martes, julio 31, 2018

Ángel Rojo (acto 2)

Acto 2

-Permíteme que te invite – dijo mientras llenaba su copa- Esta es mi última creación- ostentó como si él fuera Dios y acabara de agregarle al mundo alguna que otra maravilla. Al ver los ojos de su ángel, observándolo, entendió su brote de arrogancia y completó la frase con un: -Humildemente- pero ya era demasiado tarde.
Ella agradeció con un gesto de su cabeza y le pidió la botella de vino para estudiarla. Leyó con atención cada palabra en su etiqueta y con desconfianza dijo:
-Entonces… ¿tú solo lo hiciste?-
- Bueno, tuve un poco de ayuda, pero es producto de mi inspiración-
-¡Vaya! debe ser maravilloso- Ella no completo la frase y él no estuvo seguro de, a qué se refería exactamente, por lo que se mantuvo en silencio esperando oír mas.
_ Te imagino bajo el sol en pleno valle, plantando tus vides, viéndolas crecer, saboreándolas, eligiendo los mejores racimos… ¡debe haber sido toda una experiencia!-
Mantuvo los ojos fijos en él, esperaba con ansias que el hombre corroborara sus dichos y le contara con detalles como había vivido cada instante de la creación de su vino, pero él solo pudo sonreír y bajar la cabeza.
Entonces ella sospechó que no había en ese vino más de él, que su nombre en grandes letras sobre una etiqueta dorada. Sin decir más, bebió entonces por primera vez un sorbo y con destreza realizó una cata exhaustiva buscando todos los aromas y sabores que pudiera descubrir
-Es bueno- dijo apenas el liquido se deslizo por su garganta. – tiene fuerza, carácter, pero le falta espíritu- Él la miro consternado.
- ¿Espíritu?- preguntó sorprendido. No imaginaba que a su vino le faltara nada y mucho menos algo que no podía imaginar siquiera, ni tampoco conseguir.
-Si- afirmó ella después de beber un segundo sorbo. – Definitivamente carece de espíritu-

Como vio que él no comprendía, o se negaba a comprender, esgrimió como prueba contundente de sus dichos la frase que quedaría en la memoria de ese hombre hasta el último día de su vida.
-"El vino es un ángel rojo, caído para siempre en nuestra copa"- La mujer le tomo las  manos y poniéndolas palmas arriba derramó sobre ellas un poco del contenido de la copa.
- Estoy segura que esta es la primera vez que tocas este vino. Si esto es así, este vino no tenía nada tuyo hasta ahora que lo sientes en tu piel.- Él, absorto bajo el embrujo de sus ojos descubría en sus palabras una verdad que tan expuesta, jamás había pasado por su mente. Ahora el ángel tomaba sus manos y las unía mezclando en ese gesto el calor del vino y de su cuerpo en un ensamble perfecto.
- Anda, pruébalo- Le dijo llevándole las manos hasta su boca- Hallarás más que aromas y sabores. Sentirás su espíritu, el que tú le has infundido con el contacto de tu piel.-
El hombre barrió con su lengua las gotas que sus manos sostenían y un secreto se le reveló de pronto. Esa mujer le estaba mostrando una realidad que él desconocía y se sintió tan torpe y tan feliz al mismo tiempo.
- Nunca lo había pensado así- dijo tratando de justificarse. Ella sonrió y le regaló una enseñanza.
-Solo se vive la vida involucrándose. Poniéndole el cuerpo, el corazón, el alma. No puedes decir que estás vivo, que has vivido, si no has hundido tus manos en la tierra, si no te has mojado con la lluvia o te ha castigado la piel el viento. Vivir es ser parte de algo o de alguien. Es mirar a los ojos, es conocer el dolor del otro, es ayudar, compartir, amar, sufrir. La vida solo será tuya cuando te la hayas ganado con tu entrega y este vino solo será tuyo, cuando te hayas entregado a él en cuerpo y alma.-

