dualidad la de la vida! Lo mejor y lo peor navegan siempre juntos en un mismo barco, valiente es aquel que decide abordarlo.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“A cada bendición le sigue una maldición.”
Capitulo 10
La mañana del cuarto día Luis Miguel despertó con una rara sensación. Al llegar a la sala, ya listo para el desayuno, le extrañó no encontrar a la enóloga. Ella se levantaba temprano y a él le apenaba mucho que siempre tuviera que esperarlo porque estaba acostumbrado a despertarse tarde.
María lo recibió con una bandeja llena de panecillos recién horneados.
_ ¿Y cómo amaneció el caballero?_ dijo la mujer esbozando una gran sonrisa. Tenía todo el aspecto de las mujeres criadas en el campo con la alegría y la amabilidad a flor de piel.
_ Muy bien María, muchas gracias. ¿Marianela no ha despertado aún?_ preguntó mientras le robaba un panecillo a la bandeja que la cocinera depositaba sobre la mesa.
_ Si, se levanto bien temprano, pero no quiso quedarse. Andaba medio rara la niña._ dijo la mujer con un marcado acento. Luis Miguel la miro preocupado.
_ ¿Se sentía mal?, ¿estaba enferma? _
_No, no creo._ Maria negaba tanto con su cabeza como con sus manos._ Andaba como ida, como con la cabeza en otra parte._
_Bueno, tal vez tenga algún problema en la bodega._ La mujer se rió de ese pensamiento.
_ ¡No, na’que ver!. Pa’mi que esta enamorada._ La expresión le hizo gracia al cantante pero también llamo su atención por lo que sentándose en uno de los suntuosos sillones invitó a la cocinera a que le dijera mas sobre el asunto.
_ La Javierita, mi hija, se pone igual de tonta cada vez que se le aparece el Ismael, el hijo de Don Eusebio, el que trabaja en la Bodega._ La mujer hablaba como si Luis Miguel conociera a todos los trabajadores de la Viña, pero lejos de sacarla de su error el cantante asentía esperando escuchar mas._ Viera lo boba que se queda pensando en ese bueno para nada, así igual que la Marianela esta mañana._
_ Aja! _ dijo él buscando saber más._ Y… ¿ya otras veces se había puesto así?, Marianela digo._
_ ¡Pucha oh! ¡Claro que no!, si es la primera vez que yo la veo tan alborotada_ Luis Miguel no pudo evitar que una enorme sonrisa cruzara su cara.
_ ¿Sabe dónde pudo haber ido?_ preguntó ya queriendo encontrarla.
_ ¿La Marianela?, A lo mejor se fue para la playa. La Javierita siempre se va para allá cuando esta así de perdida. A confesarse con las olas, digo yo, o a sacarse la tontera con el aire frío del mar._
Sin perder tiempo Luis Miguel ordenó a su guardaespaldas que averiguaran como llegar hasta la playa. Aún sin la seguridad de que ella estuviera allí decidió que valdría la pena el paseo. Después de tantos meses de gira ya extrañaba el mar, y su fuerza y su aroma comenzaban a hacerle mucha falta. A los pocos minutos ya estaban en camino rumbo a Pichilemu la playa más cercana.
Sintió el frío de la espuma deshaciéndose en sus pies desnudos. Caminar por la playa le abría la mente y aquella sensación de libertad que las olas le brindaban, apaciguaba un poco el virtual encierro que por esos días sufría su corazón.
La confusión era enorme. No podía dejar de pensar en Luis Miguel y tampoco podía dejar de sentir que en una vuelta de la vida había tenido la suerte de volver a saber de “él”.
Imaginaba mil formas de preguntárselo. En su cabeza daban vueltas cientos de artilugios que le servirían sin duda para averiguar la verdad, pero… ¿quería realmente saber la verdad?
De pronto contempló la posibilidad de que todo se tratara de una enorme casualidad y que en verdad todo hubiese sido producto de su imaginación y entonces el mundo se le venía encima y se sentía morir con tan solo pensarlo.
Porque era obvio que así como existía la posibilidad de que Luis Miguel fuera “Él”, también cabía la posibilidad de que no lo fuera. De que “él” fuera otra persona, alguien que no tenía ni sus ojos, ni su sonrisa, ni su dulzura, ni nada de lo que ya sentía había comenzado a amar en todos estos días.
No, no lo soportaría. Si el destino había decidido burlarse de ella haciéndole creer que estaba frente a la persona que tanto esperó, sin serlo en verdad, pues no se daría por enterada. Viviría feliz en la ignorancia, aferrada a lo que su corazón sentía y sin importarle nada más.
La camisola de gasa flotaba al compás de la brisa marina. Su cabello, largo, brillante como un manto de avellanas se divertía con los vaivenes del viento. Así la vio, lánguida y serena sobre la arena mojada y se estremeció al imaginarla en contacto con su piel y con su alma.
Descendió del auto y caminó solo hasta alcanzarla. Ella lo sintió llegar y el corazón se le volcó de golpe en un incesante trajinar de sus latidos. ¡Se alegro tanto de que la hubiese encontrado!
_ ¡Buenos días!_ el saludo sirvió para arrancarle la primer sonrisa.
_ Hola! ¿Cómo supiste que estaba aquí?_
_ Bueno, siempre doy con lo que me interesa._dijo él extendiéndole la mano para invitarla a caminar juntos. Ella la tomó con un poco de vergüenza. _ ¿por qué no me esperaste?_ preguntó Luis Miguel buscándole la mirada.
_ Quería estar un rato a solas, tenía mucho en que pensar_. Él soltó su mano de inmediato.
_ Discúlpame, no quise molestarte._ comenzó a caminar de regreso al auto cuando ella lo detuvo.
_ No, espera, ¡que tonta!, discúlpame tu a mi, yo… no te estaba echando, por favor ven, quédate conmigo_
_ ¿De verás?_ él retrocedió lentamente. _ No me gustaría incomodarte_
_ Ya te dije que no. Anda ven. Caminemos _
Los rayos del sol comenzaban a sentirse cada vez con más fuerza. Buscaron refugio a la sombra de unos árboles que bordeaban unos peñascos.
_ ¿Y no vas a decirme?_él se ubicó justo frente a ella para no pederse detalle de cada uno de sus gestos
_ ¿Qué cosa?_ preguntó Marianela fingiendo inocencia
_Por qué viniste aquí. Dijiste que tenias mucho en que pensar._
_ Así es_ ella buscaba la forma de que no se le notara su nerviosismo pero no obtenía buenos resultados en su intento. Él se dio cuenta y decidió dar un paso más.
_ ¿Pensabas en mi?_ le sonrió con tanta ternura y picardía que ella no fue capaz de sostenerle la mirada.
_ ¡Que pretensioso eres!_ Luis Miguel soltó una estruendosa carcajada.
_ Solo estaba bromeando._ dijo rodeándola con su brazo. Marianela se acurrucó en ese abrazo y comenzó a soñar.
Caminaron un buen rato hasta llegar a lo alto de unos médanos. Se detuvieron maravillados por la vista que desde allí podían apreciar.
_ ¡El mar es una bendición!,¿no lo crees? No dejo jamás de admirar su imponencia._
Luis Miguel reflexionaba observando el horizonte.
_ Para mi representa la calma, la claridad, el sosiego. Suena extraño ¿verdad? Ya que el mar es todo lo contrario._
_ Yo creo que cada quien encuentra en él lo que mas necesita. Para mi es un espejo en el que se refleja toda mi vida. Muchas veces me he internado en el mar buscando escapar de la angustia o la soldad y hubo instantes en los que le pedí a Dios, no me permitiera salir de allí. Pero parece que no le caigo bien, a Dios digo, porque nunca me escucha._
_ ¡Menos mal que no te escucha! _ Marianela levantó la voz y casi estaba regañándolo. _No puedo creer que hayas pensado semejante tontería._
_ Desear morirse no es ninguna tontería. Te aseguro que he tenido muchas razones para pensar en eso a lo largo de mi vida._
_ No hables así._ dijo ella angustiada.
_ Es la verdad. He tenido la oportunidad, si se le puede llamar así, de experimentarlo todo. Porque fui victima pero también fui victimario. Porque use y me usaron, dañe y me dañaron. Créeme que amo y odio con el mismo fervor y la misma intensidad con que lo hacen los demás._ Ella se lo quedo mirando, ¿Cuán grande era la cruz que cargaba sobre sus espaldas?
_ Nada justifica la muerte._ dijo Marianela tomando su mano._ La vida es un regalo, una oportunidad que no debemos desperdiciar._
_ Lo sé y por eso sigo aquí. Porque aunque haya días en los que me pregunte, cuantas veces más deberé levantarme, también hay días en los que una mirada o una sonrisa me recuerdan que aún tengo muchos y muy hermosos sueños por cumplir._
Ella asintió feliz de escucharlo apostando por la vida. Por momentos tenía la sensación de que había en él un lado oscuro, indescifrable que lo emparentaba siempre con el dolor y la desgracia. Era tan extraña su postura ante la vida que Marianela no lograba comprender por qué en sus palabras detrás de cada agradecimiento aparecía siempre un reproche.
Tal vez se debiera a que la vida estaba ensañada con él, o él con ella, quien sabe…
Era feliz sobre un escenario, pero no lo era en su intimidad. Tenía fama y fortuna pero no tenia con quien compartirla. Dios le dio un don maravilloso, pero también le quito la posibilidad de disfrutar de su familia. A cada bendición le sigue una maldición.
Como si sufrir fuera su pan de cada día y ser feliz… aquel sueño imposible, que a pesar de todo, siempre espera poder alcanzar.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
Solitario, solitario
me grita el viento,
a donde tus negros pasos
te han de llevar.
Y yo le digo al que sopla
en las tormentas,
mañana cuando amanezca
lo he de pensar.
(Cueca chilena)
Capitulo 11
Después de cuatro días llego el momento de partir. Javier organizo para esa noche, la última, una pequeña fiesta en honor del cantante.
La idea era que se llevara como recuerdo las imágenes, los aromas, colores y sabores de esa tierra. Y para eso nada mejor que agasajarlo con una auténtica “Fiesta Huasa”
La gente del lugar, empleados de la casa y de la viña, pusieron manos a la obra comandados por Javier y Marianela.
Se organizó un asado a la parrilla en una zona aledaña al bosque de eucaliptos. Bajo los árboles apenas caído el sol, comenzaron a sentirse los primeros olorcitos de la carne y las achuras.
En uno de los laterales de la casa, el que da a la laguna, se armaron sobre el corredor largas mesas con bancos de madera que fueron decoradas por Maria y varias de las señoras que trabajan en la casona.
Marianela se ocupó de cubrir las mesas con largos manteles blancos de fino lino y crear, con flores silvestres y algunas ramas, los coloridos centros de mesa. Se dispusieron grandes velas blancas tanto en la mesa como en algunos sitios alrededor para darle calidez al ambiente. La casona, totalmente iluminada por grandes farolas de hierro se veía imponente, como una estrella en medio de la oscuridad del bosque.
Para acompañar el asado María organizó una serie de ensaladas de lechuga, repollo, porotos verdes, arvejas, tomates, y papas cocidas. Los hombres se encargaron de hacer “el picadillo” que aguantaría el hambre hasta que el asado estuviera listo. Se prepararon arrollados, tortillas con pebre, queso chanco, quesillo y aceitunas. También longanizas y unas riquísimas empanadas.
Lo que no faltaría, claro esta, eran bebidas ya que además de los mejores exponentes de la Viña se contó con la novedosa presencia de unas cuantas botellas de “Único Luis Miguel 2002” que el agasajado ofreció para el banquete.
La cosa empezó pasadas las 7 de la tarde con los primeros acordes de una guitarra perdida que algún trabajador comenzó a tocar para amenizar a los asadores.
El ambiente se llenó de risas y colores y cada quien iba aportándole a la fiesta su jolgorio y emoción. Luis Miguel, que iba de un lado a otro impaciente como niño esperando la nochebuena, se mostraba feliz y dispuesto a participar en todo. Colaboró poniendo las mesas, descorchando botellas y hasta se animó a mirar y controlar la carne asada, buscando aprender algo sobre esta práctica, bajo la mira atenta del asador.
La música fue protagonista antes, durante y después de la cena. Un grupo folclórico toco en vivo varias piezas típicas chilenas como las tonadas, polcas, val’s y cuecas. Estas últimas, siendo su danza el baile nacional de Chile, fueron las mas pedidas y ovacionadas.
