"Te
gustaba llamarme "Mi Rey", cuando recorría tu fresca y
deliciosa llanura... Solías, en cada encuentro, elevarme hacia la
tierra de los ángeles, que extasiados ante nuestro amor, tocaban las
más bellas melodías.
En nuestro reino todo era magia, la más
simple caricia, el goce más profundo. Todo irradiaba rayos de
colores.
Solía llamarte "Mi Alma", porque en el
cenit del placer, me la quitabas para fundirla con la tuya.
Cuando
la ola ardiente llegaba a su fin, nos mirábamos, exhaustos, felices,
sólo nos veíamos en el espejo del corazón siendo dueños del
silencio.
Y en ese momento, mi mano osaba tocar la perfecta
armonía de tu rostro que reía para mí.
Y si tú reías...
¡Qué dichoso reía también este pobre corazón mío!..."
Sobre Tus Alas
Emboscado en mi escritura, cantas en mi poema Rehén de tu dulce voz, petrificada en mi memoria. A. Pizarnik
jueves, marzo 11, 2021
Nuestro Reino
viernes, noviembre 01, 2019
viernes, marzo 08, 2019
Mi Ángel
....En las
últimas estrofas levanto sus brazos en alto abriéndolos de par en
par y con su cabeza hacia atrás permaneció todo el tiempo que duró
el final de ese tema.
Las
luces lo iluminaban solo a él y sobre su camisa tan blanca y
radiante note que brillaba el pequeño dije con forma de ángel que le regalé y me pareció que esa
imagen se propagaba miles de veces hasta alcanzar las dimensiones de
su cuerpo; y viéndolo así, con los brazos extendidos, entendí que
ese ángel que tanto busqué como refugio de mis frustraciones, como
la fuerza para alcanzar mis sueños, tomaba la forma del hombre que
sobre el escenario se convertía en “Mi ángel“, con las alas
desplegadas casi a punto de volar.
En medio
de esa locura, entre gritos, música, luces y delirio lo supe... No
era yo quién debía llegar a su vida para transformarla, si no él,
quién debía llegar hasta mí para que la niña temerosa que no se
atrevía a hacerle frente a sus miedos se convirtiera en la mujer
que hoy se estremece sabiéndose suya, totalmente suya y así, con la
fuerza de este amor, brindarle a él la posibilidad de encontrar un
nuevo rumbo para esta vida, tan difícil, pero tan propia que es
imposible cambiarla por otra, pero sí muy posible, empezar a vivirla
de otra manera...
Fragmento de "Sobre tus Alas" Capitulo 20
viernes, marzo 01, 2019
Milan Kundera
No comprendemos nada de la vida humana si persistimos en escamotear la primera de todas las evidencias: una realidad tal cual era, ya no es; su restitución es imposible".
miércoles, febrero 20, 2019
martes, febrero 19, 2019
lunes, febrero 18, 2019
19 de Febrero de 2019, Luna llena...
...Lo veía mirar hacia arriba y se preguntó en que estaría pensando hasta que Angie, curiosa, dirigió también su mirada al cielo y descubrió sobre él, brillante y redonda, la más hermosa de las Lunas. Tan llena como jamás la había visto en toda su existencia.
Ahora lo sabía. Él pensaba en ella, su Luna, y una pequeña lágrima le llegó como anuncio de ese amor que no dejaba de emocionarla.
Se acercó despacio y sus pies descalzos le impidieron a él escucharla. Justo cuando estaba tan cerca como para percibir su aroma, notó que le brillaba el rostro bajo la luz de la luna y supo que él también lloraba. Preso quizás del mismo amor, la misma emoción.
¿Que esconde la Luna? Capitulo 27
jueves, enero 24, 2019
Reinventándome...