Se miraron y entendieron tantas cosas en esa mirada… Con el sabor del vino todavía en su boca, él le robó el más tierno de los besos y lo que siguió de ahí en más fue la conjunción más perfecta de cuerpo, alma y espíritu que dos seres humanos hayan experimentado jamás.
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Amarla era tan sencillo… Ella se dejaba querer como un niño huérfano necesitado de cariño, y sin embargo llegar hasta ella se convertía en toda una epopeya. Cuando creía saberlo todo, cuando se sentía al borde de su corazón, ya  en las entrañas de su alma, entonces una puerta se cerraba de golpe y él no podía más que retroceder y todo regresaba al principio, al vacío, la nada.

Ella guardaba un secreto. Él podía percibirlo en cada resquemor, en cada dejo de desconfianza. Pero nada de lo que hiciera o dijera lograba que ese secreto saliera a la luz y a veces era más sencillo para él entregarse a todo el amor y la pasión que ella le ofrecía que bucear en los escondrijos de su alma.

Se convirtieron en el equipo perfecto. Bastaba una rápida mirada para saber lo que cada uno estaba pensando y no había barrera que no pudieran vencer u obstáculo que no pudieran saltar con la fuerza que los aunaba. Se volvieron amantes intensos, deseosos de descubrirse, conocerse y aprender juntos las mil y una manera de procurarse placer.
Guerreros imbatibles.  Una sola palabra era suficiente para desatar la más encendida de las batallas. Luchaban con las palabras como expertos esgrimistas verbales, sostenían trasnochadas discusiones sobre Arte, política, música, cine o vinos con inusitado fervor, desafiándose el uno al otro y acababan siempre sus combates en la cama, donde todo
se resolvía con gemidos, besos y caricias.

Él la quería en su vida del modo que fuera y así se lo hacía saber cada vez que la oportunidad se presentaba,  pero ella siempre tenía reparos que no conformaban pero servían para prolongar el deseo y la espera un día más.
Porque eso era todo lo que ella pretendía: un día más. Tan solo un día más para amar, soñar, disfrutar…vivir.

En su afán por enseñarle a involucrarse con la vida, ese ángel que sacudía su mundo lo llevo por caminos que él ya no recordaba. A su lado visito lugares a los que no concurría desde niño. Camino por las calles de su mano como un desconocido y se embebió de los aromas y sabores de los pueblos que visitó, fascinado como una criatura.
Se sentó en los parques para ver pasar la gente y descubrir en sus rostros tristezas y alegrías. Recorrió las ferias y compro para ella cuanta chuchería encontró a su paso. Bebió agua de las fuentes que adornaron su romance y  hasta bailoteó descalzo una vez, tan solo para hacerla reír, sintiendo bajo sus pies la humedad del pasto recién cortado de una plaza olvidada.
A su lado se sentía Dios y demonio, Hombre y niño a la vez. El mundo se le hacía inmenso a veces y tan pequeño de pronto. Podía ser Rey cumpliendo todos sus deseos o afanoso bufón pretendiendo robarle una sonrisa a su rostro.

En su casa de la playa, juntos plantaron un árbol, amasaron panes e inventaron recetas que nunca dieron resultado.
Se bañaron desnudos en el mar y por las noches, bajo la luna llena se cantaron canciones de amor. En los sueños que siempre compartían en voz alta, se prometieron llegar juntos hasta el valle, para con sus propias manos crear un vino que llevaría por nombre: “Ángel rojo” en honor a la frase que ella mencionó, aquella noche en que le enseño en sus manos, el verdadero sentido de la vida.

