
Ya esta, sucedió. Le puse fecha de caducidad a mi cuerpo.
Este cuerpo que fue mi refugio y mi càrcel al mismo tiempo.
En èl concebì los sueños màs sagrados, alberguè todas las ilusiones que una mujer puede imaginar.
Fuì matriz para dar y recibir vida y cuando menos lo esperaba me vì desechando el egoísmo, rescatando la paciencia y la templanza, amando sin lìmites ni condiciones.
Aùn yace dentro de mì un corazòn. Mi cuerpo lo conserva como quien guarda para el futuro alguna cosa que fue valiosa y que quizàs, algùn dìa, pueda usarse otra vez; como esa joya de la abuela que ya paso de moda pero da pena vender u olvidar.
Asì mi corazòn espera que alguien lo recuerde y le devuelva con un simple gesto, una mirada, no màs, el brillo que alguna vez luciò y que hoy parece haber olvidado para siempre.
Tambièn conservo un alma, la fortaleza de mi cuerpo. Es ella quien lo obliga a mantenerse firme, a salvo.
Es por mi alma y esa ilusiòn de reencontrarse con su esencia que este cuerpo no se pierde en los laberintos de la desolación.
Por mi alma es que sonrìe aùn, y se declara capàz de las màs audaces hazañas – como la que ahora emprendo- porque mi alma cree todavìa en los milagros y no se pierde jamàs en la resignaciòn.
Hay en este cuerpo una mente que vigila sigilosa el paso del tiempo y se prepara sin descanso para aquello que vendrà.
Mi mente sabe que la vida es apenas una sucesión de pasos que avanzan y retroceden de acuerdo a la firmeza con que son dados.
Ya mis pasos pisan fuertes, estruendosos. Lo sè, lo siento: voy camino a mi liberación.
Porque todo sucede por una razòn y hoy comprendo que el destino no es aquello que ya nos sucediò y no pudimos evitar sino, muy por el contrario, el destino es y serà siempre aquello que vendrà y para lo cual nos preparamos cada dìa
Un paso màs hoy, es un paso menos mañana.
Este cuerpo que fue mi refugio y mi càrcel al mismo tiempo.
En èl concebì los sueños màs sagrados, alberguè todas las ilusiones que una mujer puede imaginar.
Fuì matriz para dar y recibir vida y cuando menos lo esperaba me vì desechando el egoísmo, rescatando la paciencia y la templanza, amando sin lìmites ni condiciones.
Aùn yace dentro de mì un corazòn. Mi cuerpo lo conserva como quien guarda para el futuro alguna cosa que fue valiosa y que quizàs, algùn dìa, pueda usarse otra vez; como esa joya de la abuela que ya paso de moda pero da pena vender u olvidar.
Asì mi corazòn espera que alguien lo recuerde y le devuelva con un simple gesto, una mirada, no màs, el brillo que alguna vez luciò y que hoy parece haber olvidado para siempre.
Tambièn conservo un alma, la fortaleza de mi cuerpo. Es ella quien lo obliga a mantenerse firme, a salvo.
Es por mi alma y esa ilusiòn de reencontrarse con su esencia que este cuerpo no se pierde en los laberintos de la desolación.
Por mi alma es que sonrìe aùn, y se declara capàz de las màs audaces hazañas – como la que ahora emprendo- porque mi alma cree todavìa en los milagros y no se pierde jamàs en la resignaciòn.
Hay en este cuerpo una mente que vigila sigilosa el paso del tiempo y se prepara sin descanso para aquello que vendrà.
Mi mente sabe que la vida es apenas una sucesión de pasos que avanzan y retroceden de acuerdo a la firmeza con que son dados.
Ya mis pasos pisan fuertes, estruendosos. Lo sè, lo siento: voy camino a mi liberación.
Porque todo sucede por una razòn y hoy comprendo que el destino no es aquello que ya nos sucediò y no pudimos evitar sino, muy por el contrario, el destino es y serà siempre aquello que vendrà y para lo cual nos preparamos cada dìa
Un paso màs hoy, es un paso menos mañana.
1 comentario:
Me gustó! Hace un par de años creo que dí ese paso...díficil pero creo que lo conseguí...a veces es un camino díficil...
Besos.
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