Es triste poner punto final a capítulos de la vida ; pero si no lo haces , es imposible redactar mas historias.
lunes, enero 21, 2019
viernes, enero 18, 2019
martes, noviembre 06, 2018
martes, octubre 02, 2018
martes, julio 31, 2018
Ángel Rojo (acto 1)
"El vino es un ángel rojo, caído para siempre en nuestra copa"
Con la mirada fija en el horizonte andino, el hombre inhalaba con fuerza el frío aire de montaña; como si en esa bocanada se inundara su cuerpo de todos los recuerdos que atesoraba el paisaje que era hoy, su hospedaje, su morada.
Sentado sobre la piedra, apenas el cuerpo cubierto por una camisa entreabierta, las manos se frotaban furiosas implorando un calor que a él parecía no hacerle falta.
Desde hacía mucho tiempo ya, su humanidad toda se había vuelto de hielo.
No existía en su cuerpo ningún recuerdo de algún calor humano que pudiera reconfortarlo en su enorme soledad.
Vivía alejado de toda intervención humana, en los viñedos que ahora conformaban su mundo y que escribían con el jugo de sus uvas, los últimos actos de su existencia.
Abocado por completo al cuidado de sus vides, las horas significaban para él tan solo el paso entre una labor y otra. El cuidado extremo de los racimos, la atención de la tierra y el cambio del clima, eran sus únicas preocupaciones diarias; las que hacían que sus días no fueran solo extrañar, o esperar la muerte.
Los pasos juveniles lo despertaron de su ensoñación. Improvisó una sonrisa para no delatar su nostalgia. El joven se sentó a su lado, agitado y eufórico.
_ ¡Es maravilloso!- exclamó con ganas- el viñedo, el lago, las montañas, todo. Creo que voy a dejar la universidad para venirme a vivir aquí contigo-
_ ¡Cómo te se ocurre! esto no es vida para un muchacho.- dijo el hombre casi en un regaño.
_ Podría ayudarte con los vinos- insistió- ocuparme de algo, lo que tu digas- El hombre se puso de pie como buscando imponerse ante la insistencia.
_ No, no acepto competencia. Soy el rey aquí, ¿lo olvidas?-
_ Podrías serlo donde quisieras, de hecho siempre lo fuiste-
_ Ya no... ahora solo reino en estas áridas montañas-
_ ¿Por qué te refugiaste aquí? Nunca me contaste esa historia- La vista del hombre regreso a los picos nevados que lo vigilaban.
_ Fue culpa de un ángel- susurró_...un ángel rojo_
Aquella noche, ya en la cabaña, el joven se empecino en escuchar de boca de su padre la historia de ese ángel que lo trajo hasta ese sitio tan alejado del mundo. Un mundo que alguna vez supo de ese hombre y lo veneró cual afamado Rey. No era una historia que pudiera contarse en unas cuantas líneas, ni siquiera resumiéndola, porque estaba tan llena de mágicos momentos que quitarle aunque fuera una sola de las impresiones que la conformaban sería como mutilar la fantasía o despedazar el amor.
Sirvió un poco del brillante líquido que llevaba su nombre en la copa cristalina y sonrío apenas, como despertando a los recuerdos que el vino siempre le traía. Lo alzó con delicadeza y expresó_ El vino es un ángel rojo caído para siempre en nuestra copa"_ acto seguido se sumió en los momentos que relató con detalle y sin dejar de sonreír mientras su hijo se deslumbraba descubriendo por primera vez en los ojos de su padre, el brillo inconmensurable del amor.
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-Yo lo tenía todo y sin embargo estaba vacío_ Así comenzó su relato ante la mirada expectante de aquel joven, tan lleno de preguntas hacia un padre que a veces sentía tan cercano y otras tan alejado de su vida.
-Tú apenas habías nacido y todas mis esperanzas de recobrar mi ilusión estaban puestas en ti. Eras un niño hermoso, tan lleno de vida y yo solo podía amarte con un amor que nunca antes había conocido. Pero mi alma no se reconfortaba por completo, porque el amor tiene muy diferentes formas y si no las experimentamos todas, siempre vamos a tener la sensación de que algo le faltó a nuestras vidas, que algo nos perdimos en el camino.-
Bebió su copa con desesperante calma. Buscaba en cada gota de vino las fuerzas para seguir hablando.