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-Y ese vino, Ángel Rojo, se convirtió  en tu vida…- dijo el joven observando la copa que su padre sostenía con nostalgia entre sus manos- Pero ya hace 20 años de eso, ¿porque ella no está aquí contigo?_
_ Está… cada día más presente-el hombre suspiro con fuerza- no necesito su presencia para sentirla en cada rincón de esta casa, en cada vestigio de la naturaleza, en cada latido de mi corazón-
-Tampoco resultó, ¿verdad? Igual que con mamá- acotó el muchacho. El hombre lo miró con una media sonrisa en los labios
- Todas mis historias resultaron hijo. Cada una le dejo una enseñanza a mi vida y de todas rescaté algo. Ya ves que de la historia con tu madre me quedaste tú, y es lo más grande que he obtenido de una relación- el muchacho palmeó su espalda en un gesto de agradecimiento. El padre cariñoso acarició su cabello y continuó. – de ella, mi ángel,  me queda la esperanza renaciendo en estas vides y la certeza de que su alma regresará a unirse con la mía.
-¿Porqué se separaron?-
- No lo hicimos.- el joven lo miró insistente. – el destino nos jugó una mala pasada, pero sabes… el amor no se acaba donde todo el mundo cree.-

Se sirvió otra copa y continuó su relato. Ahora con más dolor que nostalgia.


Fueron unas cuantas semanas, pero tan intensas y tan definitivas… A veces pasas tu vida rodeado de gente, armando y desarmando historias, proyectando el futuro, escapando del pasado y un buen día te topas con alguien a quien no has visto jamás y de quien no sabes absolutamente nada y esa persona en apenas unas cuantas semanas te muestra todo sobre tu vida. Te enseña tu realidad como si te vieras de golpe y por primera vez frente a un espejo y te das cuenta que pasaste toda tu existencia solo sobreviviendo y  recién en ese instante, es cuando empiezas a vivir de verdad. Y esos momentos, aunque pequeños y efímeros. Aunque tardíos y breves. Esos instantes son los que justifican toda tu existencia.

Al cabo de quince días, catorce para ser más exactos, ella desapareció. Simplemente no llegó a la casa.
Algunas noches se iba, nunca me dio una excusa válida, pero yo no preguntaba. Y no es que no quisiera saber. Me mataba y me dolía la curiosidad, pero ella solo sonreía y me hablaba de la libertad individual y del respeto y yo acababa siempre asintiendo a sus discursos y dejándola ir porque lo único que quería era que regresara pronto, cuanto antes a mi lado.
Pero un buen día mi suerte se acabó y ella se fue, sin que yo pudiera hacer nada al respecto.

- ¿No la buscaste?- reclamó el jovencito que seguía el relato de su padre con gran atención
- ¡Como un loco!- exclamó – pero fue inútil- se resignó después.

Él no sabía nada de ella y cayo en la cuenta cuando ya era demasiado tarde. Nunca le preguntó nada acerca de su vida, ni de su familia, si acaso la tenía o no. No la interrogo tampoco sobre sus actividades. Si trabajaba o de donde obtenía su dinero. Ella cambiaba de tema las pocas veces que él intentó saber algo y en una ocasión hasta se puso seria y muy incómoda cuando él le pregunto si había hijos al ver la marca de una cesárea en su vientre. Así, con el paso de las horas, ella  se encargó de que él olvidara sus preguntas con los instantes de felicidad plena que le ofrecía. Con los besos y caricias. Con la fuerza de sus ojos y la férrea voluntad de sus palabras.
Ella se transformó en una ilusión, un suspiro, una visión. Fue un ángel que lo llevó hasta el cielo primero  y más tarde hasta el mismísimo infierno.


Ya habían acabado la primera botella y la segunda se dejaba descorchar generosa.
Los recuerdos seguían brotando, como de un manantial inagotable.
Un padre y un hijo sumidos en la charla más intensa de sus vidas. La jamás pensada, la menos imaginada. Uno de esos momentos que todos los padres deben vivir con sus hijos, al menos una vez en toda su relación filial.

Pero además eran dos hombres hablando de la vida, de sus errores y sus aciertos, de las circunstancias y los caminos que debieron transitar, tan solo para vivirla.

En la chimenea crepitaban los leños y el susurro de una voz cargada de melancolía eran los únicos sonidos del ambiente. El hombre se recostó en el amplio sofá junto al fuego. Era tarde ya y la jornada había sido agotadora, sin embargo no quería terminar con aquella plática. No sabía si tendría otra oportunidad de sacar afuera todos esos sentimientos que durante tantos años había guardado celosamente.