El sonido de las guitarras, panderos y el acordeón se colaban en los cuerpos invitando al disfrute.
Uno de los peones (el Ismael) invitó a bailar a Javierita, la hija de Maria, una jovencita de apenas 15 años que muy pronto se convirtió en la delicia de todos por la maravillosa forma en que danzaba la cueca.
Los jóvenes, pañuelo en mano, realizaban giros y piruetas conformando una danza que simulaba el intento de conquista del huaso (hombre de campo) hacia la muchacha.
Javier, sentado a un lado de un Luis Miguel fascinado con lo que veía, trató de explicarle el sentido de este baile.
_ Imagínate a un gallo tratando de cortejar a una gallina_ aquella descripción se le hizo graciosa pero observando a la pareja Luis Miguel muy pronto comprendió a que se refería.
La pieza terminó y de inmediato comenzó a sonar otra pero los jóvenes bailarines decidieron que no serían ellos quienes la danzaran y para eso buscaron al agasajado y a la enóloga a quienes tomaron de un brazo y los lanzaron al centro de la fiesta.
Alguien puso un sombrero huaso en la cabeza de Luis Miguel y un pañuelo en su mano derecha. Marianela, que conocía bien el baile, se dejo llevar por la situación sin poner reparos. Entusiasmada con la música y bajo el efecto de alguna que otra copita, se acercó a él para animarlo.
_ ¿Me haría el honor, caballero?_ le dijo con una sonrisa tímida. Él la miro con mezcla de vergüenza y fascinación.
_ Me encantaría pero temo hacer el ridículo._ dijo acercándose a su oído. Todos empezaron entonces a animar al cantante con palmas y gritos y al pobre Luis Miguel no le quedo mas remedio que hacer lo que pudiera.
Comenzaron a moverse lentamente. Él le ofreció su brazo, imitando lo que había visto hacia apenas unos momentos, y ella comenzó a girar con gracia, muy segura de sus movimientos.
Marianela se sentía en una nube, su cuerpo flotaba seguro junto a él y moviendo el pañuelo se entregaba a los vaivenes de la danza y de su corazón.
Al principio Luis Miguel buscaba al joven que detrás de él le marcaba los pasos pero luego, la belleza con que ella se movía frente a él atrajo más su atención y guiado solo por la fuerza de sus ojos se dejo llevar por lo que Marianela, con su danza, le sugería.
En uno de los giros quedaron tan próximos que el aroma de ambos se mezclo en el aire ocasionando una explosión increíble que los conmovió hasta la locura. Ella no pudo, o no quiso, ni siquiera intento frenar la ola de sensaciones que la invadía y en un arrebato, sin pensar siquiera en quienes con asombro los miraban, se acercó hasta su boca para robarle en un segundo, un beso furtivo y voraz. La música no se detuvo pero sus corazones si y de pronto todo fue silencio y confusión.
Luis Miguel la miro sin saber que hacer, como reaccionar. Marianela tan avergonzada, al caer en la cuenta de su torpeza, se soltó para escapar corriendo hacia el otro lado de la casa.
Nadie se movió, durante algunos segundos el tiempo se detuvo en aquel lugar. Los músicos dejaron de tocar ante el estupor general y Luis Miguel, que aún permanecía impávido, reacciono de pronto y comenzó a caminar tras los pasos de Marianela.
La buscó por los corredores de la casa, lentamente pero con decisión. Tenia que hablarle, no sabia bien que iba a decirle pero no podía dejarla así, con la sensación de haber cometido un error y mucho menos de sentirse rechazada.
Es que si hubiesen estado solos él no hubiese dudado jamás en responder a ese beso.
¡Si no había pensado en otra cosa desde que la vio! Pero allí en medio de todo y de todos. La sorpresa lo sobrepasó y ahora se sentía tan culpable…
Busco en la sala, los accesos a los cuartos y hasta en la cocina, no había rastros de la enóloga. Javier también la buscaba pero Marianela no aparecía. De pronto alguien sugirió el viejo sauce ya que desde niña ese había sido siempre su sitio para refugiarse y aunque todos quisieron correr a buscarla el cantante se impuso rogándoles le permitieran ser, quien la trajera de regreso a la casa.
Nadie se opuso ya que todos intuían, había un asunto que ellos dos tenían que resolver.
Continúa PARTE 2
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“Que el hecho de no actuar
Y no abrazar lo que era nuestro
Fue el error que viviré
Para siempre…”
(Como sería, Soraya)
Capitulo 12
Alumbrados por un sol de noche Luis Miguel y su guardaespaldas se adentraban en el bosque buscando el mentado sauce según las indicaciones de José, el hombre que los guiaba. Cuando ya estaban próximos alcanzaron a escuchar los sollozos de Marianela.
El cantante indicó a los hombres que se quedaran allí y lo dejaran continuar solo.
Apenas la vio sintió una fuerza indescriptible dentro suyo, un dolor extraño, mezcla de bronca y rara emoción.
_ ¿Por qué lo hiciste?_ pregunto a unos pocos pasos de ella. Marianela casi abrazada al sauce lloraba como una criatura. Al escucharlo secó sus lágrimas y trato de adoptar una actitud solemne con muy poco resultado.
_ Yo… Lo siento, no sé que me paso…por favor discúlpame. _ Luis Miguel caminó hasta ella y la tomó por los hombros.
_ No quiero que te disculpes, quiero que me digas por qué lo hiciste, ¿por qué me besaste?_ inquirió con vehemencia. Ella comenzó a llorar otra vez.
_ No lo sé_
_ ¡Sí lo sabes!_ dijo casi en un grito y exigió._ ¡dímelo!_ Marianela solo buscaba salirse de su asedio
_Por favor no me hagas esto… No podría.._ Él la soltó y se alejó unos pasos. De pronto comprendió los sentimientos que la envolvían._
_ Acaso tu…._ ¿te enamoraste de mi? eso pretendió decir pero no pudo terminar la frase. Ella, que no podía ya con su angustia, solo atinaba a disculparse como si estuviese cometiendo el más grave de los delitos.
_Perdóname._ dijo ya sin saber porqué. Él sintió tanta ternura que no pudo más que correr a abrazarla.
_Ven aquí, no llores, no hay nada que perdonar. Fue solo un beso, un beso que yo deseaba tanto como tu, _ al escucharlo Marianela levanto la mirada y se perdió en su sonrisa. _ Tu fuiste mas valiente_ dijo él acariciando su rostro._ Yo quizás nunca me hubiese animado._
Ella sin dudarlo se aferro a su cuerpo abrazándolo con todas sus fuerzas.
_Solo hice lo que sentía, solo eso_
_Lo sé y aunque me gusto mucho que lo hicieras no sé si alegrarme o maldecirme._ Sus palabras sonaron tan duras que la enóloga abandonó de inmediato el calor de sus brazos.
_ ¿Por qué hablas así?_ dijo preocupada. Él intentó explicarle aunque tenía la certeza de que no lo entendería.
_ Mira, yo no soy bueno para ti Marianela. No para alguien como tu. _
_ ¿Qué dices?, Tu eres un hombre maravilloso y no me digas que no sé nada acerca de ti porque no me estoy basando en lo que dice ninguna revista para afirmarlo, sino en todo lo que pude ver y conocer en estos días que estuvimos juntos_
_¡Mi vida no es esto! Entiende chiquita, tú estás tan lejos de mi mundo y así debes permanecer siempre, de lo contrario…_
_ ¿De lo contrario qué?, ¿qué puede sucederme si me acerco a ti, a tu mundo?_ Luis Miguel bajó la mirada. Su voz se llenó de resignación
_ Saldrías lastimada. Siempre es así_
_ No lo creo_ Ella busco otra vez refugiarse en sus brazos pero él la apartó con suavidad.
_ Créelo._ le dijo buscando el fondo de su mirada. _ Mi vida ha sido siempre un premio y un castigo. He tenido todo lo que he querido, pero me han robado también muchos de mis sueños. Yo pago un precio ¿sabes? Un precio muy alto por ser quien soy, y ya no quiero arrastrar a nadie más…_
_ ¿Por qué no puede ser diferente ahora?_ dijo ella intentando convencerlo.
_ Nunca lo fue y nunca lo será. El destino no hace concesiones conmigo, te lo aseguro._
Él bajo la vista para perderla en las piedras que rodeaban el viejo sauce. Se estaba entregando sin luchar y eso era algo que ella no podía permitirle.
_Entonces te rindes… ¿es eso?... No te parece una actitud muy cobarde de tu parte_
Luis Miguel volvió sus ojos para mirarla con dureza. Aquellas palabras lo lastimaban en lo mas profundo de su ser.
_ ¡No soy un cobarde! _ su voz se volvió de hielo._ Necesito de mucha valentía para levantarme cada mañana y mantenerme de pie, dándole lo mejor de mí a esta vida. No, nadie puede llamarme cobarde_ Ella estiró sus brazos buscando nuevamente su calor
_ Dime, ¿qué hago?, _ las lágrimas inundaban otra vez su rostro._ ¿qué debo hacer para convencerte de que vale la pena intentarlo?_
_Hace tiempo me convencí de que mi vida no tiene retorno. Te aseguro que alejarme de ti es el acto de amor más grande que yo pueda demostrarte ahora_ Marianela no quiso escuchar, no quería su renuncia, lo quería a él a su lado y para siempre.
_ ¡No, no por favor no me digas eso! _ Luis Miguel tomó sus manos y las besó con delicada emoción.
_Tu eres una lucecita, el mas puro destello de luz que atravesó mi vida. Déjame recordarte así, para saber que alguna vez alguien fue capaz de hacerme feliz, aunque durara tan solo un instante._
Lo vio desaparecer como un fantasma en la espesura del bosque. La noche se volvió más noche a partir de aquel día y en la laguna, las lágrimas derramadas se volvieron gotas amargas que borraron para siempre toda su magia y su hermosura.
“Nadie, comprende lo que sufro yo. Canto, pues ya no puedo sollozar. Solo, temblando de ansiedad estoy. Todos, me miran y se van…”
Tuvo miedo. Mucho miedo de lastimarla y de salir lastimado también. Nunca fue capaz de enfrentarse al amor y por eso siempre eligió ser amado, adorado, idolatrado, para no verse expuesto a un sentimiento que sabía, lo volvía vulnerable.
Pero ahora era distinto porque ese amor, el que Marianela le ofrecía, se mostraba sincero, auténtico, tan verdadero como jamás conoció su corazón.
Y aunque lo halagaba el saberse querido por alguien que no buscaba nada más que su cariño, él no podía permitirse el lujo de amarla, porque no tenía forma de retribuirle con la misma pureza y simplicidad.
Además, ella significaba un peligro para él, un peligro latente que amenazaba su frágil “estabilidad” la que con mucho esfuerzo lograba mantener, apenas sostenida con los asfixiantes hilos de su soledad.
A Marianela no la contaminan los aires enrarecidos que soplan en su mundo. Ella esta libre de intereses y adulaciones. Su cariño no se vende ni sabe de especulaciones. ¿Qué derecho tenia él de ensuciarla con su complicada forma de vivir?
Escapando entre los eucaliptos sonreía con amargura, ¡maldita suerte la mía!, pensaba. Cuando por fin encontraba una razón para entender el amor, debía rechazarla.
Alguna vez se pregunto mirándose al espejo: “Y tú, ¿por qué no te mueres? Si no has hecho otra cosa mas que cometer errores, acumular fracasos y abandonar ilusiones, ¿por qué maldita razón continuas allí, sonriendo, amando, entregándote?”.
La respuesta llegó sencilla y desde el fondo de su corazón: “Mientras exista en el mundo alguien capaz de apreciar mi música, entonces seguiré aquí, vivo, haciendo lo único que puedo hacer sin temor a equivocarme: cantar. Porque he cometido muchos errores, pero cuando canto, solo cuando canto me siento redimido, porque Dios me demuestra en cada aplauso, que la vida puede ser en verdad, maravillosa.”
Si pudiera sentirse del mismo modo frente al amor de una mujer… Amar sin errores, ni obstáculos. Amar sin temor a equivocarse… Amar, simplemente.
Ahora debía partir, como siempre lo hacia. Partir lejos hacia lo seguro, refugiarse en su soledad, la que brinda sosiego en el vacío y llorar vencido su amarga condena: La de ascender solo cada peldaño de su gloria.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“Quizás soy la culpable de este destino
Y sé que hoy… no haría lo mismo
No te dejaría escapar”
(Como sería, Soraya)
Capitulo 13
La partida estaba programada para el mediodía, pero debido a los acontecimientos de la noche anterior, Luis Miguel decidió adelantarla para la mañana bien temprano.
