Me despido. Aquí se acaban las cartas que solía regalarte.
Creo que ya no nos hacen falta. Ni a tí, ni a mí tampoco.
Cuando comence a escribirlas tenía la impresión de que un puñado de
palabras lograrían retener dentro de mí los recuerdos que el tiempo,
inexorable, acabaría borrando.
Quería, a través de la poesía, atesorar esos momentos que marcaron
un antes y un después en mi vida.
Imaginé también que serían para tí un suave roce, una lejana brisa que
tocaría tus sueños evocando los instantes que alguna vez compartimos.
Siento en el corazón un alivio enorme, porque sé que puse todo de mí
para que entendieras y ahora estoy segura que valío la pena el esfuerzo.
Ya no hay nada más por hacer. Lo que fuimos perdurará en nuestros pensamientos,
los que somos, seguira su camino acostumbrado: Tu allí en la distancia, yo aquí
en mi cotidiana realidad.
Y lo que seremos, algun día, te propongo... dejémoslo en manos del destino.
Que además de cruel suele ser sabio y no dudes que sabrá darle a esta historia
el final que se merece.
Adiós y gracias.
Gracias por el tiempo, los sueños, las palabras. Gracias por la enorme
emoción, también por la magia.
Le dejo un adiós a este espacio que albergó mis locas ilusiones.
Un hasta siempre a los que sin entender, igual siguieron los senderos de estas cartas.
Y a ti, solo a ti.... ese collar de palabras que engarcé en tu alma.
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