martes, julio 31, 2018

Ángel Rojo (acto 3)

Acto 3

Fue en un país de Europa, de esos que están bien al norte y hace frío, mucho frío. Él llegó al bar rodeado de un grupo de amigos. Eran pocos pero no se le despegaban. Ya sea para acompañarlo, o para vigilar que no decayera más aún.
Juntos reían, apostaban, se emborrachaban, en fin…cualquier cosa que los anestesiara y los ayudara a olvidar…
Entraron al bar y eligieron la mesa mas alejada. Pidieron unos cuantos tragos, más de los acostumbrados porque la noche se presentaba larga y tediosa y era preciso tener con qué combatirla.
Sobre el escenario tres músicos intentaban darle un clima bohemio al lugar y de a ratos, solo de a ratos, lo lograban.
La camarera les sirvió las copas con pereza. Era tarde y el ritmo se perdía tras el cansancio de una noche oscura.
Pasaron las horas y los pocos clientes del lugar se fueron yendo, despidiéndose de  los tragos y llevándose todos, la nostalgia.
Cuando solo quedaron ellos, los de la mesa alejada, la música se detuvo y los tres integrantes de aquella banda, dejando sus instrumentos, se dispusieron a terminar con otra velada inútil y vacía.
Pero el hombre, ya muy entrado en tragos los detuvo. Quería ahogar sus penas, no en el alcohol, sino en su eterna compañera y la única capaz de consolarlo: la música.
Con desgano los músicos regresaron a sus sitios, generosa propina de por medio, para acompañar al solitario y triste parroquiano.
Apenas surgieron los acordes, su voz se deshizo en lamentos que incomprensibles desentonaban con vehemencia. Sus amigos entre risas y burlas lo alentaban a continuar con una tarea que hasta ese momento parecía imposible de concretarse.
No hubo bolero o vieja balada que escapara a su desentonado empeño y quedara deshecho en mil pedazos.
Al otro lado del salón una silueta lo observaba sin salir a la luz. Era una mujer y el hombre notó sus curvas apenas se dio cuenta del escrutinio al que lo sometían.
Con un gesto ella le pidió a la camarera que le acercara una copa de vino y un mensaje.

-La dama cree que esto le ayudara a cantar mejor- la  camarera extendió la copa de vino para que él la tomara pero el hombre la rechazó.
- Gracias- dijo levantando el tono de voz para que la silueta en las sombras lo escuchara
- pero ya tuve suficiente de esto y como ve no me ha ayudado en nada-
- Te ayudaría si se lo permitieras.-dijo la mujer avanzando unos pasos.- El vino es mucho más que el líquido en esa copa. El vino es  vida, es espíritu… es como un ángel-

Aquellas palabras lo elevaron de pronto quitando de su cuerpo y de su mente todo el cansancio, la pesadez y la bruma que hasta entonces lo envolvían. Abrió sus ojos enormes al comprender que la mujer de su vida, aquella que creyó perdida para siempre y por la que se dejaba morir desde hacía más de 10 años, estaba escondida tras la sombra y esas palabras, que fueron tan suyas y que marcaron a fuego la historia que los unía.
Abandonándose a la fuerza de sus instintos se dejo llevar llegando hasta ella con todo el amor y la pasión que guardaba contenidos en el fondo de su corazón.

Cuando estuvieron frente a frente, se reconocieron en las almas que asomaban desde el fondo de sus ojos y no hizo falta el contacto, ni las lágrimas, porque aquello no era un  reencuentro sino la simple continuación de lo que habían dejado pendiente alguna vez.


-Imagino tu alegría al volver a verla- dijo el joven con la emoción reflejada en su mirada.
- Fue más que eso. Sentí la vida regresando a mi cuerpo. Yo estaba muerto y no lo sabía, o mejor dicho, no quería darme cuenta.-

Los primeros albores de la mañana se colaban por las persianas. El joven recostado esperaba oír más de los relatos de su padre, pero la mañana estaba cerca y debía partir a los viñedos.
Desayunaron en la galería con la vista de las nevadas montañas y se prepararon para la ardua tarea del día.
Las vides estaban en su apogeo, la vendimia se acercaba. Vendrían tiempos de gloria y ya planeaban disfrutarlos juntos.

- Será una espléndida cosecha- exclamó el joven con orgullo- es una pena que solo estemos tu y yo para compartirla-.
-Intentas convencerme de que te permita invitar a tus novias.- dijo el hombre entre risas
- No, no me refería a eso, sino a ella… tu ángel. Ella debería estar aquí ahora. Después de todo, haz levantado este viñedo por su recuerdo.-
- No fue por su recuerdo- dijo el hombre convencido- Fue por la esperanza de su regreso-

Aquella noche en el bar conversaron hasta que los sorprendió el reflejó del sol sobre la nieve que cubría las veredas. No fue una conversación convencional. En realidad hubo más silencios y miradas que palabras dichas. Por momentos solo podían observarse y tratar de comprender que había sucedido con ambos durante todo ese tiempo que estuvieron separados.