No quería verla. Ya no se permitiría seguir lastimándola, bastante había hecho rechazándola y rechazando el cariño sincero que ella le brindaba.
Cuando todo estuvo listo el guardaespaldas se presento en la habitación del cantante para informarle.
_Cuando lo disponga partimos._
_ Esta bien, solo deja que haga un llamado mas._ el hombre comenzó a salir del cuarto cuando fue detenido por la voz de su jefe.
_ ¿Esta en la sala?_ preguntó y el hombre supo de inmediato a quien se refería.
_ No salio de su cuarto aún._ Luis Miguel agradeció con un gesto y se reservó el pensamiento: Mejor así…
Mientras disponían el equipaje dentro del automóvil, aprovechó para despedirse en silencio de aquel sitio y de todo lo que allí había vivido.
Observó sobre una de las mesas de apoyo, a un lado del sillón, cómo estaban dispuestos una botella de su vino con dos hermosas copas de cristal y unos girasoles enmarcando aquel pequeño arreglo que él mismo había preparado, con la esperanza de brindar con ella, una vez terminada la fiesta y confesarle allí mismo cuanto lo había conmovido su presencia, mientras en su mente se preguntaba al observarla, ¿dónde estuviste todo este tiempo?, ¿cómo es que mi corazón no te había encontrado antes?. O sí lo hizo…pero fue necesario verte para darme cuenta.
Ahora nada de eso tenía sentido. Las copas seguían tan vacías como su alma y los girasoles se marchitaban al mismo tiempo que sus ilusiones.
En su interior buscaba prolongar aquella despedida con la esperanza de que ella apareciera y pudiera, al menos con una mirada, decirle cuanto lo sentía. Cuanto lamentaba sus miedos, sus fracasos y su cobardía.
Pero no fue así, Marianela, que nunca dejó de llorar durante toda la larga noche, permaneció encerrada hasta mucho después de que el cantante salió del fundo.
No hubo más despedida que la de aquel leve beso sobre sus manos y las palabras que como una lanza atravesaron su costado para recluirla en el más absoluto de los desasosiegos.
Nunca sabría en verdad de quien se había enamorado, si de lo que aquellas palabras en la pantalla de su computador le sugerían o de ese extraño hombre que llego a su vida como un huracán arrasando con todas sus ilusiones, para dejarla ahora perdida en medio de la tempestad.
Sin embargo de algo estaba segura: quien haya sido aquel hombre, había recibido de ella siempre el más sincero y leal de los cariños. Nada podía reprocharle y no tenía nada de que arrepentirse.
Al día siguiente partió rumbo a Santiago. Unas merecidas vacaciones resultaron ser la mejor excusa que Javier encontró para alejarla de la viña. Ella acepto sin poner reparos porque lo que más deseaba en el mundo era olvidar y no lo lograría permaneciendo en aquel lugar.
Cada centímetro de aquella tierra estaba marcado con sus huellas, las que dejaron recorriéndola juntos en esos días que ahora le parecían infernales.
En cada rincón estaba su risa, y no había espacio de aquella laguna que no tuviera el color de su recuerdo. Grabado en el aire estaba el beso no correspondido y en su memoria hacían estragos las palabras que excusaban su rechazo.
Paso las navidades en casa de su madre a quien no le dijo una palabra de lo sucedido. Como pudo se sostuvo frente a viejos amigos que notaban de inmediato la tristeza que la acompañaba. No era odio, ni dolor, tampoco había amargura, ni resentimientos. Solo una inmensa tristeza y la incomprensible sensación de sentirse poca cosa, sin nada para ofrecerle a él, ni a su vida, ni a su mundo.
Con el paso de los días fue construyéndose una excusa y otra y otra mas para convencerse a si misma de que lo ocurrido había sido obra del destino, que todo tenia una razón de ser y que seguramente aquella decisión había sido lo mejor para ambos.
Su corazón comenzó a sumirse en un piadoso letargo y su mente se esmeró por adormecer cada palabra, cada sensación, cada una de las emociones que él trajo hasta su vida.
En un par de años, pensaba, todo estará olvidado. Él seguirá con su vida, encantando a su público con su voz, enamorando a sus fan’s, encontrando una nueva ilusión y muy pronto olvidará su nombre, la laguna y todo lo que vivieron juntos.
Yo seré feliz junto a los míos y aprenderé a refugiarme en los recuerdos, dejando que alguna pequeña lágrima atraviese mi mirada cada vez que su imagen aparezca frente a mis ojos.
Y ese sería el final de aquella historia, la que se escurrió de sus manos, quien sabe porque loco designo del destino…
“Si te perdieras, porque así lo decidieras… malgastarías tanto amor, si te perdiera”
Apenas iniciado el nuevo año, Marianela regreso a los viñedos, pero no a la laguna. En las vides, las bodegas y especialmente en la gente del lugar encontró la calma y el sosiego que necesitaba.
Se refugió en el trabajo haciendo de eso su única razón para seguir viva.
La vendimia estaba cerca y ella aprovecho ese hecho para dedicarle todas sus horas y su dedicación a cada una de las cepas.
No volvió a pisar la casa ni a recorrer la laguna. Procuraba escaparle a cualquier situación que implicara regresar a aquel lugar. Se mantuvo solo en las bodegas y recorriendo los viñedos y ya todo el mundo en la viña sabía que no debía hablarle, ni mencionarle nada que tuviera que ver con aquello.
Lo sucedido en la fiesta fue el comentario mas sonado del valle que sumía a todos en una única acción, unánime: compadecerse de la suerte de Marianela.
Y como todos la querían y respetaban era un acuerdo tácito el que se evitara siempre hablar de aquella fatídica noche en la Casona.
Pero el mundo seguía girando y en ese mundo estaba él, apareciendo sin que pudiera evitarlo en cuanto programa de televisión existiera.
Así fue que de tanto en tanto supo de su vida. Se enteró que paso el fin de año jugando en un casino de Las Vegas y que su nombre ya tenía una estrella en el Paseo de la Fama de esa ciudad. En una revista en la oficina leyó sobre sus 30 conciertos en México y por la radio se enteró de la fecha de su cumpleaños, el 19 de Abril.
“Casi al final de la vendimia…”, pensó y el pensamiento dio origen a aquella lágrima que de vez en cuando se permitía derramar, y que le sabia a nostalgia porque ella no estaría a su lado en ese día, ni él estaría presente cuando la tierra se les ofreciera convertida en vino, una vez más.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“Como sería
soñar sin sentir dudas
cómo sería respirar sin desesperación
Como sería,
jamás preguntar… quizás”
(Como sería, Soraya)
Capitulo 14
Despertó sobresaltado. Un sudor frío corriendo por su espalda le advirtió que había tenido una pesadilla. Haciendo un gran esfuerzo se incorporó en la cama tratando de no despertar a su acompañante que dormía plácidamente ajena a lo que estaba sucediendo.
Se tomo la cabeza buscando aplacar un incipiente dolor que comenzaba a aquejarlo.
Una horrible sensación de vacío lo envolvió de pronto y con desesperación empezó a recordar los pasajes de su sueño.
Se veía solo, ya mayor, de unos 70 años o mas. La belleza de su cuerpo totalmente extinguida, las arrugas y la flacidez conformaban ahora lo que alguna vez había sido la piel mas perfecta, el bronceado perpetuo.
Estaba como siempre sobre el escenario, las luces iluminándolo solo a él. No había gritos ni histeria, solo el sonido de la música y su voz, única, inalterable. De nuevo los aplausos y la familiar sensación de haberlo logrado una vez mas. Levantaba sus manos orgulloso pero con dificultad. Ya no era un niño que jugaba a ser estrella, ni un jovencito que soñaba con ser grande, ni siquiera un hombre que soñaba con ser feliz.
Su cuerpo ya no le respondía como antes. Avanzó unos pasos y en un mal cálculo tropezó con un reborde del escenario. En cámara lenta comenzó a caer. Su humanidad se desplomaba frente a la mirada impávida de todos. La desesperación se apoderaba de él y con lágrimas en los ojos pedía a gritos que lo ayudaran. Nadie respondía. Las caras, algunas muy conocidas, solo aplaudían y vivaban su caída.
Estaba solo, absolutamente solo representando el último acto de su vida.
No faltaron las palmas, ni la música, ni el vacío, ni la soledad.
No pudo quejarse. Su muerte resultó tan familiar y confortable, como lo fue su vida toda.
Lo que siguió, luego de abandonar La Laguna, fue un continuo ir y venir de reproches, regaños y acusaciones. Se maldijo por su actitud, siempre tan falta de compromiso. Se odió por su manera de escaparle a los sentimientos, propios y ajenos y se despreció ferozmente por no saber enfrentarse al amor.
Si dedico su vida a cantarle. Si se entrego al amor en cuerpo y alma y cada historia que vivió representó para él una nueva forma de rendirle tributo.
¿Por qué no podía conservar entonces, aunque fuera por una vez, algo de toda esa magia?.
¿Por qué siempre se le negaba?.
Será que el amor no anida entre tanta soledad…
Construyo su mundo para su propia y única satisfacción creyendo que de ese modo podría trasmitir su gozo a todos los demás, pero no previno que iniciaba una interminable cruzada de caminos solitarios, donde no existiría espacio para nada que pudiera entorpecer su destino.
Ahora tenía el mundo a sus pies. Su nombre se alzaba gigante, imponente en las cumbres mas altas pero el vacío se volvía hielo a su alrededor y la extraña convicción de haber dejado todo por un puñado de logros martirizaban, sin pena, el paso inexorable de sus años.
Al igual que Marianela le dedico todas sus fuerzas y energía al trabajo. Pasadas las navidades se refugió en la preparación de la nueva etapa de su gira y no dejo un segundo de su día sin ocupar para evitar así que su mente la recordara.
Cuando su cuerpo le exigía un descanso entonces se aturdía con frívolas salidas nocturnas que solo le proporcionaban, entre banales charlas, una catarata de estridente música y risas, que apenas le servían para olvidar el camino de regreso hasta su coche.
Estaba irascible, abrumado, confundido; sentía pena de si mismo y lo enfurecía hasta la más mínima de las contrariedades. Así acababa discutiendo a gritos con sus músicos, sus guardaespaldas o su representante; sino protagonizaba alguna patética riña, casi cayéndole a golpes a algún elegante parroquiano, pasado de copas, que osaba recordarle que no era más que un triste bufón, en la corte de algún Rey inventado.
Cada tanto recibía el llamado de Aurelio Montes que lo ponía al corriente de las novedades sobre la venta de su vino y la salida al mercado del “Gran Reserva Único” lo que ya era un hecho que llenaba de satisfacción al cantante. En medio de cada charla el enólogo dejaba escapar algún que otro comentario acerca de la viña La Laguna, con la esperanza de que su flamante socio lo inquiriera al respecto, pero Luis Miguel solo se limitaba a asentir cada uno de sus comentarios y a pasar sin remilgos al siguiente tema.
Se moría por saber de ella. Su corazón palpitaba con mas fuerza cada vez que se hacia mención de cualquier cosa que tuviera que ver con Marianela, pero se sentía tan culpable que no era capaz de revertir aquella situación y prefería que todo decayera en el olvido.
Al fin de cuentas, así se lo tenia bien aprendido desde que tuvo que darle la espalda al amor por primera vez.
En más de una ocasión estuvo tentado de escribirle, enviarle un mensaje. No a Marianela, sino a Ámbar, aunque ya nadie le quitaba de la cabeza que las dos eran la misma persona.
Pensó que tal vez, con astucia lograría que ella confesara su verdadera identidad y así podrían volver a conversar como antes, ahora con la certeza de que aquellas palabras tenían por ojos el color del cielo que cubría la laguna y por sonrisa la cálida emoción que Marianela siempre le transmitía.
“Hicimos todo al revés…” pensaba, porque la gente primero se conoce, se ve, se gusta y luego aprende a descubrirse, a valorarse a sentirse y a enamorarse. En cambio ellos transitaron el camino del amor a contramano, encontrándose sus almas primero, en las frías letras de un computador (¡Vaya sitio para el encuentro de dos almas!) para reconocerse después en las miradas, los gestos y hasta en un beso. ¿Podría considerarse aquello una equivocación?
