Espérame, como solías hacerlo. Sentado en el balcón de la vieja casa.
Tus piernas colgando, los brazos apoyados sobre la gruesa cadena.
La mirada fija en el mar siguiendo el vuelo razante de una gaviota.
Espérame con fe. No desestimes mi regreso. Queda en este cuerpo la paciencia
y el esfuerzo pero soy Tauro, ya sabes, y me atraviesa la fuerza de
este sueño que siento cada vez mas cerca de mí.
Espérame si quieres saboreando el vino aquel que describí con presición
extrema, pretendiendo asombrarte. Sírvete una copa en mi nombre y
no te resistas a los recuerdos de un rómantico brindis que, aúnque inexistente, se presentan
a gusto en tu mente porque yo así lo decido con la insistente irreverencia
de mi imaginación.
Espérame a la luz de las velas que encendí en tu corazón ansiosa de que
el fuego te abrigara con la misma intensidad que te abrigaban mis palabras.
Sí, mis palabras, las que atrevida esparcí- sin pedir permiso- en los jardines de tu mente.
Llené de lirios tus oscuros laberintos, lo sé, y más atrevida aún cultivé
rosas, blancas todas, en los pedregosos caminos de tu alma.
Ahora espérame porque me hace falta saber que estarás del otro lado
acunando entre tus manos la esperanza que nació de tí y de mí y de todo
el amor que compartimos. Aliéntame a seguir porque no es fácil ni
sencillo el recorrido y me siento débil cuando te ocultas, como se oculta
el sol tras las montañas. Sé piadoso y no te escondas ya de mí, que me
hace falta algo tuyo (un gesto, una señal...) tanto como a tí te hace falta
un ángel ahora y tú sabes bien de que te estoy hablando.
Espérame en sueños despierto o dormido. Espérame solo o rodeado de amigos.
Espérame sobrio, ebrio...excitado, aburrido. Espérame indeciso o
totalmente convencido. Espérame lejos o cerca, dá lo mismo.
Espérame...Solo espérame porque hoy....
Hoy lo necesito.
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