Y ahora que sangran mis pies de tanto a la tierra aferrarse.
No hay un halo de tu gloria que me invite de nuevo a volar.
Ya no hay rosas que perfumen cerca de mí... tampoco lejos.
Y ahora que el aroma es tan hiriente, se despedazan los sueños por
no poder respirarte. Hasta el aire te llevaste, sí, hasta el aire.
Y ahora que no alcancé a mostrarte mis colores favoritos.
Que no pude hacer que adivinaras como quiero que me sirvas el cafe por
la mañana, ni logré que te aprendieras de memoria la manera, en que
anhelo me acaricies suavemente las espaldas.
Ahora que había logrado anesteciarme hasta el alma.
Ahora que me deshice para rearmarme de nuevo.
Y me pegue un par de alas robadas
de algún agujero y me cosí una esperanza con hilos de sueños nuevos.
Ahora que me maldigo por esa lágrima necia que aún no consigo retener.
Que se escapa furiosa dejando surcos de rabia sobre esta piel que no aprende,
a olvidar aquello que jamás podría pretender.
Y ahora que el aroma es tan hiriente, se despedazan los sueños por
no poder respirarte. Hasta el aire te llevaste, sí, hasta el aire.
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