Bien podría el destino reconocer, en aquel “error”, la enorme virtud de haberse amado primero en la pureza de sus corazones antes que en la vehemencia de sus miradas y otorgarles bondadosamente, una segunda oportunidad.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
Mi vida no es un lecho de rosas, pero aquí estoy...
Capitulo 15
La vendimia, recolección de la uva en la viña para hacer vino, debe realizarse en el momento en que todos los componentes de la uva se encuentren en equilibrio, para obtener así una buena vinificación.
En Chile, la vendimia se extiende desde febrero hasta abril, dependiendo de la localidad.
Para determinar el momento justo del corte, el enólogo y el equipo de agrónomos realizan un seguimiento riguroso de la maduración de las parcelas de la viña, para así determinar el momento óptimo en que ha de comenzar la vendimia en cada una de ellas. Se revisa, el aspecto del racimo, el color, la consistencia del grano, la facilidad con que se desprende y hasta se degusta el grano para saber qué sabores le aportará al vino.
En estas labores se encontraba Marianela, la enóloga de la viña La Laguna.
Además de todos estos requerimientos técnicos, la vendimia para Marianela, necesitaba de un ingrediente más.
Después de su primer intento en Chile, aquella vendimia que no le dio los resultados que esperaba y que la llevo a refugiarse en su computador y así conocer a su misterioso amigo, después de aquella vez Marianela aprendió a no depender exclusivamente de los asuntos técnicos para determinar el éxito de la cosecha. Descubrió que había mucho de magia en ese proceso y obtuvo más y mejores resultados cada vez que se dejó guiar por los latidos de su corazón.
Claro que la parte técnica no se descuidaba pero una vez realizados todos los controles, por esos días cada vez más exhaustivos, todos en la viña La Laguna, esperaban el instante mágico en que la enóloga vaticinaba que la vendimia les regalaría un nuevo triunfo.
¿Presentimiento, intuición, milagro?. No había un nombre para definir lo que Marianela sentía, del mismo modo, tampoco Luis Miguel podía definir lo que le aseguraba que eso que tenía en sus manos (una canción, un disco, un vino…) sería un nuevo y perdurable éxito.
Ellos tenían mucho en común, y esta cualidad, la de dejarse guiar por el corazón, era quizás la que mas compartían y estando juntos lo habían descubierto.
Ahora en la distancia, Marianela imaginaba que toda esa magia que los había reunido desaparecería, que el alejamiento borraría todas las palabras que se habían dicho, los poemas que se habían dedicado con cada confesión, con cada puerta de sus almas que entreabrieron, temerosos pero confiados, el uno hacia el otro.
Hay quienes dicen que el tiempo todo lo cura, todo lo olvida, todo lo desaparece, sin embargo, cada segundo transcurrido no hacia más que acrecentar los recuerdos y echar raíces, cada vez mas profundas, en los sueños de quienes siempre supieron, se habían encontrado.
El tiempo, la distancia, pueden ser enemigos del amor, pero también aliados, depende de lo que le permitamos sembrar en nuestros corazones. Si nos entregamos al dolor y la amargura, llorando por lo que nunca llego a ser, entonces el tiempo nos dará la espalda y hará que crezcan vigorosas las ramas del rencor, obstruyendo toda posibilidad de volver a creer en el amor. En cambio, si nos aliamos al tiempo, buscando aprender de él, encontrando en la distancia esa mirada objetiva que la cercanía no nos permitía, quizás podamos descubrir facetas de ese amor que jamás sospechamos y será en esa distancia donde aprendamos a comprender los errores del otro, disfrutar sus aciertos, entender su vida, su mundo, sus sueños, los miedos, el dolor, la soledad…
Porque la distancia es el camino más directo hacia la proximidad y el tiempo un sabio maestro, que nos enseña a aguardar con deliciosa paciencia, el inevitable regreso.
Pero Marianela no podía esperar, no sabía como hacerlo y solo quería del tiempo una cosa: que la ayudara a olvidar. En las vides buscaba consuelo, y en el vino el color de su resignación.
El espíritu de cada botella guarda la conjunción que existe entre el clima, la tierra, la mano del hombre, la vinificación, experiencia, técnica y el arte del enólogo, ya que
cada instante de este proceso de creación es llevado a cabo por estos verdaderos artistas y el éxito del resultado final dependerá de su experiencia, conocimientos, percepción (esa cuota de magia) y de su buena suerte también.
Y hablando de suerte, Marianela no se sentía demasiado beneficiada en ese aspecto.
El clima se mostraba bastante inestable, habían tenido algún que otro problema en varias parcelas y a eso se le sumaba su falta de concentración debido a que no podía dejar de pensar en Luis Miguel.
Si bien se preocupaba de poner toda su atención en el trabajo y hacia un gran esfuerzo por no distraerse, lo cierto es que su mente se resistía a olvidarlo y siempre aparecía algún detalle que le recordaba el paso del amor por su vida.
Recorriendo los viñedos podía sentir su presencia en todas partes. El verde de las hojas le recordaba el color de sus ojos y en el aterciopelado azulnegro de las bayas le parecía encontrar toda la fuerza de su voluntad. Cada racimo se extendía a través de sus pensamientos, cual liana vigorosa trepando en la espaldera sin la mano del hombre para detenerla, irreverente y voraz, demostrándole una y mil veces que se había enamorado, sin tiempo y sin remedio, del hombre menos pensado, el menos elegido, el más inadecuado.
Aquellos días de ensueño que supieron transitar regados por la magia de la laguna se volvían ahora su tormento. No podría, aunque quisiera, quitarlos de su mente, ni regresar a ellos porque el destino, malvado mensajero de la desdicha, los confería sin miramientos al más cruel de los olvidos.
Solo quedaban para Marianela las lágrimas que de sus ojos no dejaban de brotar, vertiendo a cada paso todo su amor y su tristeza en los senderos indemnes de los viñedos.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“No importa lo que hicieron de ti, importa lo que tú hagas con lo que hicieron de ti”
Capitulo 16
La mañana del 19 de Abril despertó tranquilo. Gracias a Dios no tuvo ningún extraño sueño la noche anterior lo que a esas alturas consideró una bendición, ya que había pasado las últimas semanas teniendo toda clase de pesadillas.
Soñaba con su vejez, con retirarse, con gente fallecida, con su familia y claro con Marianela y la laguna.
Decidió que pasaría ese día en su casa de Acapulco. Estaba previsto que algunos amigos, muy cercanos, lo visitaran por la noche por lo que contaba con todo ese largo día para hacer lo que se le diera la gana. ¡Imagínense! Un día, un solo día para hacer lo que quisiera. Ya había comenzado a creer que no volvería a darse un lujo semejante.
Desayunó en la sala con el murmullo de los empleados haciendo el aseo como única compañía. Luego reviso algunos papeles referentes a su trabajo, hizo algunos llamados y recibió otros, entre ellos el de su hermano Alejandro para desearle feliz cumpleaños.
Alejandro es el hermano del medio de una familia que nunca llego a conformarse como tal. Es también el que tuvo que luchar contra, además de los conflictos de pareja de sus padres, la fama y popularidad de su hermano mayor que lo dejaba siempre a la sombra de quien se encumbraba frente a todos como una gran estrella.
Tuvo años de plena admiración, donde acompañar a su hermano era lo único que le provocaba satisfacción y otros de absoluto rechazo en los que sintió que aquel vínculo era lo peor que podía pasarle en la vida. Llegó a creer que su hermano lo odiaba y tenían toda clase de enfrentamientos en especial porque Luis Miguel pretendía asumir, como hermano mayor, el control de todas sus acciones. El cantante se mostraba autoritario e intransigente lo que coartaba toda posibilidad de dialogo entre los hermanos provocando en ocasiones serios alejamientos que llevaron a Alejandro a transitar caminos equivocados.
Como todo adolescente se refugio en su rebeldía para llamar la atención de quien, luego de la muerte y desaparición de sus padres, paso a ser la única familia que le quedaba y sus locuras, lejos de acercarlo a Luis Miguel, le traían como consecuencia un oleaje irrefrenable de furia y castigo por parte de su poco tolerante hermano mayor.
Pero también esta Sergio, el más pequeño de los tres y el más castigado, quizás.
Perdió a sus papás cuando era muy pequeñito y desde entonces comenzó un largo viaje de destinos inciertos pergeñados por Luis Miguel que pretendía alejarlo a toda costa de su vida pública y preservar así, la única parte saludable que quedaba de su malograda familia.
Lo condenó al exilio en países extranjeros bajo la tutela de otras personas y lejos de todos sus lazos de sangre. El niño creció sano y bien educado pero con un vacío enorme que lo sumió siempre en la desesperación por no poder disfrutar de sus seres queridos y escapando como un fugitivo para preservar su anonimato, la única forma de vida que le enseñaron debía sostener y conservar a toda costa.
A pesar de todo, Luis Miguel siempre sintió que hizo lo correcto con ellos ya que debió asumir, sin pedirlo, una gran responsabilidad. Fue madre, padre y hermano mayor al mismo tiempo y se ocupó de ellos del mejor modo que pudo, luchando contra quienes pretendían arrebatárselos y buscando darles un futuro mejor, al menos muy diferente al que él estaba experimentando.
Con los años Alejandro se fue asentando en su carácter y hoy día es un muchacho trabajador, que ha aprendido a convivir con la fama de su hermano y esta sobrellevando con entereza el vínculo que lo une al artista más grande de México.
En cuanto a Sergio, su adolescencia le confiere a veces, los mismos arrebatos que sufriera Alejandro, buscando alejarse de todo lo que tiene que ver con el mundo de los famosos y queriendo para él todo lo contrario de lo que su hermano mayor le ofrece. Pero su vida recién comienza y seguramente el destino logrará allanar su camino para que el futuro lo encuentre en plena comunicación con lo que queda de su familia.
Son tres vidas atravesadas por la tragedia y el dolor que solo podrían encontrar consuelo en el afecto y la comprensión mutua. Porque aceptarse es reconocerse y perdonarse, aunque perdón sea la palabra más difícil de pronunciar, es la única manera de encontrarse.
Es posible que para Sergio y Alejandro, su hermano mayor represente una mezcla insoslayable de orgullo y decepción.
Pero para Luis Miguel sus niños, como suele llamarlos, son y siempre serán su mayor orgullo y la única razón de su alma y su corazón, para sentirse en comunión con Dios.
Almorzó en la terraza de la casa. Algunas ensaladas y una porción de pollo grillé conformaron su menú. La vista del mar a lo lejos le trajo recuerdos de aquella mañana en la playa de Pichilemu junto a Marianela y no pudo evitar extrañarla una vez más.
Estaba recordando, con aquellas imágenes en su pensamiento, cuando uno de sus empleados lo interrumpió. Un pesado paquete acababa de llegar con remitente de Chile lo que le llamó poderosamente la atención.
Era una caja de vinos que Javier le enviaba como obsequio de cumpleaños. De inmediato supo que se trataba de la nueva variedad de La Laguna, aquel vino blanco que probaron con Marianela en la bodega de la viña. Con curiosidad abrió la caja y al extraer la botella se llevo la sorpresa más grande de su vida.
En la etiqueta, donde figura el nombre del vino, rezaba: “Ámbar, La Laguna, 2003”
Las imágenes inundaron de inmediato su cabeza y un zumbido le aprisionó la mente desatando una vertiginosa carrera de sus pensamientos.
Ya no estaba dispuesto a creer en las casualidades. Esto era demasiado y debía confirmar sus sospechas cuanto antes. Con urgencia marco el número de Javier Amaro Sanches.
_ ¡De nada hombre! Me alegro que te haya gustado_ era la respuesta de Javier a los saludos y agradecimientos que Luis Miguel utilizo como excusa para su llamado. Una vez sorteados los mismos el cantante arremetió con un exhaustivo interrogatorio.
_ ¡Y que bonito nombre! ¿Cómo se les ocurrió?_ dijo intentando sonar casual. Javier lanzó una carcajada
_La verdad es que ya nos estábamos dando por vencidos cuando sucedió el milagro_
_ ¿A qué te refieres?_
_Verás, en la cena de fin de año, aquí en la Viña, Marianela recordó una vieja historia que contaba su abuelita. Tu sabes que estas tierras eran trabajadas por los aborígenes que vivían en las primeras misiones que fundaron los jesuitas_ Luis Miguel absorto de solo escuchar acerca de la intervención de Marianela en todo el asunto casi se queda mudo y sin saber que responder.
