Guárdate los sonidos de la noche.
Intensamente huecas las consignas,
esas trompetas que llaman por nada,
aquel desnudo incólume,
siniestro e imposible como una primavera sin jardines.
A veces canta alguien:
es un alivio que todos sonrían mientras se acaba el cielo.
Acariciemos otras soledades,
porque hemos transgredido la tristeza
y aún así no logramos escuchar, compartir el recuerdo,
revelarnos desiertos e invencibles.
Hoy apresuro el paso,
respiro de esta asfixia cotidiana,
de mi aliento culpable,
asesino de tantas lejanías.
Tenporalmente es bueno que callemos,
que la sangre llegue al río y a los ojos,
que se haga olas entre las gargantas
y desafíe el vértigo, el miedo, el perdón.
Insólita carnada para atrapar canciones
este cuerpo mordido por penumbras
y húmedos extravíos
mientras muere la noche.
Leidy Vidal García de su libro "Homo Noctis"
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