jueves, junio 14, 2018

Creí que te había olvidado


Creí que te había olvidado pero hoy supe que no fue así. Lo supe mientras mi piel se erizaba al escuchar los acordes de tu voz.
No fue intencional pero sucedió. Como tantas otras veces tu voz me sorprendió de pronto y se coló sin permiso en cada tramo de mi mente. Y así fue que sin pensarlo, o mejor dicho, cuando pensaba que ya no había nada tuyo dentro de mí, el más mínimo susurro de tu canto, tu más breve melodía, la hebra mas fina de tu talento me devolvió esa sublime y tan extrañada sensación: la de conocerte, la de saberte parte de mí.
No sé porque dudé y con mis dudas casi destruí este lazo que nos une desde hace ya…tanto tiempo. Es que entre tú y yo no hubo promesas, ni juramentos pero siempre existió esa cadena invisible, leal e indestructible que amasamos con las miradas sostenidas, el aliento eterno, la pasión consumada.
Nada de amores pero mucho de amantes. Amantes de la vida, del mar reflejando nuestros sueños, de emociones nuevas en canciones viejas, de pisadas fuertes en caminos difíciles.
Incondicionales tú y yo. Los mismos de ayer que no esperan nada pero siempre están: juntos, cerca, fieles.
Creíste haberme olvidado pero pronto sabrás que no es así.  Cuando salgas al ruedo como en cada regreso, altivo y brillante derrochando ese fuego que arde en la hoguera de nuestros corazones. Ahí sabrás que aún somos parte de ti como siempre lo has querido.
Y en tu mirada radiante que se pierde en la inmensidad de un horizonte de aplausos voy a sentirme pequeña, tan pequeña como un punto escondido pero expectante.
Sufriré la desidia de tus ojos lejanos, porque no serán míos los destellos que se abrirán paso entre la gente, tu gente. Y no me pertenecerá siquiera el susurro de tu mente que dará gracias a Dios por un nuevo milagro.
Pero a la vez me invadirá la magia de tu sonrisa, que será para mi como para tantas y seré feliz en la alegría de saberte satisfecho, reflejado en tu rostro ese momento que es la esencia de lo que has venido a hacer a este mundo.
Porque ahí, justo ahí en el tiempo que va desde que caminas hacia los acordes que te llaman hasta el preciso instante en que posas tus ojos sobre la muchedumbre. Exactamente ahí cuando tu cara de hombre se pierde y aparece en su lugar reflejado el rostro de ese niño que nunca quisiste abandonar. Es ahí cuando tu vida se manifiesta y cobra sentido. Es ahí cuando vives, sueñas, amas…eres.
Ese momento, tan tuyo y tan nuestro. Cuando el escenario no alcanza. Ni la música, ni los gritos son suficientes para aplacar tanta euforia. En ese instante sabrás, sabré, sabremos, que no hay razón ni motivo para creer en el olvido.

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