-Yo quise ser padre, como quien quiere ser feliz, o alcanzar el más grande de sus sueños y cuando te tuve entre mis brazos creí que todo eso al fin había sucedido, pero no fue así. –
El joven hizo una mueca de preocupación y su padre entendió de inmediato que se había expresado incorrectamente.
- No me entiendas mal- trato de explicarle- Tú fuiste un sueño dorado para mí, me hiciste parte de algo que yo había perdido hacía mucho tiempo: una familia y eso te lo debo solo a ti. Pero un hombre es más que un padre, un hombre solo se completa con el amor de una mujer.-
- Mi madre te amo mucho_ ahora el joven se volvía un niño temeroso de las verdades de su padre. El hombre se acercó hasta él para tranquilizarlo.
-Y yo a ella, pero no supimos salir adelante- apoyo una mano en el hombro del muchacho como quien busca dar un consejo.- Se necesita mucho más que amor para conformar una pareja. Claro que eso lo supe mucho después…_
Se hizo un silencio necesario. Ambos debían procesar aquellas palabras y lo que ellas significaban en sus vidas. El hombre buceaba en sus recuerdos, el joven en su entendimiento.
Aquella noche pudo haber sido la más larga de sus vidas como padre e hijo. Fue una noche de revelaciones, de dolor pero también de encuentro y comprensión.
- Háblame del ángel- suplicó el muchacho y entonces la sonrisa y el brillo fulgurante regresaron al rostro del hombre que sentado a su lado balanceaba su copa de vino entre los dedos fuertes y callosos de tanto trabajar la tierra.
- Estaba en la casa de la playa cuando apareció. ¿La recuerdas? Solía llevarte allí cuando eras muy pequeño-
- Recuerdo la piscina y unos flamencos enormes que me asustaban- El hombre río con fuerza.
– ¡Te aterrorizaban! Por eso tuve que deshacerme de ellos-
-Lo lamento- dijo el muchacho bajando su cabeza.
-Yo me alegro, ya me tenían aburrido- se miraron de reojo y otra vez echaron a reír.
La conoció una tarde. Él reposaba en la alberca. Un trago y un poco de música eran su única compañía. La brisa marina lo envolvía y él se dejaba llevar, como quien busca escapar, al menos por un breve instante, de todo aquello que lo atormenta.
De pronto la brisa se volvió viento soplando con mayor intensidad. Sorprendido despertó de su letargo para mirar hacia la playa y allí, caminando sobre la arena la divisó. Era un ángel, no pudo describirla de otro modo. Caminaba segura pero ligera, sus pies desnudos y el cabello al viento. Una túnica cubría su cuerpo y delataba en su transparencia la increíble armonía de su cuerpo.
Se levantó como un resorte de su asiento y bajó por el sendero que conducía directo al mar. Como poseído por alguna extraña fuerza interior llego como un loco hasta ella, desesperado por no perder de vista aquella maravillosa imagen que el mar, o el cielo le regalaba.
Porque aquella criatura no venía de este mundo, al menos no del mundo que él conocía.
Ella debió venir del mar, del cielo o de otro mundo. Un mundo anhelado, soñado, perfecto.
Cuando la tuvo enfrente no pudo más que sonreír y lo más increíble, fue verla responderle con una sonrisa aniñada y con los ojos tan llenos de algo que a él le pareció magia, por la forma en que lo embelesaba.
Se presentaron, rieron, hablaron del clima, de las olas, rieron otra vez. Ella quiso despedirse pero él no se lo permitió. Entonces se sentaron en la arena y siguieron hablando. Y el tiempo se hizo cómplice y les regaló un atardecer, el más perfecto que él hubiese conocido. Y con el rojo del sol sobre el horizonte reflejándose en ella, él supo que había encontrado un ángel y se sintió bendecido.
