"Te
gustaba llamarme "Mi Rey", cuando recorría tu fresca y
deliciosa llanura... Solías, en cada encuentro, elevarme hacia la
tierra de los ángeles, que extasiados ante nuestro amor, tocaban las
más bellas melodías.
En nuestro reino todo era magia, la más
simple caricia, el goce más profundo. Todo irradiaba rayos de
colores.
Solía llamarte "Mi Alma", porque en el
cenit del placer, me la quitabas para fundirla con la tuya.
Cuando
la ola ardiente llegaba a su fin, nos mirábamos, exhaustos, felices,
sólo nos veíamos en el espejo del corazón siendo dueños del
silencio.
Y en ese momento, mi mano osaba tocar la perfecta
armonía de tu rostro que reía para mí.
Y si tú reías...
¡Qué dichoso reía también este pobre corazón mío!..."
Emboscado en mi escritura, cantas en mi poema Rehén de tu dulce voz, petrificada en mi memoria. A. Pizarnik
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