Hay quienes no pueden aflojar sus propias cadenas y sin embargo pueden liberar a sus amigos.
Debes estar preparado para arder en tu propio fuego:
¿cómo podrías renacer sin haberte convertido en cenizas?
Así habló Zaratustra. (del Libro "El día que Nietzche lloró" de Irvin D. Yalom)