No descansó hasta lograr que aceptara su invitación. Una cena en el jardín de su casa con el mar como único testigo de lo que entre ellos comenzaba. Y ella, que solo buscaba atesorar momentos, claudicó ante la mirada ansiosa de ese hombre que la llenaba de vida, eso que le hacía tanta falta…
Ángel Rojo (acto 2)
Acto 2
-Permíteme que te invite – dijo mientras llenaba su copa- Esta es mi última creación- ostentó como si él fuera Dios y acabara de agregarle al mundo alguna que otra maravilla. Al ver los ojos de su ángel, observándolo, entendió su brote de arrogancia y completó la frase con un: -Humildemente- pero ya era demasiado tarde.
Ella agradeció con un gesto de su cabeza y le pidió la botella de vino para estudiarla. Leyó con atención cada palabra en su etiqueta y con desconfianza dijo:
-Entonces… ¿tú solo lo hiciste?-
- Bueno, tuve un poco de ayuda, pero es producto de mi inspiración-
-¡Vaya! debe ser maravilloso- Ella no completo la frase y él no estuvo seguro de, a qué se refería exactamente, por lo que se mantuvo en silencio esperando oír mas.
_ Te imagino bajo el sol en pleno valle, plantando tus vides, viéndolas crecer, saboreándolas, eligiendo los mejores racimos… ¡debe haber sido toda una experiencia!-
Mantuvo los ojos fijos en él, esperaba con ansias que el hombre corroborara sus dichos y le contara con detalles como había vivido cada instante de la creación de su vino, pero él solo pudo sonreír y bajar la cabeza.
Entonces ella sospechó que no había en ese vino más de él, que su nombre en grandes letras sobre una etiqueta dorada. Sin decir más, bebió entonces por primera vez un sorbo y con destreza realizó una cata exhaustiva buscando todos los aromas y sabores que pudiera descubrir
-Es bueno- dijo apenas el liquido se deslizo por su garganta. – tiene fuerza, carácter, pero le falta espíritu- Él la miro consternado.
- ¿Espíritu?- preguntó sorprendido. No imaginaba que a su vino le faltara nada y mucho menos algo que no podía imaginar siquiera, ni tampoco conseguir.
-Si- afirmó ella después de beber un segundo sorbo. – Definitivamente carece de espíritu-
Como vio que él no comprendía, o se negaba a comprender, esgrimió como prueba contundente de sus dichos la frase que quedaría en la memoria de ese hombre hasta el último día de su vida.
-"El vino es un ángel rojo, caído para siempre en nuestra copa"- La mujer le tomo las manos y poniéndolas palmas arriba derramó sobre ellas un poco del contenido de la copa.
- Estoy segura que esta es la primera vez que tocas este vino. Si esto es así, este vino no tenía nada tuyo hasta ahora que lo sientes en tu piel.- Él, absorto bajo el embrujo de sus ojos descubría en sus palabras una verdad que tan expuesta, jamás había pasado por su mente. Ahora el ángel tomaba sus manos y las unía mezclando en ese gesto el calor del vino y de su cuerpo en un ensamble perfecto.
- Anda, pruébalo- Le dijo llevándole las manos hasta su boca- Hallarás más que aromas y sabores. Sentirás su espíritu, el que tú le has infundido con el contacto de tu piel.-
El hombre barrió con su lengua las gotas que sus manos sostenían y un secreto se le reveló de pronto. Esa mujer le estaba mostrando una realidad que él desconocía y se sintió tan torpe y tan feliz al mismo tiempo.
- Nunca lo había pensado así- dijo tratando de justificarse. Ella sonrió y le regaló una enseñanza.
-Solo se vive la vida involucrándose. Poniéndole el cuerpo, el corazón, el alma. No puedes decir que estás vivo, que has vivido, si no has hundido tus manos en la tierra, si no te has mojado con la lluvia o te ha castigado la piel el viento. Vivir es ser parte de algo o de alguien. Es mirar a los ojos, es conocer el dolor del otro, es ayudar, compartir, amar, sufrir. La vida solo será tuya cuando te la hayas ganado con tu entrega y este vino solo será tuyo, cuando te hayas entregado a él en cuerpo y alma.-
Se miraron y entendieron tantas cosas en esa mirada… Con el sabor del vino todavía en su boca, él le robó el más tierno de los besos y lo que siguió de ahí en más fue la conjunción más perfecta de cuerpo, alma y espíritu que dos seres humanos hayan experimentado jamás.
