Mírame, ya no soy la que alguna vez fui. Detrás de esta sonrisa sostenida, la mirada complaciente, la voy pausada esta la mujer que ahora se presenta, cada vez con mas fuerza, intentando llenar un vacío que a diario la atormenta. ¿Y a quien culpar por ese vacío?
Alcanzando la madurez que tanto anhelaba descubro que muchas de las cosas que dejé en el camino regresan, como advirtiéndome, y detienen mi paso con sus reclamos.
¿Eres feliz? Hoy me preguntan y no sé que demonios responderles si al mirar la imagen que me devuelve el espejo encuentro, entre más canas que antes y alguna nueva arruga la tristeza de un rostro que a pesar de tenerlo todo, no puede evitar sentir que aún le falta algo por conquistar.
Si me vieras hoy te preguntarías, ¿Qué fue de aquella niña empeñada en descubrir mi corazón, que inventaba juegos de palabras para conocerme y se divertía con mis ocurrencias y mis fantasías? Extrañarías el brillo en mi mirada, mucho más de lo que lo extrañabas entonces, cuando de solo imaginarlo ya lo presentías. Te dolería el murmullo de mi voz ausente y la carencia de mis versos harían estragos en tus melodías.
¡Es que no logro saber si es el tiempo mi aliado o mi enemigo! Y lo peor es que tú no puedes decírmelo porque ya no hueles mis lágrimas, no lees mis pensamientos, ni tampoco esto que escribo.
Caminé meticulosamente por la senda que me enseñaron. Di los pasos necesarios y fui lo que debía ser, justo cuando debía serlo. Y no creas que me arrepiento, fue perfecto para mi porque conociéndome sabrás, que esta taurina ama el orden y la estructura tanto como a la belleza y que necesita marcar territorio tanto como respirar.
Pero de pronto, miro a los lados y comprendo que pudiendo haberme corrido, tan solo un milímetro de esos límites quizás le hubiese adosado a mi vida un tinte de locura, un toque de audacia que aireara los mustios salones de mi corazón e iluminara los aletargados rincones de mi alma.
Solo una vez fui capaz. Una única vez tuve el valor de vencer al vértigo y saltar sin miedo desde lo más alto de mi soledad. Ese día tú estabas ahí y me atrapaste sin pensarlo como a la rosa que vuela directo a ti cada vez que tu voz se lo implora. Y con tus manos tibias acariciaste mi tristeza y con tus ojos serenos apaciguaste mi dolor.
Fue en la mansedumbre de tus palabras que estallo la fuerza de mi alma y en la desbordante pasión de tu bolero donde descansó mi atribulado corazón.
Y aunque ese día tuve en mis labios un grandioso sí por respuesta, nadie se interesó, ni hizo aquella pregunta.
Es que nadie supo nunca de aquel valeroso acto mío
y nadie sabrá jamás, lo feliz que contigo yo he sido.
1 comentario:
Sin palabras....no lo puedo expresar mejor....ni que lo hubiera escrito yo! ejem! Besos.
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