¿Duerme la palabra? Un vientre poblado de estrellas se deshoja, la soledad llueve y volar se hace pesado. Escondo mi reflejo mientras suda deseos a través de un espejo oscuro.
Comprendo el amanecer una mirada, así como el gemir de tantos sueños. ¿Será la piel presagio de un espejismo consumido en versos? Mi otredad iluminada también reposa.
Queremos llegar al puerto, pero aún no escuchamos los susurros de la noche. El faro sobre la espuma de plata pinta libertades. Mañana despertaremos sobre el mapa esperado. Un gorrión despierta...
Ana María Fuster
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