La rosa blanca que espera sobre el piano...
su aroma huele a recuerdos y me vuelvo espectadora de un silencio que demora la mirada,
las estrofas, los latidos que soñé.
La rosa blanca descansa sobre ese piano de cola y en su tersura alimenta
tus pasiones entonadas. Vibra el pétalo en tu mano y en tu quietud se arrebata.
Soy testigo de ese rapto y captora de su esperanza.
Y si yo no estoy ahí, primera para tomarla... ¿quién beberá las trémulas gotas de rocío que
desprenda en su amargura?. ¿Quién rozará su blancura y sentirá en lo profundo
de un vacío acostumbrado renacer como gaviota que renace en el ocaso?
La rosa blanca es el signo que unifica nuestras vidas. Ella marca la distancia que
nos falta para vernos; aromando la nostalgia, perfumando los recuerdos.
Es el piano su guarida y en tus dedos se cobija, si acaso tocas el sol estallará
en triste risa y morirá sorprendida en la belleza de tu voz.
La rosa blanca es de mí como lo son las gaviotas, el mar, la arena...
El blanco, el rojo y el negro de unos cabellos que danzan al ritmo de unas caderas.
Lentamente me devoras, lees mi alma letra a letra y te excusas con la rosa que
en mi delirio me entregas.
Y si acaso estoy ahí, primera para tomarla...
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