Deseo saber, Mi Rey, si tu nombre se esconde
en el sueño que persigo.
Pórque si es así, ten por seguro,
que jamás te abandonaré.
No podrás deshacerte de mis palabras de aliento,
pórque ellas se constituiran en ti,
como la sombra que proyectas a tu paso.
No tendrás forma de escaparle a mis ansias de cuidarte,
y procurar nada perturbe, la paz que con tanto esfuerzo
consigues día a día.
Desearás no escuchar ya mis sabios consejos,
marcándote los límites entre la adulación y la alabanza.
Y rogarás a Dios ya no saber de mis regaños,
cuando traspases la línea que te separa de tu realidad.
Si confirmas esta sospecha, Mi Rey,
debes saber que estarás adosándole a tu vida,
las Alas de un Ángel que solo vuela,
cuando oye tu voz y tu nombre...