_ ¿De verdad te gusta ese sitio?, ¿qué buscas allí?_ La
pregunta llegaba como referencia a unas fotos que habían salido publicadas en
una revista, donde él aparecía en uno de esos antros que solía frecuentar.
Acompañado de algunas personas y en una actitud que a ella le pareció extraña.
Es que él se veía aburrido, distante, como si en verdad no deseara estar allí.
Como si aquel sitio le resultara indiferente y su presencia fuera solo un acto
rutinario. Una vieja costumbre que comenzaba a molestarle. Él le respondió
exultante, ajeno a lo que ella en realidad quería descubrir.
_ ¡Claro que me gusta!, allí están mis amigos y busco..... Diversión, música, alegría._
_ ¡Claro que me gusta!, allí están mis amigos y busco..... Diversión, música, alegría._
_ ¿Seguro?_ Ahora él comprendía su intención pero prefirió
indagarla.
_ ¿Qué otra cosa podría buscar yo en un sitio como ese?_ Ella
fue clara, precisa.
_Un escondite, un escape_
_ ¿De qué hablas?, ¿por qué iba a escaparme?_
_No lo sé, dímelo tú..._Ella solía jugar con su impaciencia y
eso.....
_ ¡Yo no estoy escapando! _reaccionó furioso, le molestaba la
forma en que hurgaba en su interior.
Ella no se dio por vencida.
_ ¿No?_ le pregunto y a él le sonó burlón su interrogante.
_ ¡No!_ dijo esperando acallarla. Ella guardo silencio y eso fue peor. Él reaccionó desafiante.
_ ¿No?_ le pregunto y a él le sonó burlón su interrogante.
_ ¡No!_ dijo esperando acallarla. Ella guardo silencio y eso fue peor. Él reaccionó desafiante.
_A ver Mi Reina, ¿de qué me estoy escondiendo, según tú?_ la
respuesta fue sencilla.
_De ti mismo_
El humo y el olor penetrante a cigarrillo le provocaron
náuseas. Miró a lo lejos y apenas pudo distinguir al grupo de amigos que lo
esperaban del otro lado del inmenso recinto.
Con paso lento, mezclándose entre la gente del exclusivo
salón Vip logró alcanzar la mesa que dispuesta especialmente para él albergaba
esa noche a quienes consideraba sus "cuates". Sus amigos de noches
intensas como esta, en donde todo era, diversión, fiesta, bellas mujeres y
buenos tragos.
A lo largo de estos meses en los que después de desgastar su
voz y su salud en docenas de escenarios, disfrutaba de una merecidas
vacaciones, la escena se repetía más de lo aconsejable.
Aquellas noches no pretendían ser más que lo que eran: una
forma de alejarse, una manera de escapar, un refugio a su soledad.
Comenzaba con una recorrida por los antros más exclusivos de
la Ciudad y terminaba en un sitio imprevisto. Aturdiendo los sentidos con la
música ensordecedora y los efectos de algunas copas. Con sus manos
confundiéndose en las de alguien más. Alguien de quien al día siguiente
seguramente no recordaría ni su cara, ni mucho menos su nombre.
Observó todo a su alrededor e imaginó que no estaba allí. Esa
misma tarde, mientras veía el mar se acordó de ella, su dulce secreto, y se
preguntó cómo serían sus noches, con quien las pasaría, y se sintió raro.
Porque nunca antes había tenido interés por saber de su vida. Ahora allí mismo,
volvía a tener una sensación parecida. Se imaginó en otro lugar y con ella a su
lado. ¿Pensará en mí?, se preguntó. Es que últimamente ella surcaba su mente
con más frecuencia de la que hubiese deseado y de pronto saber si a ella le
pasaba lo mismo se tornó urgente, casi una necesidad.
En los escritos que le regalaba siempre parecía mencionarle
un amor tierno, ingenuo, que él retribuía sintiéndose halagado y feliz de
recibirlo. Incluso, las veces en que conversaban, ella siempre parecía
demostrarle que su presencia le resultaba importante, casi imprescindible.
Hecho que alimentaba su vanidad y fortalecía su espíritu, muy
necesitado por esos días de un cariño limpio que borrara la angustia aún
latente de una cruel traición.