_Si, claro. _ alcanzó a decir. Javier continuó sin percatarse de su estupor.
_Bueno, parece que en este mismo lugar, mas precisamente en la laguna, ocurrió una tragedia que se convirtió en leyenda. Una indiecita se ahogó cuando intentaban alejarla de su enamorado y a partir de entonces se dice que la laguna se transformó en un lugar mágico o algo así. Lo cierto es que la indiecita se llamaba Ámbar y con ese nombre se denominaba a la laguna en aquellos tiempos. La cuestión es que en aquella cena y escuchando esa historia estaba el gerente de la viña y dos días después nos enteramos que “Ámbar” seria el tan buscado nombre para el nuevo vino_ Luis Miguel a estas alturas ya rebozaba de felicidad. Entonces lo que tanto había sospechado se volvía ahora una dulce realidad y Marianela con esta acción estaba enviándole aquella señal que tanto esperó. Ya podía descansar. Ámbar y Marianela eran la misma persona, siempre lo habían sido, y de esta forma ella se lo estaba confirmando.
_ Entonces fue idea de Marianela_ dijo casi sin poder disimular su alegría.
_ Bueno, si y no. Ella contó la historia pero la verdad es que cuando supo que usarían ese nombre se opuso totalmente y hasta fue a hablar con el gerente para que lo cambiara pero ya era demasiado tarde. A mi me gusta el nombre, no sé porque Marianela se puso así_
Aquellas palabras lo devolvieron de cabeza a su amarga realidad. ¡Que poco duró su dicha! Otra vez la incertidumbre rondando su mente. Tenía que descubrir la verdad.
_ ¿Y cómo esta ella?_ preguntó buscando saber algo mas.
_ ¿Marianela? La verdad es que la veo muy poco últimamente. Esta ocupadísima, ya se acaba la vendimia y se la pasa en los viñedos trabajando_
_ La vendimia…._ dijo Luis Miguel con nostalgia de aquellos días en el paraíso._que bonita época, como me gustaría estar allí para verla._ Y Javier, sin saberlo le regalo una nueva lucecita de esperanza.
_ Bueno, aún estás a tiempo, solo tienes que decidirte. Las puertas de la Laguna están siempre abiertas para ti_
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“Y para ser mas franca nadie piensa en ti, como lo hago yo…Aunque te de lo mismo”
(Inevitable, Shakira)
Capitulo 17
22 de Abril. Un caluroso atardecer en la Viña. El sol se negaba a abandonar su puesto y pegaba con fuerza sobre los viñedos. En los senderos que recorrían las parcelas, un surco, bien delimitado, determinaba el paso incesante de la enóloga.
Controlaba por enésima vez los granos, los tomaba, los olía, los degustaba. Todo parecía estar a punto pero algo faltaba. Algo en su corazón, un signo, una señal.
¿Por qué no podía estar segura?. Técnicamente tendrían un excelente vino, pero Marianela quería sentir en su interior esa mágica sensación que le decía que la vendimia había sido un regalo del cielo y que el vino obtenido de ella estaría bendecido por Dios.
Pero por más que se esforzaba no lograba sentir absolutamente nada.
Eso la enfurecía, porque estaba segura que él y solo él era el culpable de su estado. Desde que apareció en su vida, para modificarlo todo, su mente se había convertido en un templo de adoración por aquel hombre a quien le dedicaba todos y cada unos de sus pensamientos.
Ya no existía nada que no tuviera relación con él y todo lo que la rodeaba se lo recordaba sin descanso.
Se maldijo por eso. No podía entender como el amor enloquecía de ese modo a las personas y las volvía tan vulnerables, tan inútiles.
Recorrió la última parcela con desazón. Nada ocurría, ningún estremecimiento interior, ninguna señal.
Regresaba vencida cuando María, casi corriendo, llegaba a su encuentro.
_ Óigame, ¿dónde estaba metida?_ le dijo la mujer con la respiración entrecortada.
_ ¿Qué pasa Maria?: A Marianela le preocupó el apuro de la cocinera, temió que algo malo estuviera ocurriendo y ella tan concentrada en sus penas de amor no se hubiese dado cuenta de nada.
_ La están esperando, allí en La casona._
_ Sabes muy bien que no quiero regresar a ese lugar, dile a quien sea que me vea en la bodega._
_ Mire no sea terca y venga conmigo para la casa, que estoy segura que la visita le va a quitar esa cara de medio muerta que trae._
_ ¡Maria no! ¡Maria!._ La mujer no le dejo decir una palabra más y casi arrastrándola se la llevo para la casona. Atravesaron los viñedos, pasaron por delante de la laguna y llegaron por fin hasta la casa de huéspedes.
Marianela observó todo con melancolía. Llevaba meses sin visitar ese lugar y por un momento le pareció que algo allí había cambiado. La casa se veía extraña, como de un tono grisáceo, las flores no resplandecían en su color como ella las recordaba. Todo parecía estar mustio, adormecido igual que su corazón.
Cuando entraron en la sala lo vio. Él sonreía y ella sintió una punzada en su estómago.
Ya lo sabe, pensó, y ha venido a reclamarme.
A pesar de sus esfuerzos por evitar que Ámbar fuera el nombre elegido para el nuevo vino, nada había logrado ante la fascinación que aquella vieja historia había despertado en el gerente de la Viña. ¿Por qué tuve que abrir la boca?, se preguntaba. Nunca pensó que las palabras de su abuela la meterían en tantos problemas. Primero al elegir ese nombre como Nick al conectarse en su computador para conversar con “él”. Ahora al sugerirlo, sin saberlo, como nombre para el nuevo vino, lo que la ponía en total evidencia frente a Luis Miguel.
Por un momento deseo escapar, salir corriendo pero la forma en que el la recorría con la mirada la tenia petrificada, totalmente imposibilitada de hacer o sentir ninguna otra cosa que no fuera, amarlo.
La cocinera desapareció de pronto y ambos quedaron solos, mirándose profundamente.
_ ¿Qué haces aquí?_ dijo Marianela intentando disimular. Sus ojos no podían sostenerle la mirada. Él le ofreció su mejor sonrisa.
_ El sol se quedo en tu piel_ dijo observándola. Ella nerviosa le dio la espalda.
_Es que paso mucho tiempo en los viñedos_ fue la mejor excusa que encontró y la única manera de no mostrarse halagada. Luis Miguel avanzó unos pasos hasta quedar justo detrás de ella.
_ Te ves hermosa_ susurró en su oído. Ella dio un respingo y se ubicó del otro lado de la sala.
_ ¿A que has venido?_ inquirió con aire casual, como si no lo hubiera adivinado ya.
_ Javier me contó que estaban terminando la vendimia y no quise perderme ese gran acontecimiento. Sabes que trato de aprender todo acerca de los vinos._
_ Puedes recurrir a Aurelio para eso._dijo ella en tono solemne.
_ Si y no creas que no me lo ha ofrecido pero es que…se disfruta mas con una mujer hermosa de por medio._ la frase salio de su boca cual verso de una canción, se esmeraba por halagarla, pero Marianela no estaba dispuesta a seguirle el juego.
_Entiendo- dijo caminando hacia la salida._ Bueno, si necesitas algo me lo haces saber. Ahora debo irme, estoy muy ocupada._ atravesó la puerta sin decir mas. Luis Miguel se desesperó ante la posibilidad de volver a perderla y casi corrió tras ella, llamándola.
_ ¡Marianela!_ Ella se detuvo en medio del inmenso prado que rodea la casa.
_ Si dime._ exclamó segura. Él se acercó todo lo que pudo porque necesitaba impregnarse de su aroma y descubrir las mismas sensaciones que lo habían acompañado mientras estuvo lejos.
_ ¿Me extrañaste?_ preguntó sin reparos y agregó. _porque yo sí, mucho._ Ella lo miró con sorpresa, ¿Sería posible que no lo supiera aún? La tenía allí frente a sus ojos y en vez de gritarle a los cuatro vientos: ¡Ya lo sé!; ¡Sé que eres Ámbar!, él solo se dedicaba a seducirla y lo más terrible era que ella deseaba con todas sus fuerzas caer rendida a sus pies.
_ ¿Por qué haces esto?_ le dijo enfatizando sus palabras_ ¿Qué es lo que buscas?_
_ Solo quiero estar contigo._ Suplicó Luis Miguel. Ella se mantuvo firme aunque no pudo evitar una incipiente lágrima rodando por su mejilla.
_ ¿Para qué?, fuiste tu quien decidió lo contrario, ¿ya lo olvidaste?_
_ No claro que no, pero ahora es diferente._
_Ya lo creo, me humillaste y heriste mi corazón, las cosas son muy diferentes._ Giró sobre sus pies para comenzar a alejarse cuando él la detuvo aprisionando su brazo.
_ No fue mi intención pero es que…_ Marianela se soltó para enfrentarlo
_ ¿Qué?, ¡Por Dios dime de una vez que fue lo que paso para que me rechazaras así!_
Su voz resonó en medio del paisaje. Estaban frente al gran espejo de agua con un grupo de majestuosos cisnes como únicos testigos de su encuentro. Luis Miguel bajó la cabeza para decir las palabras que desnudaban su sentir.
_Tuve miedo, tan simple como eso. Sentí mucho miedo de no merecerte._ Marianela se desarmó y todas las fuerzas que empleaba para resistirse se convirtieron en amor, el mas inmenso amor. El cantante tomo su mano y la acerco hasta tenerla tan próxima que no hacia falta mas que un susurro para decirle lo que sentía.
_La gente se figura que lo tengo todo, que mi vida es de cuento y que las personas que estén a mi lado serán siempre afortunadas y eso no es tan así. He tenido que alejar de mi vida a mis seres queridos, mi sangre y no lo he hecho por malo o por egoísta. Pero es que este es un camino muy difícil que es mejor recorrer solo._ Ella correspondió a su gesto y comenzó a acariciar su rostro con dulzura.
_Pero eso no es justo para ti._ le dijo procurando un consuelo. Él apenas sonrió resignado
_ La vida no es justa, Marianela._ paso un brazo por sobre sus hombros para abrazarla con ternura. Ella se dejo querer, más que por complacerlo, porque lo necesitaba.
_ ¿Por qué me dices todo esto?_ preguntó en voz baja para no romper el encanto de aquel abrazo. Luis Miguel le respondió del mismo modo.
_ Porque tu has sabido escucharme y porque en este sitio y a tu lado, encontré la paz._
Así, sumidos en la ternura de sus cuerpos entrelazados y con el sonido de la brisa, apenas interrumpido por el graznido solitario de algún ave, se sintieron, amaron y comprendieron el uno al otro. El siguiente dialogo así lo demuestra
_Si te has visto obligado a alejarte de las personas que forman parte de tu vida, sin duda ha sido para cuidarlos. Estoy segura que cada acción, aunque haya sido equivocada, tuvo siempre un único propósito: protegerlos _ dijo Marianela conmovida.
Él se tomo la frente en un gesto de amargo dolor.
_ Protegerlos de este monstruo en el que me he convertido._
_ Hasta el más terrible de los monstruos tiene un corazón: Tú aún puedes rescatar el tuyo._
_ Mi corazón esta cansado. No he tenido suerte en el amor y aunque me ilusiono con cada nueva historia creyendo que por fin encontraré la felicidad, lo cierto es que el destino siempre se las ingenia para darme la espalda, convirtiendo todo en un nuevo fracaso.
Sé que es mi culpa, porque siempre he privilegiado mi trabajo poniéndolo por delante de mi vida personal, pero también es cierto que nunca llegó a mi vida la persona que me hiciera sentir que había llegado el momento de hacer lo contrario. Y ahora tú, te apareces y me llenas de ilusiones y me confundes también._ Marianela no comprendió esas últimas palabras.
_ ¿Por qué dices eso? Yo siempre te dije lo que sentía._
_Pero no me dijiste quien eras en verdad…_
Entonces sí lo sabía. Luis Miguel sabía que ella era Ámbar y ella ya podía asegurar que estaba frente a “él”
Marianela no necesito de más para entender que su pálpito siempre fue correcto, y allí estaba él confirmándoselo. Su alma se lleno de felicidad primero y de incertidumbre después. ¿Qué debía hacer? Ya no se sentía Ámbar y ya no sentía a Luis Miguel como su misterioso amigo. Todo había cambiado, ya casi no recordaba las charlas que sostenían cuando eran solo dos nombres extraños escondidos tras un teclado y soñando con aromas y sabores nuevos. La laguna, aquellos días juntos, sus miradas, aquel beso, la distancia, todo había contribuido para terminar con aquel recuerdo y convertir toda esa espera en una nueva ilusión que nada tenia que ver con lo vivido anteriormente. Ahora estaban frente a frente, seguros de la verdad que habían estado buscando y confirmaban que ya no les importaba.