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Amarla era tan sencillo… Ella se dejaba querer como un niño huérfano necesitado de cariño, y sin embargo llegar hasta ella se convertía en toda una epopeya. Cuando creía saberlo todo, cuando se sentía al borde de su corazón, ya en las entrañas de su alma, entonces una puerta se cerraba de golpe y él no podía más que retroceder y todo regresaba al principio, al vacío, la nada.
Ella guardaba un secreto. Él podía percibirlo en cada resquemor, en cada dejo de desconfianza. Pero nada de lo que hiciera o dijera lograba que ese secreto saliera a la luz y a veces era más sencillo para él entregarse a todo el amor y la pasión que ella le ofrecía que bucear en los escondrijos de su alma.
Se convirtieron en el equipo perfecto. Bastaba una rápida mirada para saber lo que cada uno estaba pensando y no había barrera que no pudieran vencer u obstáculo que no pudieran saltar con la fuerza que los aunaba. Se volvieron amantes intensos, deseosos de descubrirse, conocerse y aprender juntos las mil y una manera de procurarse placer.
Guerreros imbatibles. Una sola palabra era suficiente para desatar la más encendida de las batallas. Luchaban con las palabras como expertos esgrimistas verbales, sostenían trasnochadas discusiones sobre Arte, política, música, cine o vinos con inusitado fervor, desafiándose el uno al otro y acababan siempre sus combates en la cama, donde todo
se resolvía con gemidos, besos y caricias.
Él la quería en su vida del modo que fuera y así se lo hacía saber cada vez que la oportunidad se presentaba, pero ella siempre tenía reparos que no conformaban pero servían para prolongar el deseo y la espera un día más.
Porque eso era todo lo que ella pretendía: un día más. Tan solo un día más para amar, soñar, disfrutar…vivir.
En su afán por enseñarle a involucrarse con la vida, ese ángel que sacudía su mundo lo llevo por caminos que él ya no recordaba. A su lado visito lugares a los que no concurría desde niño. Camino por las calles de su mano como un desconocido y se embebió de los aromas y sabores de los pueblos que visitó, fascinado como una criatura.
Se sentó en los parques para ver pasar la gente y descubrir en sus rostros tristezas y alegrías. Recorrió las ferias y compro para ella cuanta chuchería encontró a su paso. Bebió agua de las fuentes que adornaron su romance y hasta bailoteó descalzo una vez, tan solo para hacerla reír, sintiendo bajo sus pies la humedad del pasto recién cortado de una plaza olvidada.
A su lado se sentía Dios y demonio, Hombre y niño a la vez. El mundo se le hacía inmenso a veces y tan pequeño de pronto. Podía ser Rey cumpliendo todos sus deseos o afanoso bufón pretendiendo robarle una sonrisa a su rostro.
En su casa de la playa, juntos plantaron un árbol, amasaron panes e inventaron recetas que nunca dieron resultado.
Se bañaron desnudos en el mar y por las noches, bajo la luna llena se cantaron canciones de amor. En los sueños que siempre compartían en voz alta, se prometieron llegar juntos hasta el valle, para con sus propias manos crear un vino que llevaría por nombre: “Ángel rojo” en honor a la frase que ella mencionó, aquella noche en que le enseño en sus manos, el verdadero sentido de la vida.