-Durante años espere un mensaje, un llamado, algo que me dijera qué había pasado contigo-
El hombre se esmeraba porque sus palabras no resultaran un reproche. Ella tomó su mano y una lágrima descendió lenta por su rostro.
-Lo siento- solo pudo decir.
-Me gustaría preguntarte tantas cosas….- dijo él- pero ni siquiera sé por donde comenzar-
- Empieza por decirme que haces aquí- pregunto ella- en este lugar tan alejado de tu mundo-
- ¿Mi mundo? Mi mundo eras tú, ahora solo sobrevivo y me pierdo en estas latitudes para escapar de tu recuerdo- Ella lo miró desconcertada.
- Pero… yo creí que eras feliz. Al menos, eso es lo que decían las revistas-
- ¡Ah si, las revistas!- exclamó irónico- ellas se acuerdan de vez en cuando de mí, especialmente cuando me ven caído en desgracia.- Ahora él tomaba su mano y la besaba con ternura-  En las revistas no se trasluce el dolor. Solo se ven las muecas del éxito y las cicatrices del alma se disfrazan con falsas sonrisas de fotografía.
-¡Que pena! Porque imaginarte feliz aliviaba el peso de mi condena-
Ella soltó su mano y se refugió en un trago de su bebida. Él esperaba oír mas, quería saberlo todo de su dolor, su partida y esa condena a la que ella se refería.
Espero y los segundos se le hicieron eternos. No quería presionarla, ni atormentarla, pero necesitaba imperiosamente saber los motivos que lo habían alejado de la única mujer que había cambiado el rumbo de su vida alguna vez.

Ya con el sol acariciándolos salieron a la calle y caminaron un poco. Las copas de los árboles intentaban deshacerse del frió de la helada nocturna, mientras ellos trataban de quitarle a sus corazones todo el frío del olvido y la distancia.

- Cuando te conocí le di gracias a Dios por ese instante de magia. Mi vida siempre fue un túnel oscuro  que atravesé con resignación. A la muerte de mi padre, al que adoraba y con él único con quien podía sentirme amada y protegida, mi suerte cambió de manera drástica y radical. Yo era muy joven, y muchas personas decidieron por mí. Me unieron en matrimonio a un hombre al que yo apenas conocía y me vi de pronto sumida en una vida que yo no había soñado, ni pedido. Tuve dos hijos hermosos y ellos se convirtieron en  mi razón de vivir. En todo lo demás fracasé. No fui buena esposa, ni buena amante, ni tampoco me destaqué como ama de casa. No seguí una carrera, ni emprendí un negocio, nada de nada y todo eso me llenaba de frustración y de amargura.-

Ella tomo su brazo para sostenerse mientras caminaban. Apoyó la cabeza en su hombro y cerro los ojos un momento, como buceando en sus recuerdos.

-A los pocos años de nacido, mi hijo menor enfermó. Durante años no lograron dar con el diagnóstico de su mal. Visite decenas de médicos en mi país y al no obtener ninguna respuesta decidí viajar por el mundo tratando de hallar una salida. Eso precipito el fin de mi matrimonio que ya se había convertido en una amarga rutina. Uno de esos viajes me llevo hasta tu país y por eso estaba en la playa ese día, cuando me encontraste. No hacía turismo, ni estaba allí por negocios. Yo buscaba respuestas a la enfermedad de mi hijo y  te encontré a ti, que buscabas respuestas a las preguntas de tu corazón. No hubiese servido de nada aquel encuentro sino hubiésemos hallado, uno en el otro, el alivio y la comprensión que tanta falta nos hacía para seguir viviendo.

-¿Por qué no me contaste? Yo podría haber hecho algo…-
-Nadie podía hacer nada y por eso me fui, en busca de otro sitio donde alguien más pudiera darme una respuesta.-
- Entonces … fui solo un pasatiempo- dijo él consciente de un nuevo dolor. Ella tomo su rostro y lo cubrió de besos.
-Tú fuiste una luz que me acompañó siempre, iluminando mi búsqueda, alivianando mi cruz. Aquellos días fueron los más bellos de mi vida y me restauraron la esperanza, pero yo no podía quedarme. Mi vida está consagrada a la curación de mi hijo y eso es algo que solo me compete a mí y que no puedo compartir con nadie.-








- ¡Déjame acompañarte! Estaré a tu lado, seré tu amigo, tu compañero, lo que tú decidas-
- No puedo. No sería capaz de someterte a esta vida tan llena de dolor y desconsuelo-
-¿No lo entiendes? Yo vivo en el dolor y el desconsuelo desde que te perdí. Tenerte cerca sería para mí la más sublime de las bendiciones-
- Tu tienes un hijo, sano, bello, que te necesita y por él tienes que ser feliz. Esta es mi vida, mi dolor y solo a mí me corresponde.-
- Al menos, dime que sabré de ti…- Se abrazo a ella con fuerza. No quería perderla otra vez aunque sabía que de todas formas escaparía de su mundo, sencillamente porque no era allí donde pertenecía. Ella lo miró con inmensa ternura.
-Abrázate a la vida- le dijo vehemente- no te dejes vencer. Hunde tus manos en la tierra que yo caeré en tu copa… para siempre-

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Con esta frase se despidió. La vio alejarse apurada, envuelta en su abrigo, escapando del frío y de él que tanto la adoraba.
Ahora que lo sabía todo no se resignaba a un final tan amargo y triste para su amor.