_ Soy lo que ves ahora…. Lo que has conocido aquí, en este lugar_ dijo ella convencida y tratando de convencerlo. Él la miro y comprendió.
Luis Miguel recorrió caminos difíciles, solitarios, algunos felices, otros amargos, pero nunca regreso a una misma senda. Cada camino recorrido quedó en el pasado de su vida y ante sus ojos solo se permitió la esperanza de un nuevo reto, de una nueva ilusión: un nuevo camino por recorrer.
_ Tal vez debería presentarme formalmente._ dijo clavándole la mirada._ Creo que no lo hice la primera vez que nos vimos._ tomó su mano para besarla levemente._ Luis Miguel Gallego Basteri, es un placer._
Marianela recordó la noche de la Gala del vino. Nunca dijo su nombre al presentarse. Con una tierna sonrisa y una caída de ojos ella correspondió a su saludo.
_ El placer es mío._ Ahora era ella quien callaba sabiendo que no hacia falta decir su nombre. _ Sabes… me recuerdas a alguien._ agregó divertida. Él abrió grandes sus ojos en expresión de sorpresa
_ ¿Un amigo?_ preguntó fingiendo un aire casual.
_ Más que amigo…Alguien muy especial para mi._
_ ¿Qué tenía de especial?_ Luis Miguel se sumaba a su juego
_ Él sabía soñar y lo mejor de todo… le gustaba compartir sus sueños conmigo._
_ ¿Por qué hablas en pasado?, ¿Qué pasó con él?_
_ No lo sé, ya no volví a saber de él…simplemente, se fue_
_ ¿Y crees que yo pueda reemplazarlo?_
Marianela pensó un momento y de pronto tuvo la certeza de que debía dejar que todos sus recuerdos fueran por fin y para siempre solo eso: recuerdos. Bellos momentos que atesoraría en su mente pero de los que ya no quería volver a saber jamás. Una nueva historia estaba naciendo y allí frente a frente dos nuevos seres se estaban conociendo. Marianela y Luis Miguel. Y ya no había lugar para nadie más.
_ No_ dijo con un dejo de nostalgia._ porque los recuerdos son irreemplazables y no te quiero en mi pasado, sino en mi presente._
_ En el pasado nos conocimos_ dijo él y hasta su mente llegaron los recuerdos de aquellas charlas en el computador.
_ Pero será en el presente donde aprendamos a descubrirnos y a comprender que no en vano nuestras vidas se cruzaron._ Marianela se acurrucó en su pecho y pudo sentir como latía con fuerza su corazón.
_ Es el destino_ dijo Luis Miguel acariciando sus cabellos_ Estaba escrito_ sentenció.
Ella buscó el fondo de sus ojos para corregirlo.
_ No, ahora es cuando comenzamos a escribirlo._
Luis Miguel se acercó dichoso para corresponder por fin a aquel beso furtivo y ya lejano, convirtiéndolo ahora en un apasionado y fogoso encuentro de sus bocas.
Allí estaba lo que había venido a buscar. La mujer que conoció gracias a la magia de aquel sitio, la que le mostró un mundo de sueños y emociones sumergidos en las aguas de la laguna, la que construyó un sendero nuevo para transitar entre los viñedos vigorosos de su vida. Ámbar ya era solo un recuerdo, Marianela… su nueva realidad.
Abrazados en medio del paisaje que los enamoró, solo mediaba entre ellos la fuerza de sus almas que estrenaban juntas un nuevo sentimiento. Luis Miguel levantó la vista y la perdió en el horizonte. Embriagado en la inmensa sensación de plenitud que sentía en su corazón, de repente sus ojos divisaron a lo lejos algo que le pareció una imagen divina.
_ No sé si es el amor o que, pero la laguna se ve mas brillante que nunca_
Marianela se deshizo de su abrazo para observar el hermoso espejo de agua que destellaba con una luz especial, como lejanos destellos color ámbar sobre su superficie.
Entonces lo supo.
Con inmensa emoción supo que la señal que tanto había esperando en los viñedos, por fin se le revelaba en la laguna y en la magia de aquel inmenso amor que podía percibir en cada latido de su corazón.
_ ¡La leyenda era cierta!, ¡Será un vino maravilloso!_ expresó Marianela con el rostro iluminado por la dicha.
Tomados de la mano partieron de inmediato hacia los viñedos, para vivir y disfrutar con alegría, de un nuevo y glorioso nacimiento.
*“Porque los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga una vez y muchas veces a parirse a sí mismos.”
Y ellos estaban naciendo nuevamente en este amor y junto con ellos la tierra también paría, una vez más, en el fragor de la vendimia.
* Cita de “El amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“Y cada día que pasa es uno mas, parecido a ayer, no encuentro forma alguna de olvidarte porque…”
(Inevitable, Shakira)
Capitulo 18
La vendimia sería un éxito. Lo decía la laguna y el inmenso amor que Marianela sentía en su corazón. Los últimos días de la cosecha fueron los mejores, los mas soñados. Luis Miguel y Marianela se mezclaban entre los trabajadores y compartían con ellos cada instante de aquella fiesta. Con sus manos recogían los últimos racimos, entre risas y besos probaban los granos degustando y soñando con la magia de un nuevo nacimiento.
La tierra los recompensaba con el color de sus frutos y la laguna les agradecía con su frescura y su belleza el haber creído en ella y haberle brindado a sus orillas ese amor que resplandecía en sus corazones.
Si el mundo se detuviera en ese instante y todo terminara allí, frente a sus ojos, a ellos no les importaría. Morirían sabiendo que se habían encontrado y que fueron capaces de anidar en sus almas la fuerza de un cariño que los volvía mejores personas, mas auténticos seres humanos.
Fueron unos pocos días, pero los mas intensos de sus vidas. Vivían un amor limpio, libre de toda especulación, sano, entero, que no conocía límites, ni fronteras.
Se querían con los ojos, el alma, el corazón y con sus cuerpos que se estrenaban a la locura de danzar juntos en la fuerza de sus deseos.
En el rojo de un atardecer se perdieron solos con la complicidad del sol y de la luna también, que apenas llegada, no dudo en sumarse a la magia del romance.
En un rincón de la bodega se ocultaron, acallando las risas y los incipientes gemidos que apenas nacidos morían intensos en el fragor de sus manos.
Él la tomo con ansias, aprisionando sus muslos sintiéndola mas y cada vez mas cerca de su vientre. Ella lo dejo hacer, deseando que aquel intento por desnudarla no terminara jamás.
Se deshicieron de todo lo que pudiera entorpecer aquella necesidad imperiosa de sentirse, cuerpo con cuerpo desnudos y entregados el uno al otro.
Unos pocos racimos descansaban en una cubeta, parecían mirarlos envidiosos de toda la magia que emanaban en esa lucha incesante y voraz. Él los descubrió mientras la besaba con toda la pasión de sus anhelos y pensó, en un loco instante pensó, que si el vino los había unido en la verdad de sus palabras y en la certeza de ese amor que estaban sintiendo no podía entonces estar ausente en la pasión que ahora los envolvía.
Tomo las bayas y estrujándolas con sus manos las derramo intensas sobre el pecho ardiente y desnudo. Marianela estallo en deseo y solo pudo gemir ansiosa de sentir en su cuerpo la fuerza de la tierra deshaciéndose ante el contacto.
Él la beso con ansias, cada tramo embebido en el liquido brillante que se esparcía por su piel de seda. Aquella forma de sentirse uno parte del otro y los dos parte de aquel sitio que los vio enamorarse era el mejor tributo que pudieran rendirle a la vida.
Se amaron como el Sol ama la Luna en la penumbra de un eclipse, se amaron como la tierra ama las vides en la fuerza de su naturaleza. Se amaron simples, eternos. Se amaron sin leyes ni condiciones, porque el amor no tiene ley; los amantes escriben sus propias leyes para amar. Y en la fuerza de ese encuentro nació la confianza, la convicción plena de que siempre existe una nueva oportunidad.
_ Es tan poco lo que puedo darte_ dijo Luis Miguel mientras aspiraba los aromas que el cuerpo desnudo de Marianela desprendía. _ No tengo tiempo, ni espacios, a veces creo que ya he perdido hasta la libertad._Ella se incorporó para enfrentarlo.
_ Lo que tu mes des nunca será poco, ¿porqué imaginas que necesitaré mas?_
_ De mí siempre se espera demasiado. Es lo que todo el mundo…_ Ella apoyo una mano sobre su boca evitando que continuara hablando.
_ Yo no soy todo el mundo_ le dijo mientras reemplazaba la mano por un beso tierno.
_Lo que sé de ti lo aprendí en este lugar y de tus labios. En ti encontré ternura, generosidad, valentía y mucha soledad. Te aseguro que me sentiré más que satisfecha si puedes darme la oportunidad de acompañarte y derrotar de algún modo todo ese vacío que existe a tu alrededor._
_ ¿Tan solo eso quieres?_ Luis Miguel preguntó mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
_ Estar a tu lado es lo que quiero, no importa el modo, ni el tiempo, ni la distancia; solo estar cerca de ti en el sitio que tu dispongas en tu vida, para mi._ Él la abrazo con inmensa ternura y le susurró al oído.
_ Creo que guardo un rincón en mi corazón que espera por alguien especial. Esta sin estrenar te lo advierto. Tendrás que empezar desde cero._ Ella soltó una pequeña risita.
_ Se nota que hace tiempo no lo visitas. Ese sitio ya lo ocupé, querido._
_ ¿Sin pedirme permiso?_ dijo él fingiendo sorpresa. Ella sonrió y le guiño un ojo.
_ Siempre supe que estarías de acuerdo._
Apenas unos días después se estaban despidiendo. Luis Miguel debía viajar a Santiago a atender unos asuntos de papeles referidos a sus negocios con Aurelio Montes. Las nuevas variedades de su vino “Único” estaban listas para salir al mercado y requerían de su aprobación.
El enólogo pensó en llevárselos a Los Angeles pero Luis Miguel insistió en ser él quien fuera por esos contratos a Chile, quería una excusa más para ver a Marianela y que nadie sospechara de sus verdaderas razones.
Serían apenas unas pocas horas las que pasara en la capital, al día siguiente estaría de regreso. No querían desprenderse el uno del otro, no todavía. Sabían que irremediablemente sus vidas acabarían alejándolos pero eso no les preocupaba. Siempre podrían regresar para amarse una vez más.
El vuelo fue corto pero difícil. El tiempo no era bueno pero como apenas se demorarían unos minutos decidieron arriesgarse. Al bajar del avión Luis Miguel se arrepintió mil veces de esa decisión.
Ya en la Capital Chilena comenzó a sentir los primeros síntomas de su agonía.
La extrañaba, la anhelaba con locura, con desesperación. Su piel se la reclamaba a gritos y su mente no sabia pensar en otra cosa que no fuera Marianela.
Siempre era así, él no sabía querer de otro modo. Cuando amaba lo hacia con total entrega, y jamás se arrepentía de lo que estaba dando.
Firmó los papeles casi sin mirarlos, no podía prestar atención a nada pero no se preocupó porque confiaba en su gente y especialmente en Aurelio.
Intentó desligarse de todo compromiso pero su enólogo le había organizado una cena en su honor y no fue capaz de rechazarlo.
En una hermosa Casa de una zona residencial de Santiago se realizó el agasajo que contó con la presencia de varias personalidades ilustres del mundo vitivinícola, algunos extranjeros, recién llegados y muy curiosos de conocer al afamado cantante.
Haciendo gala de sus mejores modales trato de sostener su atención en todas las conversaciones que le proponían, fue caballero con los hombres y galante con las mujeres tal y como siempre se esperaba que lo fuera.
Promediando la noche se sintieron los primeros atisbos de lo que sería una gran tormenta.
Los relámpagos anticipaban el fin de la velada ya que las mesas habían sido dispuestas en la imponente terraza de la residencia.
Se alegró enormemente por esto y con gran alivio se retiró rumbo al Hotel que le habían reservado para pasar la noche.