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-Y ese vino, Ángel Rojo, se convirtió en tu vida…- dijo el joven observando la copa que su padre sostenía con nostalgia entre sus manos- Pero ya hace 20 años de eso, ¿porque ella no está aquí contigo?_
_ Está… cada día más presente-el hombre suspiro con fuerza- no necesito su presencia para sentirla en cada rincón de esta casa, en cada vestigio de la naturaleza, en cada latido de mi corazón-
-Tampoco resultó, ¿verdad? Igual que con mamá- acotó el muchacho. El hombre lo miró con una media sonrisa en los labios
- Todas mis historias resultaron hijo. Cada una le dejo una enseñanza a mi vida y de todas rescaté algo. Ya ves que de la historia con tu madre me quedaste tú, y es lo más grande que he obtenido de una relación- el muchacho palmeó su espalda en un gesto de agradecimiento. El padre cariñoso acarició su cabello y continuó. – de ella, mi ángel, me queda la esperanza renaciendo en estas vides y la certeza de que su alma regresará a unirse con la mía.
-¿Porqué se separaron?-
- No lo hicimos.- el joven lo miró insistente. – el destino nos jugó una mala pasada, pero sabes… el amor no se acaba donde todo el mundo cree.-
Se sirvió otra copa y continuó su relato. Ahora con más dolor que nostalgia.
Fueron unas cuantas semanas, pero tan intensas y tan definitivas… A veces pasas tu vida rodeado de gente, armando y desarmando historias, proyectando el futuro, escapando del pasado y un buen día te topas con alguien a quien no has visto jamás y de quien no sabes absolutamente nada y esa persona en apenas unas cuantas semanas te muestra todo sobre tu vida. Te enseña tu realidad como si te vieras de golpe y por primera vez frente a un espejo y te das cuenta que pasaste toda tu existencia solo sobreviviendo y recién en ese instante, es cuando empiezas a vivir de verdad. Y esos momentos, aunque pequeños y efímeros. Aunque tardíos y breves. Esos instantes son los que justifican toda tu existencia.
Al cabo de quince días, catorce para ser más exactos, ella desapareció. Simplemente no llegó a la casa.
Algunas noches se iba, nunca me dio una excusa válida, pero yo no preguntaba. Y no es que no quisiera saber. Me mataba y me dolía la curiosidad, pero ella solo sonreía y me hablaba de la libertad individual y del respeto y yo acababa siempre asintiendo a sus discursos y dejándola ir porque lo único que quería era que regresara pronto, cuanto antes a mi lado.
Pero un buen día mi suerte se acabó y ella se fue, sin que yo pudiera hacer nada al respecto.
- ¿No la buscaste?- reclamó el jovencito que seguía el relato de su padre con gran atención
- ¡Como un loco!- exclamó – pero fue inútil- se resignó después.
Él no sabía nada de ella y cayo en la cuenta cuando ya era demasiado tarde. Nunca le preguntó nada acerca de su vida, ni de su familia, si acaso la tenía o no. No la interrogo tampoco sobre sus actividades. Si trabajaba o de donde obtenía su dinero. Ella cambiaba de tema las pocas veces que él intentó saber algo y en una ocasión hasta se puso seria y muy incómoda cuando él le pregunto si había hijos al ver la marca de una cesárea en su vientre. Así, con el paso de las horas, ella se encargó de que él olvidara sus preguntas con los instantes de felicidad plena que le ofrecía. Con los besos y caricias. Con la fuerza de sus ojos y la férrea voluntad de sus palabras.
Ella se transformó en una ilusión, un suspiro, una visión. Fue un ángel que lo llevó hasta el cielo primero y más tarde hasta el mismísimo infierno.
Ya habían acabado la primera botella y la segunda se dejaba descorchar generosa.
Los recuerdos seguían brotando, como de un manantial inagotable.
Un padre y un hijo sumidos en la charla más intensa de sus vidas. La jamás pensada, la menos imaginada. Uno de esos momentos que todos los padres deben vivir con sus hijos, al menos una vez en toda su relación filial.
Pero además eran dos hombres hablando de la vida, de sus errores y sus aciertos, de las circunstancias y los caminos que debieron transitar, tan solo para vivirla.
En la chimenea crepitaban los leños y el susurro de una voz cargada de melancolía eran los únicos sonidos del ambiente. El hombre se recostó en el amplio sofá junto al fuego. Era tarde ya y la jornada había sido agotadora, sin embargo no quería terminar con aquella plática. No sabía si tendría otra oportunidad de sacar afuera todos esos sentimientos que durante tantos años había guardado celosamente.
