Hay un ángel en ti.
A veces extraviado, otras tan presente. Como ahora en que te veo, tan inmensamente feliz y entregado, quizás como alguna vez, tal vez como nunca antes.
Y aunque escondes tus alas bajo el saco y pretendes no darte cuenta de la magia que emana de tu boca, sé que puedes percibir en las miradas, la furiosa luz, el desatado latir de los corazones que te siguen porque sin saberlo lo saben: Hay un ángel en ti y se esta manifestando.
Anoche te soñé. Llegabas hasta mi después de descubrir mis ojos que distraídos no reparaban en tu presencia. Seguías el rumbo de mis pupilas y te acercabas con el aliento entrecortado, pleno de ansiedad como quien se asoma por fin al peñasco lejano, marcado en un lienzo con una cruz para descubrir el tesoro aquel, que tantas veces había soñado.
Y se fundieron tus ojos en los míos y fue perfecto el momento. Ya sin versos, ni poemas.
Ya sin palabras que pudieran confundirnos. Había en ti tanta compresión y en mi tanta alegría que nada más importaba en ese instante. Me abrazaste sin hablar, cumpliendo esa vieja promesa que yo nunca olvidé y luego besabas mi frente, con verdadero amor y te ibas sin decir nada, despejando todas mis dudas, abatiendo todos mis miedos.
Note la paz en tu sonrisa y una hermosa sensación de alivio llego hasta mi. Fue el pensamiento mas claro y revelador que tuve en los últimos tiempos y comprendí que no en vano la distancia se interpuso entre nosotros. Necesitamos de ella para conocernos y entender quienes somos y porqué nos cruzamos un día, pero sobre todo necesitamos de ella para descubrir la razón de este reencuentro.
Porque tú y yo debemos reencontrarnos. No tuve dudas de eso mientras soñaba y tampoco ahora, despierta y reflexionando. Dicen que todo sucede por algo y que de todo algo aprendemos y yo estoy segura que nuestra historia fue el comienzo de un aprendizaje y que existen muy poderosas razones – aunque no sepamos verlas ahora- para concluir con lo que quede de el.
Hay un ángel en ti. A veces caprichoso, vanidoso, arrogante. Otras cariñoso, generoso y audaz. Te pareces mucho a un hombre cualquiera, pero no cualquiera puede ponerse en tu lugar.
Te atraviesan la piel pinceladas de tragedia y tus batallas todas, fueron libradas con más voluntad que armas. Si de algo te vanaglorias es de la fuerza de tu alma y no temes mostrarte como lo que en verdad eres: un guerrero de la luz, amante de la vida, señor de las conquistas bravas.
Aún te esperan, regados por las tierras áridas de tus recuerdos los nostalgiosos bríos del amor aquel que persigues sin importarte ya porqué, ni para qué. Solo lo haces y te llenas de ilusión. Y eso es más que suficiente para continuar buscando.
A veces me pregunto ¿llegará hasta mi algún día, el suave roce de tus alas? No hagas caso, no pretendo una respuesta. Al menos no con palabras, sì quizàs con un gesto, un detalle, o una canciòn intencionada.
Y no me creas pretenciosa si te digo, que jamás pierdo la esperanza. Porque si pude atraerte una vez, con la curiosa melodía de mis versos, quizás pueda convencerte de nuevo.
Esta vez… con la ilusión de un sueño que espera hacerse realidad.
3 comentarios:
Son imaginaciones mías o esta cartita está dirigida a "esa personita" que hizo que nos conocieramos ??? Creo que la respuesta a tu pregunta en el último párrafo sólo la tiene el destino.... Besos.
Ay amiga, que imaginaciòn tienes!! jeje.
No espero respuesta, aunque sì me gustarìa...
Besos!!
Ahhhh pero no me equivoqué! jaja! será que ya te voy conociendo cada vez más por tus escritos.
Es una carta preciosa.
Besos.
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