A pesar de la lectura, los discos y la televisión no pudo pegar un ojo y lejos de sentirse cansado lo único que quería era regresar a la laguna para disfrutar junto a Marianela de las pocas horas que le quedaban antes de regresar a su rutina.
De pronto, como un rayo, cruzo por su mente la súbita idea de no saber como resolver el futuro de esa historia. Usualmente no tenía que pensar al respecto. Cada relación amorosa desde que comenzaba, incluso antes de que se concretara, ya tenía determinado su final.
Era como adquirir un bonito envase de algún costoso elixir pero con fecha de caducidad. Eso, de alguna extraña manera, lo hacía sentir cómodo, casi aliviado.
Pero ahora, por primera vez en mucho tiempo sentía la necesidad de cuestionárselo. Cada ser humano tiene su propio infierno en la tierra, ese infierno es el amor; a la pareja, a los hijos, a la familia. Él siempre lo supo y por eso trató de escaparle, para no sentirse atrapado en el infierno de ese sentimiento. Ahora y por primera vez en su vida iba a permitirse experimentarlo.
Él no podía determinar para ella una vida itinerante a su lado, no podía proponerle lo que a todas: viajes, lujos, fama y placer, a Marianela eso no le interesaba y sabía de antemano que nada en el mundo la alejaría de Chile, de sus viñedos y su laguna.
Se hizo cientos de preguntas y nunca, en medio de tanta confusión, logró vislumbrar la respuesta. ¿Pero como podría él, un tipo tan detallista, que todo lo programa y lo organiza y que nada deja librado al azar comprender que la solución estaba en simplemente dejarse llevar, vivir cada instante de aquella historia de amor, sabiendo que nada malo cabría en lo que el futuro pudiera depararles?.
Porque cuando el amor llega así, tan certero y preciso directo al blanco de nuestro corazón, entonces todo se vuelve sencillo y tan natural que nada hay que prever ni pensar. Solo es cuestión de sentir y disfrutar al máximo de ese sentimiento.
Pero su testarudo temperamento lo obligaba a pensarlo todo una y mil veces mas.
Así se imaginó, ya en sus sueños, liberándose de todo lo que lo atormentaba, dejando atrás sus miedos y amarguras. Enterrando por fin su trágico pasado y deshaciéndose de tanto lambiscón, tanta adulación y de toda la mediocridad que a menudo lo rodeaba.
Se soñó seguro de sí mismo, reconciliado con sus afectos y envejeciendo junto a ella. Arrullados por la brisa de la laguna y con la belleza de los viñedos como marco a su felicidad. Una inmensa sensación de paz lo invadió por completo.
Una vida tranquila, segura.
Un amor feliz, convencido.
El cariño de los suyos, cercano, sincero,
y la certeza de haber transitado un camino sinuoso, pero auténtico.
Eso era todo lo que deseaba… ¿Estaría pidiendo demasiado?.
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional
No es que crea, no creo, si inclinado
sobre mis manos te sentí divino
y me embriagué; comprendo que este vino
no es para mí, más juego y rueda el dado...
“Tú que nunca serás” Alfonsina Storni
Capitulo 19
*“El techo de nubes se hace mas bajo, y pareciera que solo basta levantar una mano para alcanzarlo. El viento se detiene, y solo una brisa leve, húmeda, acaricia la cara.
De pronto, el silencio se hace total por un instante, el negro cielo se transforma en una llamarada blanca, y una enorme explosión, aterradora, nos hace vibrar todo el cuerpo: la onda de aire la sentimos en nuestra cara, penetra nuestros pulmones y nuestro cuerpo se tambalea, casi cayendo hacia atrás; tenemos que arrodillarnos para conservar el control. Hay tormenta en la montaña.”*
Los párrafos del artículo que había estado leyendo, de una vieja revista que encontró en la suite del Hotel, conformaban ahora las imágenes de su pesadilla. Con espasmódicos movimientos se enredaba dormido en las sábanas de su cama.
*“Las tormentas de montaña normalmente no van acompañadas de vientos huracanados. Son estallidos aislados, batallas épicas, relámpagos, que ocurren ahí mismo, sin que haya ventarrones que trasladen sus furias a otros entornos. Eso hace que la tormenta se convierta en íntima: somos nosotros y la montaña, ella con su furia y nosotros con nuestra templanza. Es como si la hubieran construido para nosotros, solo para nosotros. El aire se torna pesado, a veces es difícil respirar. El cielo, negro y surcado de hilos plateados, adquiere consistencia gelatinosa y movediza: es como si en cualquier momento nos cayera encima y nos aplastara… Una tormenta en la montaña es una sensación única. Cada una equivale a un orgasmo, hace estallar los sentidos.”*
Despertó alertado por los golpes en la puerta. Estaba sudado y apenas podía darse cuenta de lo sucedido. Se incorporó y abrió casi sin fuerzas. Del otro lado la imagen de su guardaespaldas lo sobresaltó. El hombre con el ceño fruncido le alcanzaba un teléfono móvil que Luis Miguel tomó de inmediato. La voz de Javier del otro lado sonaba lejana y alterada.
_ Disculpa que te despierte. Yo no sabía que hacer pero hable con Aurelio y él me dijo que lo mejor era informarte cuanto antes._
_ ¿Qué pasa, Javier?, no entiendo nada._
_ ¡La tormenta aquí es fuertísima , como nunca antes creo yo!_ Luis Miguel ya un poco mas recuperado logro oír el chillido feroz de la lluvia sobre la ventana de su cuarto.
_ Si, aquí también se siente._
_ ¡Es como un diluvio!, ya derrumbo la parte vieja de la bodega , ¡Dios mío espero que pare pronto de lo contrario no podremos salir a buscarla!._
_ ¿Buscar a quien?,_ la confusión era cada vez mayor. Luis Miguel se sentó en la cama tratando de despertar su cuerpo.
_Tu no te preocupes, ella conoce muy bien la zona, seguro encontró refugio._
_ ¿Hablas de Marianela?,_ comenzaba a darse cuenta de la gravedad del asunto y se angustió.
_ Seguro esta bien, no te alarmes. Ya ha sucedido otras veces y siempre salio bien librada, claro que nunca con una tormenta así, ¡Esto es un diluvio!,_ repetía Javier con la voz entrecortada. _¡Un diluvio!._ Luis Miguel comenzó a caminar alrededor de la cama, sentía un feo estremecimiento en todo su cuerpo, por un momento pensó que se desvanecería.
_ ¡Javier por Dios ¿Qué le paso a Marianela?, ¿dónde esta ella?!_ dijo casi en un grito.
Se escuchó un grave silencio del otro lado de la línea hasta que el joven comenzó a decir
_ La última vez que la vieron cruzaba la laguna en un bote, nadie sabe si toco tierra antes que se desatara la tormenta._
En la suite del Hotel se reunieron, Aurelio, Luis Miguel, su guardaespaldas y un grupo de hombres de su seguridad. Se hicieron varios llamados esperando conseguir un helicóptero que los llevara en el menor tiempo posible al Valle de Colchagua.
La tormenta había cedido aunque no el mal tiempo. Pasaron unas cuantas horas hasta que obtuvieron los permisos y la autorización para despegar.
Al momento de partir Aurelio decidió quedarse, Aún no se reponía de la tragedia en la que perdiera a su esposa (*) hacia poco mas de un año y aquella situación lo sobrepasaba por completo.
Viajaron sorteando la lluvia que aún no se detenía y llegaron al Valle cuando aún no amanecía. El panorama era desolador, parte de la bodega, la más antigua se había derrumbado por completo, unas pequeñas cabañas que estaban en la entrada de la viña habían desaparecido y ahora eran solo escombros. Los viñedos estaban totalmente deshechos como si una enorme mano ensañada los hubiese arrancado de raíz.
La laguna estaba desbordada y varios árboles yacían tirados a sus orillas. Hasta la casona había sufrido daños, muchas ventanas tenían sus vidrios rotos y uno de los sectores del servicio estaba parcialmente inundado.
En la sala principal de la Casona estaban Javier y varios trabajadores de la Viña, también Maria y su hija que no dejaban de llorar preocupadas por la suerte de Marianela.
Personal de carabineros y de una cuadrilla de bomberos también se encontraban presentes, acudieron ante el llamado que denunciaba la desaparición de una mujer.
Apenas tocaron tierra corrieron hacia la entrada de la casa. Luis Miguel ingresó primero a paso vivo con las ropas mojadas por la lluvia y su corazón latiendo desesperadamente.
_ ¡¿Ya la encontraron?!_ el rostro desencajado del cantante se enfrentaba directamente a los ojos húmedos de Javier que lo miraba sin saber que decir. El jefe de bomberos ante el estupor del director de la Viña decidió ponerse al frente de la situación.
_ No pudimos retomar la búsqueda. La lluvia se intensifico otra vez y el viento aumenta su velocidad a cada minuto. Así no podremos rastrearla._ Luis Miguel observó al hombre y lo encaró de frente.
_ Pero debe haber algún modo, ¿que hace falta?,_ preguntó dirigiéndose a Javier, _ dime, lo que sea lo conseguiré._ Javier intentó decir algo pero el hombre a cargo se le adelantó.
_Tenemos lo necesario pero debemos esperar._ Luis Miguel estalló entonces sin poder controlar su desesperación
_¡¿Esperar?! ¿Esperar qué? ¿Que esa maldita laguna se trague a Marianela?, No podemos perder más tiempo._ volteó y señalando con el dedo índice a su guardaespaldas ordenó.
._ ¡Llama a Santiago!, dile a Aurelio que hable con quien sea pero que traiga de inmediato toda la gente y el equipo necesario._ El bombero suavizó el tono de su voz procurando calmar los ánimos.
_ No tiene sentido, para cuando lleguen la lluvia se detendrá y ya estaremos nosotros haciendo el trabajo. Lo que hay que hacer es esperar._ Luis Miguel lleno de furia se abalanzó sobre él y tomándolo por las solapas comenzó a destilar toda su arrogancia.
_ ¡¿Tu sabes quien soy yo?!¡Tu no vas a decirme lo que debo hacer!, ¡Quiero a todo el mundo metido en esa laguna buscando a Marianela y lo quiero ya!._ el guardaespaldas intervino de inmediato y sosteniendo al cantante por la cintura lo jaló con fuerza buscando alejarlo. Javier trató de tranquilizar al bombero y en pocas palabras le explico, casi susurrando, quien era el hombre que tenia frente a él y porque estaba tan alterado. Cuando todos parecían estar tranquilos el bombero enfrento al cantante con vehemencia
_ Lo siento, no voy a arriesgar a mi gente de un modo tan imprudente. Usted no sabe nada de esto, ni siquiera conoce la zona, lo mejor es que se mantenga al margen._
Aquellas palabras lo enloquecieron todavía mas y queriendo soltarse de los brazos de su guardaespaldas, que aún lo sostenía, Luis Miguel comenzó a gritar.
_¡Maldito imbécil!,¡Tengo el dinero suficiente para dar vueltas este lugar hasta encontrarla, puedo comprar todo lo que hay aquí y hacerlo desaparecer si se me pega la gana, ¿Lo entiendes?!,_ sus ojos furiosos amenazaban._¡Hasta puedo pagar para que te maten ahora mismo si no te callas la maldita boca!_ Todos enmudecieron ante la rabia de un hombre que solo demostraba en sus palabras el inmenso dolor que oprimía su corazón.
Entonces Javier, ya con lágrimas cubriendo su rostro alcanzó a decir…
_Tu dinero podrá hacer todo eso, pero no parará la lluvia, ni traerá de regreso a Marianela._
Ante la contundencia de esas palabras Luis Miguel se desarmó. Casi corriendo salio a las galerías y una ráfaga de viento helado lo cubrió enfriando las lágrimas que ya recorrían su rostro y el vacío que se instalaba en su destrozado corazón.
¡Dios no podía castigarlo tanto!, Cuando apenas comenzaba a sentir que la vida lo recompensaba entonces todo se volvía otra vez dolor, aún mas amargo y punzante dolor.
No podían arrancársela de sus brazos de un modo tan cruel y despiadado. De pronto se vio a si mismo llorando noches enteras la ausencia de su madre y comparó aquel dolor con el que ahora lo atravesaba. Otra vez la angustia de no saber, de nunca saber si algún día volvería a verla. No podía pasar por eso una vez más. No sería capaz nuevamente de sobrellevar tanta incertidumbre.
Sin pena se entregó a la ferocidad de su llanto que empapado de lluvia y resentimiento se derramaba inútil a orillas de la laguna.
