sábado, noviembre 10, 2007

Mientras espero, vivo. No tengo otra opción.
Desearía hibernar, aletargarme en algún hueco oscuro y sereno.
Contemplar los días pasando frente a mis ojos. Ver como se oculta el sol tras el horizonte
y esperar, sin más que hacer, que vuelva a asomar luego de la larga noche.

Pero vivo.

No lo hago por mi, no es lo que me intreresa. Lo hago por alguien más.
Quizás porque soy tan cobarde que no me siento capaz de deshacerme de mis miedos.
Y entonces cocino algo, o leo una revista, mientras hago lo que debo hacer.

Y espero...

Esta espera no es inútil no. Tiene mucho de hazaña, de revancha también.
A veces siento que crucé una línea y ya no hay vuelta atrás.
Lo sé porque mis ojos ya no ven lo que veían cuando ahora te veo.
¿Y qué es lo que ahora veo? te preguntarás... Veo la realidad y créeme, ¡no me gusta nada!

Mientras espero, escribo.

Ya no siento mis dedos correr como antes detrás de las letras que te inventaban.
Ahora mis manos se detienen cada tanto, como cansadas de tanto trayecto sin sentido,
como pensando a veces si debería decir o no, lo que cruza por mis pensamientos.

Ya no escribo acerca de ti. Ahora escribo acerca de aquel que alguna vez creí haber conocido.

Es como si de tí solo me quedara una imágen que inventé,
una fantasía que se quedó varada en mi mente buscando una salida que nunca encontró, sencillamente, por que no existía.

Mientras espero, sueño. Pero mis sueños ya no los protagonizas.
Ahora sueño con metas que jamás me había propuesto y me lleno de ilusiones
que nunca imaginé tuvieran que ver conmigo.

Sueño y descubro que los sueños no vienen del alma o del corazón, sino de la fuerza
de nuestros deseos. Mas bien de la necesidad de concretar aquello que tanto
deseamos.

Yo deseo acabar con la espera y mientras eso sucede, miento.
Me miento a mí misma, a los que están junto a mi. Le miento a mi alma diciéndole
que ya no te encuentro en ninguno de mis sentimientos y sé que le miento
a mi corazón porqué de él ya no tengo ni el más minimo latido. Solo palpita
por instinto, pero sin motivo ni razón para palpitar.

Miento y me lo creo. Y en cada mentira encuentro el modo de continuar
la espera, sin morir de pena jamás.

1 comentario:

Anónimo dijo...

"Sueño y descubro que los sueños no vienen del alma o del corazón, sino de la fuerza de nuestros deseos".

Me ha encantado esta frase.
Hay que buscar nuevas ilusiones, nuevos sueños si hay otros que se rompieron. Puede que el camino sea largo pero seguro que en el trayecto encuentras sorpresas y cosas inesperadas.

Besos.

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