No era difícil para él entonces soñarla enamorada e
imaginarse ahora, caminando a su lado, dando los pasos que esperaba dar en
busca de un nuevo sueño. Un sueño iluminado que lo invitaba a renacer.
Alguien apoyo la mano en su hombro interrumpiendo su letargo.
_ ¿En qué piensas?_ le preguntó uno de sus mejores amigos
sorprendido por la lejanía de su mirada. Él sonrió apenas y bajó la cabeza. Su
amigo sonrió también y dándole una palmada en el hombro se alejó tras una
hermosa rubia que pasaba insinuante a su lado, invitándolo a la pista de baile.
Normalmente a esa altura de la noche ya estaría entregado a
la fiesta, disfrutando de la música y seduciendo con miradas y sonrisas a las mujeres que siempre le
rodeaban. Sin embargo esa noche nada parecía distraerlo de sus pensamientos,
los que instalados en su mente lo obligaban a sentir que aquel sitio ya no era
para él. Que no había en ese lugar nada que lo conformara, ni satisficiera y
que lo que estaba buscando no lo encontraría allí, sino muy lejos de aquel
lugar.
Pasaba muchas noches recostado en su cama, leyendo cada
palabra que ella le dedicara, buscando un indicio, una clave. Cualquier cosa
que le confirmara que lo que estaba sintiendo era correspondido.
Una mañana ella lo sorprendió temprano y él se descubrió feliz
de esa sorpresa. Hablaron, rieron y se hicieron bromas durante casi una hora,
hasta que él, imprevistamente le preguntó.
_ ¿Me quieres?_ Ella se sorprendió. Solía sugerirle sin que
sonara demasiado importante lo que empezaba a sentir por él, imaginando que lo
notaría, pero nunca esperó que él fuera tan directo. Trató de parecer casual al
responderle.
_ ¡Claro!_ Él insistió, quería estar seguro.
_ ¿De verdad?_
_Sí, de verdad_
_Yo también te quiero_ Le dijo y sintió que no solo se lo
revelaba a ella, también se lo decía a sí mismo, abriendo su corazón una vez
más. Se hizo una pausa hasta que él continuo..._ Y mira que no soy de decirlo
fácilmente_ Quería que entendiera la importancia de sus sentimientos, porque no
era fácil para él volver a sentir.
_Yo tampoco_ Aseguró ella, que no guardaba en su alma ningún
recuerdo que implicara sueños e ilusiones.
Ahora en aquel antro todo le parecía poco, escaso, para las
ansias que su corazón estrenaba y aquellas personas que antes fueran su más
cercana compañía, en estos momentos le parecían tan lejanas como las dudas que
le impedían ver, que el amor otra vez llamaba a su puerta.
Intentó salir de aquel sitio pero sus amigos se lo
impidieron. Era demasiado temprano para que los abandonara y menos sin una
compañía femenina. Lo rodearon y le propusieron otra ronda de tragos. Una más y
la cuenta ya era elevada pero no suficiente para confundir los sentidos como
normalmente sucedía. Bebió el trago apresuradamente. No quería ser descortés
con quienes tantas noches se ocuparon de curarle las heridas que le dejaran las
penas y el dolor de un amor equivocado. Se disculpó amablemente y busco la
salida enceguecido por las luces que ahora nublaban sus ojos. Hartos ya de
tanto brillo inútil y anhelantes de alguna luz tenue que lo llenara de paz y
serenidad.
Salió solo y con la mirada ausente y no notó los flashes que
disparaban sobre él buscando captar el preciso instante en que abandonaba aquel
sitio sin nadie que lo acompañara. Se subió a su auto y partió sabiendo que
dejaba atrás una etapa de su vida que, fue tal vez necesaria para sobrellevar
el vacío de su último fracaso, de su reciente desilusión, pero que ya no le
servía. Porque su alma tenía nuevamente motivos para creer en el amor y todo
aquello le resultaba entonces, demasiado gris, demasiado frío. Todo lo
contrario al suave calor que comenzaba a sentir dentro de su ser.
“Un dulce secreto rescata mi vida, del dolor, la angustia y
la soledad.
Serás en mi voz gaviota escondida, que lleva en sus alas mis
ganas de amar."
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