Ya sin luz en su horizonte, ya sin destellos la veía ,oscura y triste llorando también su desgracia y aquella magia que alguna vez la envolvió se convertía ahora en el mas cruel de los embrujos, aniquilando cada sueño que supo albergar en sus aguas.
Con su cuerpo temblando de frío se alejó rumbo al viejo sauce, aquel que le enseñó un amor que en principio no supo valorar y que ahora se convertía en el tesoro más grande de su alma.
La lluvia cedía por momentos y el viento parecía apiadarse de su desesperación.
Los zapatos, que alguna vez brillaron lustrosos sobre un escenario, se hundían ahora en el barro mientras casi se arrastraba buscando mitigar tanto dolor.
Su guardaespaldas, fiel, atento, lo seguía pero sin intervenir en aquella escena que imaginó sumamente necesaria, imprescindible para ese hombre que sufría solo, sin el más mínimo consuelo.
A los pies del viejo árbol se detuvo y con las pocas fuerzas que aún lo sostenían se sumió en un ruego desesperado, pidiéndole a Dios no lo obligara a perder la fe que siempre le había tenido.
Así paso el resto de la noche, buscando en su memoria cada rezo que aprendió de niño, comprendiendo cuan pequeño e insignificante se volvía su rutilante nombre ante la magnificencia de la naturaleza.
Tanta opulencia vencida por un giro del destino, tantas pretensiones deshechas en un segundo por la mano de Dios que castiga impiadoso la vanidad que esclaviza, la pereza que domina, la arrogancia que nos vuelve despiadados.
¿Cuantas veces jugamos el juego de la vida sin medir las consecuencias de nuestros actos, creyéndonos omnipotentes, intocables, olvidando que en cualquier instante podemos perderlo todo y no habrá poder, ni gloria, ni dinero alguno que pueda revertir ese destino?.
¿Cuantas veces desviamos la mirada, callamos la conciencia y seguimos adelante sin mirar atrás?.
Ningún camino se recorre solo, siempre habrá piedras, árboles, aves y los rayos del sol acompañándonos y todo eso que puede parecernos tan insignificante ante la meta que nos hemos fijado, forma parte importante de nuestra marcha. Porque todo eso es el camino.
No existe un camino hacia la felicidad: el camino, es la felicidad
Ya amanecía cuando las plegarias anidadas en su interior le devolvieron algo de la paz que creyó perdida para siempre. Algún trino lejano le enseñó a sonreír de nuevo cuando sus ojos reconocieron a lo lejos la figura exultante de Javier que agitando sus brazos le gritaba: ¡Regresó!, ¡Marianela ya regresó!. Entonces su alma se lleno de gozo y estrenando una humildad recién nacida derramó a los pies del árbol que supo contenerlo, las últimas lágrimas que le quedaban, agradeciendo con ellas cada segundo de esta nueva oportunidad que en su alma sintió, la vida le ofrecía generosa una vez más.
*Carlos Duarte: http://eldescribidor.blogspot.com
(*) El enólogo Aurelio Montes perdió a su esposa en la tragedia del Tsunami el 26 de
Diciembre de 2004
Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, de todos modos, cualquier relación con la realidad es deliberadamente intencional.
“Pero sucede también que, sin saber cómo ni cuándo, algo te eriza la piel y te rescata del naufragio”
Ismael Serrano
Capitulo 20
_ ¡Quédate unos días mas!, mejor aún, quédate para siempre conmigo._dijo él sin dejar de besarla.
_ Ojalá pudiera mi vida pero debo regresar a la viña, me necesitan allí._
_ Sabes, yo no estoy acostumbrado a esto, te necesito a mi lado todo el tiempo._
_ Yo estoy contigo todo el tiempo. Estoy en tu mente y en tu corazón como tu lo estás en mi._
_ Pero es que la distancia_ dijo Luis Miguel agravando el tono de su voz._me asusta_
Marianela se acurrucó en su pecho y le hablo con convicción.
_ Tu y yo vivimos en mundos muy diferentes pero eso no significa que no podamos encontrarnos. De hecho lo hicimos y mas de una vez. Solo debemos ser pacientes y confiar en que de a poco hallaremos el modo de que la distancia no nos aleje, ni sea un obstáculo, sino todo lo contrario. Cada segundo lejos será un motivo más para fortalecer nuestro amor._ Luis Miguel reflexionó entonces
_ ¿Será que lo nuestro es cuestión de tiempo?, ¿Será que la vida es quien decidirá?_
_ La vida ya decidió que tu yo nos encontráramos y que juntos descubriéramos este sentimiento, ahora de nuestra cuenta queda, hallar la manera de sostenerlo para que perdure._
_ Un amor perdurable…_ se dijo a si mismo._ ese es el sueño que nunca logro conquistar_ Marianela acaricio la perfecta armonía de su rostro.
_ Los sueños no se conquistan, se viven._
Aquel dialogo que mantenían en la suite de algún lujoso Hotel era el preludio de su despedida. En los últimos meses, luego de aquel episodio en la viña, casi no se habían despegado. Esta era la primera vez que Marianela viajaba a reunirse con él, el resto del tiempo había sido Luis Miguel, quien aprovechaba cada momento libre en sus ocupaciones para refugiarse en La Laguna junto a ella. Aquel sitio era ahora su morada, su lugar en el mundo y no porque le gustara o pensara adquirirlo, sino porque allí había encontrado el amor y sabía que allí echaría raíces, junto a ella, algún día.
La noche que casi se sintió morir creyéndola perdida para siempre entendió que algo debía cambiar en su vida. Siempre acepto las reglas del juego imaginando que existía solo un modo de llevar adelante su forma de vivir. Se entregó a los dictámenes de su destino y hubo momentos en los que se sintió resignado a su suerte. Pero ahora comprendía que muchos de los errores cometidos a lo largo de su existencia habían sido producto de esa resignación.
Y como una revelación, aquella horrible noche, cuando la vio aparecer empapada y cubierta de lodo, con los ojitos cansados pero la sonrisa intacta, después de haber pasado la noche refugiada en algún recoveco de la montaña esperando que la lluvia cediera para poder regresar, allí supo que no todo en su vida era entregarse, que alguna vez él también podía ser parte de alguien y recibir todo ese amor, sencillo, sincero, que tantas veces se le había negado.
Pero le hacía falta convencerse, ¿de qué?; quizás de que es posible una vida en la que su carrera y su privacidad convivan sin enfrentamientos. Convencerse de que no es necesario renunciar a una para sostener a la otra. Estar seguro de que puede ser tan bueno y tan exitoso en su vida personal como lo es en su vida profesional. Y eso es lo que él sentía, Marianela le estaba enseñando.
Ahora la veía partir y el corazón aprisionado en su pecho comenzaba a hacerle notar los síntomas de su angustia. La extrañaría, sí, se volvería loco anhelándola tanto en su cama como en sus pensamientos. Se sentiría morir añorando sus palabras, las risas y hasta los regaños, pero de algún modo, de algún extraño modo, todo aquello le daría fuerzas para esperarla.
Así como ella lo esperó, sin saberlo, mientras duró la ausencia de sus palabras. Se conocieron en un mundo diferente, como si sus almas errantes lograran hallarse en un espacio irreal, después de haber vagado, quien sabe cuantas vidas hasta encontrarse; y de pronto un manojo de letras en la pantalla de un computador se convierten en el lazo que abraza todas las emociones que nunca, jamás imaginaron sentir.
Lo raro de esta forma de comunicación es que se habla mucho de “nada” y casi nunca se dice “algo”, pero lo cierto es que, toda esa “nada” puede llegar a significar mas para uno, que muchos de los “algos” que hallamos dicho en toda nuestra vida.
Escribiendo el final de esta historia me pregunto si acaso ellos serán capaces de lograrlo.
Si podrán ser felices y encontrarse para siempre y de pronto al no hallar mas respuesta que lo que mi fantasía me sugiere entiendo, que los finales felices de cualquier historia no dependen del amor, ni de Dios, ni del destino; dependen solo de la fuerza interior con la que sus protagonistas se enfrentan a la vida y deciden desafiarla.
Cada segundo que somos capaces de torcer ese destino impuesto, enfrentándonos a nuestros miedos y revelándonos ante lo que ya esta escrito estamos atravesando a pasos agigantados el camino de nuestra felicidad.
Para Marianela al desafío de crecer en su profesión y reconstruir, después de los estragos de la tormenta, lo que para ella siempre será su lugar en el mundo, se le suma ahora la importancia de ser parte de la vida de un hombre que tiene mucho para dar y más para recibir, pero que tal vez no sabe como hacer ni lo uno, ni lo otro.
Se dice que venimos a este mundo con una misión y que dependerá de nosotros el que podamos llevarla a cabo con éxito, estoy segura que Marianela nunca imaginó verse sumida de pronto en los vaivenes de una historia tan apasionante como complicada, pero nunca dudó, ni por un segundo dudó, que pondría todo de sí misma para enfrentarla.
De ella podríamos decir que es una mujer que ha aprendido a luchar, a hacerle frente a la vida y a la adversidad. Este personaje contiene una gran dulzura, un auténtico amor por sus raíces y esta llena de grandes valores que podrían convertirla en la mujer ideal para Luis Miguel.
Pero Marianela Moris, la enóloga, es solo un personaje de ficción, en cambio Luis Miguel es un ser humano auténtico que le canta a un amor que aún no ha encontrado y que vive esperanzado y a la búsqueda de ese sentimiento.
Una vez alguien, un admirador anónimo, lo describió más o menos así:
“Por sus actos se intuye una persona, relativamente tímida, aunque esto no resta para encontrar un encantador, educado y simpático caballero.
Por su manera de trabajar, supongo que es un ser inquieto, preocupado por las nuevas tecnologías, interesado en el progreso de la humanidad.
Por cómo se relaciona con sus músicos y compañeros, le veo muy amigo de sus amigos, fiel y leal a la elección de sus compañías.
Es un hombre intrépido, arriesgado, dulce, un poco nostálgico, quizás; pero muy cariñoso.
Cuidadoso de su privacidad, es muy firme en este sentido, nunca vendió su intimidad, ni ofrece entrevista alguna que pueda alterar sus relaciones personales.
Además es un hombre muy guapo y muy bien formado. Pero esto último solo es un detallito.”
Esta descripción me pareció muy acertada, aunque yo le agregaría algún que otro aspecto que este benévolo admirador obvió mencionar. Diría que Luis Miguel es un hombre que ha sufrido y ha aprendido a convivir con ese sufrimiento. Temeroso al punto de preferir alejarse definitivamente de algo o alguien por miedo a lastimar o salir lastimado. Se me hace justo decir también que su fuerza de voluntad es sin duda su gran virtud, la que lo ha levantado siempre de sus caídas y la que lo mantiene firme en el lugar en el que está. Pero también creo que lleva sobre sus hombros una gran carga que su temperamento difícil y su invencible terquedad le hacen mas pesada cada día.
Será por eso que encontrarlo de pronto abocado a actividades como la creación de un vino no deba resultarnos nada extraña. Todo intento por llenar su vida de nuevos aires, nuevas ilusiones y alegrías serán para él siempre necesarios, para sobrellevar un camino que puede volverse, en cualquier momento, sumamente intransitable.
“Único, Luis Miguel 2002” fue el primero, seguramente vendrán otros vinos y con ellos nuevos sabores y mas secretos serán descubiertos cada vez que tengamos la oportunidad de verterlos en una copa.
Cada vino, al igual que cada canción, serán el reflejo de la historia de un hombre que solo pretende mostrarse al mundo a través de su obra.
De un modo sutil, inteligente, podremos apreciar, quienes se tomen el trabajo de hacerlo, toda la excelencia y la calidad que encierran los proyectos de este artista inconmensurable.
En cuanto al amor… es posible que se necesiten de muchas nuevas historias que pretendan reflejar, aún mas intensamente, la búsqueda de ese sentimiento en la vida de Luis Miguel; pero todas ellas no serán mas que una expresión de deseo, de quienes queremos para él y para su vida, nada mas, ni nada menos, que una auténtica y perdurable felicidad.
Es inútil escaparle al amor, no tiene sentido ignorarlo o pretender suplantarlo con ocupaciones, proyectos o ambiciones. El amor siempre nos encuentra y nos vuelve dichosamente vulnerables ante su presencia.
Amar es un don. Compartir el amor, una obligación irrenunciable.
Fin…
Jezabell Suad, 2007

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