-Los siguientes diez años partí de viaje. El dolor me atormentaba y no podía permanecer demasiado tiempo en un mismo lugar. Los recuerdos me invadían y se hacían insoportables entonces buscaba escapar, del modo que sea, para que su imagen no me alcanzara.
Viajé por el mundo sin rumbo y sin descanso. No me detuve más de una o dos semanas en cada lugar que visite y no me preguntes nada acerca de esos sitios porque pase por ellos sin verlos. Eran simples refugios en los que me ocultaba del desgarro que su partida me provocaba.
Intenté aturdirme con mi trabajo. En ese tiempo me dedicaba a una actividad que yo siempre creí mi vida, mi pasión, mi razón en el mundo. ¡Que increíble! Cuando ella se fue todo dejo de ser importante y no hubo más razón para mí que ella y su recuerdo, ella y su partida, ella y este inmenso dolor.
Solo regresaba a mi país para verte. No quería que esto que me sucedía te afectara a ti también. Tu madre fue paciente y aceptó mi alejamiento casi sin decir nada y siempre se ocupó de que tú me esperaras y de que siempre supieras cuanto te amaba.
Mi fortuna se esfumó casi sin que me diera cuenta. La gente que se ocupaba de mis negocios intentaron por todos los medios hacerme reaccionar, pero todo fue en vano.
No sé si dilapidé todo en el casino, o en los tragos y mujeres o en alguna otra cosa.
Solo sé que nada de lo que hice me salvó de esta angustia que aún cargo en mi pecho como una mano gigante que me aprisiona y me impide respirar normalmente.
Fueron los diez años más terribles de mi vida, los más amargos, los más infelices.-
- Sin embargo yo te recuerdo llegar sonriente, siempre con un regalo. Y aunque no era mucho el tiempo que compartíamos, esos días los disfrutaba muchísimo. No tenía idea de tu dolor-
-Es que tú fuiste mi tabla en el mar. Lo único que me devolvía a la realidad y me salvaba del infierno. Creo que de no haberte tenido, si tu no hubieses estado en mi vida yo habría acabado con todo, sin siquiera pensarlo.-
- ¿Tanto la amabas?- el joven experimentaba hacia su padre una mezcla de compasión y ternura inmensa. Le dolía saberlo tan triste y le pesaba no poder ayudarlo.
Acabando la segunda botella llegaba el epílogo de una historia dolorosa pero fascinante y comenzaba con una conmovedora interpretación del amor que el hombre describió ya con lágrimas en sus ojos, tan llenos de viejos recuerdos.
- Cuando crees que la vida te lo ha mostrado todo, que has vivido las más increíbles experiencias, visitado los sitios mas extraordinarios. Cuando te han ocurrido las peores tragedias y has tenido todo lo que has querido. Cuando el mundo comienza a resultarte pequeño y las personas no pueden ofrecerte nada que tú no hayas tenido ya.
Entonces, si de pronto una simple sonrisa, en los labios de una mujer puede hacerte estremecer con tan solo asomarse en su boca te darás cuenta que la vida siempre te sorprende y cuando menos te lo esperas estarás volviéndote loco de amor por el mas simple y hasta entonces insignificante gesto y comprenderás que no eres mas que un punto en la inmensidad del universo y que nunca es suficiente lo que hayas atravesado en tu camino, siempre hay algo más por descubrir. Ella fue eso para mí. La oportunidad de descubrirle un nuevo sentido a la vida. Una nueva oportunidad.-
-¡Pero no te sirvió de nada!- dijo el joven exaltado- Ella se fue, te dejo y tu caíste en lo más bajo. ¿De qué oportunidad me hablas?-
El hombre bebió el último sorbo y un aleteo de su Ángel rojo le acarició la garganta.
-La oportunidad llego después…- dijo sonriendo - Cuando volvimos a encontrarnos.-









