La luna se expande,
orgullosa ostentando un brillo inigualable.
En su faz me confieso
y asumo cada uno de mis pecados,
con la entereza de un guerrero
o de un condenado.
Dile, que no existe el olvido,
que mis ojos aún pugnan
por mirarlo dormido.
Si acaso pudiera la redondez de su cara,
acercarle sinuosa el vaiven de mis palabras.
Tan lejos los sueños y sin embargo espero,
más cerca el destierro que fervorosa niego.
La luna me entiende,
compartimos timideces y acaso risas.
Pero ambas sabemos contemplar tranquilas
el paso apurado de nuestras vidas.
dile, que es más dulce el tormento,
cuando oigo su nombre atravesando el viento.
Si acaso pudiera la redondez de su cara,
acercarle sinuosa el vaiven de mis palabras.
Tan lejos sus ojos y a pesar de eso,
se aviva mi alma crispando cual leño.
La luna me hiere,
apuñala segura el corazón ardiente.
Se funde su sangre en un amor distante,
y llena vacios con sueños errantes.
Dile, que aún guardo las lágrimas,
que esperan su vuelta bordando mañanas.
Si acaso pudiera la redondez de su cara,
acercarle sinuosa el vaiven de mis palabras.
Tan lejos tu voz, de este amor sincero,
tan cerca mi voz, de este amor que espero...
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