En mitad de la lluvia
impensable
de los páramos
te siento en ocasiones,
sereno de naranjos y de lagos callados,
resguardado por la paz de tus dagas
sepultas.
Y aunque no piense que deba, te celebro
a los ojos de todos y sabiéndolo nadie,
con esto que ahora es sólo un verso,
un roce extinto,
un beso sutil, silencioso y tardío.
Ana de la Robla
Poeta española
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