
¿Como será el mundo, mi mundo, de ahora en adelante? Me hago esta pregunta
cada vez con más frecuencia.
Miro en el espejo lo que queda de esta mujer que ya no quiero ser y
me pregunto en voz alta, ¿Podrás acostumbrarte a una vida diferente?
Dejar atrás el pasado ilusiona, pero también atormenta. Uno es lo que
construyó a lo largo de su existencia. Los logros pero también los
fracasos, los amores y los desamores también, los sueños y las pesadillas
forman parte de uno. De la esencia de uno.
Frente al espejo las cicatrices se revelan por última vez. Las odio porque
me hicieron sufrir pero también las quiero porque son la huella del paso
del tiempo. Un tiempo que me convirtió en la mujer que soy, a pesar de
mi y de todo.
Y esas huellas no surcan solo mi cuerpo, también se extienden a través
de mi interior.
Las cicatrices que más duelen son las del alma, suelen decir y no se equivocan.
En mi alma esta la marca que da fe de tu presencia. No es una herida, no.
Es una pincelada de colores fuertes que se esfuman con el paso de los
días. Un trazo suave atraviesa mi corazón y le dibuja los sueños más
hermosos que tuve alguna vez.
Esos trazos que albergaron las más bellas ilusiones conforman hoy y para siempre
el cuadro de mi amor. La obra de arte más sublime la pintaste tú y tal vez
nunca llegues a saberlo.
Al igual que tu voz, el lienzo de este cuadro busca urgente la perfección.
Y aunque sabe de lo inútil y riegoso de su empresa; porque la perfección no existe,
(ni siquiera en tu sonrisa), de todas formas se deshace transformando la ajada y vieja tela
en una nueva: blanca y reluciente que espera ilusionada ser descubierta por el ojo experto
de un artista.
Ahora tu mano desliza el pincel y te devuelve un paisaje diferente. Ahora tus ojos
se deslumbran con colores nunca vistos. Pero un trazo imprevisto dibuja misterioso
un aleteo fugaz que atraviesa tu horizonte y te trae los recuerdos que a diario suspiro
en tu memoria. Sonríes mientras dibujas y en esa sonrisa me invocas.
Entonces mi corazón se estremece sin saber porqué y soy feliz, al menos por un breve instante.
Salpicada esta mi alma de coloridos instantes que nunca llegan a ser un todo y me obligan al olvido.
Se transforma mi horizonte ante tus ojos y quizás no reconozcas el paisaje que trazaste en el ayer
pero siempre habrá lugar para el efímero destello de unas alas que iluminen tu mirada,
y te acaricien suavemente el corazón.
cada vez con más frecuencia.
Miro en el espejo lo que queda de esta mujer que ya no quiero ser y
me pregunto en voz alta, ¿Podrás acostumbrarte a una vida diferente?
Dejar atrás el pasado ilusiona, pero también atormenta. Uno es lo que
construyó a lo largo de su existencia. Los logros pero también los
fracasos, los amores y los desamores también, los sueños y las pesadillas
forman parte de uno. De la esencia de uno.
Frente al espejo las cicatrices se revelan por última vez. Las odio porque
me hicieron sufrir pero también las quiero porque son la huella del paso
del tiempo. Un tiempo que me convirtió en la mujer que soy, a pesar de
mi y de todo.
Y esas huellas no surcan solo mi cuerpo, también se extienden a través
de mi interior.
Las cicatrices que más duelen son las del alma, suelen decir y no se equivocan.
En mi alma esta la marca que da fe de tu presencia. No es una herida, no.
Es una pincelada de colores fuertes que se esfuman con el paso de los
días. Un trazo suave atraviesa mi corazón y le dibuja los sueños más
hermosos que tuve alguna vez.
Esos trazos que albergaron las más bellas ilusiones conforman hoy y para siempre
el cuadro de mi amor. La obra de arte más sublime la pintaste tú y tal vez
nunca llegues a saberlo.
Al igual que tu voz, el lienzo de este cuadro busca urgente la perfección.
Y aunque sabe de lo inútil y riegoso de su empresa; porque la perfección no existe,
(ni siquiera en tu sonrisa), de todas formas se deshace transformando la ajada y vieja tela
en una nueva: blanca y reluciente que espera ilusionada ser descubierta por el ojo experto
de un artista.
Ahora tu mano desliza el pincel y te devuelve un paisaje diferente. Ahora tus ojos
se deslumbran con colores nunca vistos. Pero un trazo imprevisto dibuja misterioso
un aleteo fugaz que atraviesa tu horizonte y te trae los recuerdos que a diario suspiro
en tu memoria. Sonríes mientras dibujas y en esa sonrisa me invocas.
Entonces mi corazón se estremece sin saber porqué y soy feliz, al menos por un breve instante.
Salpicada esta mi alma de coloridos instantes que nunca llegan a ser un todo y me obligan al olvido.
Se transforma mi horizonte ante tus ojos y quizás no reconozcas el paisaje que trazaste en el ayer
pero siempre habrá lugar para el efímero destello de unas alas que iluminen tu mirada,
y te acaricien suavemente el corazón.
4 comentarios:
Los cuatro primeros párrafos enlazados a tu anterior carta, queda perfecto! me sigo identificando con ello.
"La nueva mujer" que describes a continuación es diferente, ahí ya no me veo.
Aunque sí que ando buscando ese artista que sepa ver el nuevo lienzo,jejeje.
Jeza, como siempre tus escritos son de 10.
Besos.
Gracias amiga!
Somos dos en la búsqueda!
Besos
guau !
tu forma de escribir me llego a lo mas profundo de mi ser...
esta bueno poder expresarnos en este medio que es nuestro(lo digo por los blogs)
y tambien escribo y me entusiasma el hecho de que haya personas igual de soñadoras como yo..o eso es lo que creo ser..
un saludo enorme..
DIEGO
Gracias Diego!
Que bueno que disfrutes mis "Cartas".
Sí, este medio es nuestro y es genial poder expresarnos a través de el.
Un saludo afectuoso!
Jezabell
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