-Los siguientes diez años partí de viaje. El dolor me atormentaba y no podía permanecer demasiado tiempo en un mismo lugar. Los recuerdos me invadían y se hacían insoportables entonces buscaba escapar, del modo que sea, para que su imagen no me alcanzara.
Viajé por el mundo sin rumbo y sin descanso. No me detuve más de una o dos semanas en cada lugar que visite y no me preguntes nada acerca de esos sitios porque pase por ellos sin verlos. Eran simples refugios en los que me ocultaba del desgarro que su partida me provocaba.

Intenté aturdirme con mi trabajo. En ese tiempo me dedicaba a una actividad que yo siempre creí mi vida, mi pasión, mi razón en el mundo. ¡Que increíble! Cuando ella se fue todo dejo de ser importante y no hubo más razón para mí que ella y su recuerdo, ella y su partida, ella y este inmenso dolor.

Solo regresaba a mi país para verte. No quería que esto que me sucedía te afectara a ti también. Tu madre fue paciente y aceptó mi alejamiento casi sin decir nada y siempre se ocupó de que tú me esperaras y de que siempre supieras cuanto te amaba.

Mi fortuna se esfumó casi sin que me diera cuenta. La gente que se ocupaba de mis negocios intentaron por todos los medios hacerme reaccionar, pero todo fue en vano.
No sé si dilapidé todo en el casino, o en los tragos y mujeres o en alguna otra cosa.
Solo sé que nada de lo que hice me salvó de esta angustia que aún cargo en mi pecho como una mano gigante que me aprisiona y me impide respirar normalmente.
Fueron los diez años más terribles de mi vida, los más amargos, los más infelices.-

- Sin embargo yo te recuerdo llegar sonriente, siempre con un regalo. Y aunque no era mucho el tiempo que compartíamos, esos días los disfrutaba muchísimo. No tenía idea de tu dolor-

-Es que tú fuiste mi tabla en el mar. Lo único que me devolvía a la realidad y me salvaba del infierno. Creo que de no haberte tenido, si tu no hubieses estado en mi vida yo habría acabado con todo, sin siquiera pensarlo.-

- ¿Tanto la amabas?- el joven experimentaba hacia su padre una mezcla de compasión y ternura inmensa. Le dolía saberlo tan triste y le pesaba no poder ayudarlo.

Acabando la segunda botella llegaba el epílogo de una historia dolorosa pero fascinante y comenzaba con una conmovedora interpretación del amor que el hombre describió ya con lágrimas en sus ojos, tan llenos de viejos  recuerdos.

- Cuando crees que la vida te lo ha mostrado todo, que has vivido las más increíbles experiencias, visitado los sitios mas extraordinarios. Cuando te han ocurrido las peores tragedias y has tenido todo lo que has querido. Cuando el mundo comienza a resultarte pequeño y las personas no pueden ofrecerte nada que tú no hayas tenido ya.
Entonces, si de pronto una simple sonrisa, en los labios de una mujer puede hacerte estremecer con tan solo asomarse en su boca te darás cuenta que la vida siempre te sorprende y cuando menos te lo esperas estarás volviéndote loco de amor por el mas simple y hasta entonces insignificante gesto y comprenderás que no eres mas que un  punto en la inmensidad del universo y que nunca es suficiente lo que hayas atravesado en tu camino, siempre hay algo más por descubrir. Ella fue eso para mí. La oportunidad de descubrirle un nuevo sentido a la vida. Una nueva oportunidad.-

-¡Pero no te sirvió de nada!- dijo el joven exaltado- Ella se fue, te dejo y tu caíste en lo más bajo. ¿De qué oportunidad me hablas?-

El hombre bebió el último sorbo y un aleteo de su Ángel rojo le acarició la garganta.

-La oportunidad llego después…- dijo sonriendo - Cuando volvimos a encontrarnos.-

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