¿Qué es lo que quieres?,me preguntaste.
En ese momento no supe qué responderte. Quizás porque no lo sabía o no
lo tenía bien claro.
Si acaso hoy me preguntaras de nuevo,- ¿qué es lo que quieres?- te diría,
sin dudarlo: A tí... y dejaría que el silencio abarcara mis palabras, para
que apenas dichas se perdieran en un mar de imposibles, porque
es allí donde de seguro pertenecen.
Pero ya que estás aquí, en mi imaginación preguntándome, dejame decirte
al menos lo que no quiero,lo que no deseo y lo que no espero, también.
No quiero abrir mis ojos cada día para saber que la tristeza se
acuesta a tu lado cada noche. No es que me den celos saberte junto a
ella, son más bien temores lo que me invaden cuando alguien, hablando
de ti, la menciona.
No quiero oir tu nombre porque viene acompañado de un montón de
sutilezas que se mencionan como al pasar, con sorna y algo de desprecio, y no sabes cuanto
me duele que tu nombre ya no suene a maravilla, en la boca de todos y cada
uno de los que saben de tu presencia.
No deseo saber de ti hoy, porque me enoja que la vida te ponga tantas
pruebas, inmerecidas pruebas, solo para comprobar
una y mil veces que jamas perdiste el tesón, ni la voluntad, ni la fuerza
que heredaste de los vientos que soplaron tu existencia.
No deseo escucharte ahora que tu voz se demora con tanta rabia contenida.
Tan lejana la magia, tan ausentes los ángeles que moran tus baladas.
¿Cómo podría yo devolverte la mirada que contemplaba a mis ojos extasiados
por el caudal de tu alma?
No espero que me creas aquí, leyendo mis palabras, pero entiende que
no tengo otra forma de hacerte saber, cuan solitaria esta mi vida sin
el arrullo suave y romántico que generoso me entregabas.
Soy vasija rota y su agua derramada...
Por cada instante sin ti una gota de amor se desprende,
de este tonto corazón que tu ausencia despedaza.
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