Caminando entre las vides padre e hijo se maravillaban del paisaje. Aquellas montañas, el lago, la nieve conformaban el paisaje perfecto para la historia que los conmovía.
El hombre descansó en un claro del valle. Sentado sobre un tronco caído comenzó a relatar los últimos tramos de su vieja historia de amor.

- Después de aquel encuentro regrese a casa y me ocupe de ti con devoción. Quería encontrar la forma de hacer honor a sus palabras y al mismo tiempo quería que tu supieras que al igual que ella, yo también consagraba mi vida a la felicidad de mi hijo. Ella tenía razón. Tu estabas tan lleno de luz y de vida que el peor de los pecados era  seguir desperdiciando mis horas intentando mitigar un viejo dolor. Tenía que sobrevivir. Por mi, por ella y su lucha, pero sobre todo por ti, porque tu me necesitabas tanto como yo necesitaba aferrarme a la esperanza.-

El joven lo interrumpió  de golpe. Sonreía pleno con las añoranzas que llegaban hasta su mente.
- Recuerdo aquel viaje a las montañas, cuando me dijiste “Vamos a  hablar de hombre a hombre”. Estabas tan serio y preocupado por mis estudios, mis amigos, que yo imaginé que algo malo te estaba sucediendo.-
-Solo estaba intentando ser padre. ¿Sabes? eso no se aprende en ninguna universidad. No hay libros que te indiquen qué hacer, o cómo actuar. Tienes que vivirlo y aprender de tus errores.-
-¿Pero no fue tan difícil conmigo, verdad?-
- Tú fuiste y aún sigues siendo un hijo maravilloso-

Los siguientes diez años fueron de aprendizaje y reconstrucción. El hombre que resurgía de sus excesos lo hacía con la convicción plena de que la vida lo recompensaría, algún día, con el regreso de su ángel.
Para eso retomo su antiguo amor, aquella carrera que tantas satisfacciones como desventuras le había dado y con un poco de suerte y mucho empeño consiguió posicionarse nuevamente y encontrar un lugar en el mundo, su antiguo y extraño mundo.
Sus amistades, familiares y admiradores se lo celebraron y colaboraron de todas las formas posibles para concretar aquel anhelo, pero el hombre sabía, intuía en su interior que aquello solo sería un paso, el primero para conseguir lo que en verdad necesitaba.

Él quería involucrarse, soñar, sentir. Quería beberse la vida y hundir las manos en la tierra hasta convertirse él también en parte de la naturaleza, los valles, las montañas, los ríos.
Al cabo de algunos años y después de haberse recuperado tanto económica como física y emocionalmente decidió comprar una finca, en un hermoso valle y alejarse así de todo lo conquistado y comenzar de cero a construir un nuevo mundo. Un mundo para su ángel.

Se ocupó de que ella supiera de todos sus pasos y ella hizo lo propio dejándole señales de los sitios que continuaba visitando en busca de una cura para su hijo.
Nunca falto un llamado, o una carta, o un mensaje. Y todos reflejaban el inmenso amor que jamás dejaron de profesarse.
Sabían que era solo cuestión de tiempo que la vida volvería a reunirlos. Solo necesitaban de un milagro y para eso trabajaban día a día, cada uno en su mundo, involucrándose, entregando lo mejor de sí mismos.

“Ángel rojo” fue el primero de una serie de vinos que elaboró con sus propias manos. Aprendió cada paso de su creación y fue participe directo desde el nacimiento de las vides hasta la venta de cada botella.
Se rodeo de grandes amigos, y busco los mejores profesionales para que todo fuera de la mejor calidad, pero sin olvidar lo más importante: impregnarle a su vino todo el espíritu y la fuerza de su alma.

-Cada vez que sirvo un poco de este vino, puedo ver en el rojo de su cuerpo, la belleza de un ángel  que cae lentamente dentro de la copa y sin vacilar se entrega para fundirse con el alma de quien por fin lo beba- El joven observó el liquido brillante que bailoteaba dentro del cristal y se sintió parte de una magia diferente. La de un amor que más allá del tiempo y la distancia aún esperaba ansioso por nacer.

-¿Hasta cuando piensas esperarla?- pregunto de manera directa. Su padre lo miró un instante antes de contestar.
- No hay respuesta para esa pregunta.-dijo por fin-  Sería como preguntarle al sol, hasta cuando piensa brillar, o al viento hasta cuando tiene planeado soplar sobre la tierra.-
-Pero… ¿y si ella no regresa?, Si nunca sucede, habrás desperdiciado tu vida y jamás serás feliz-
-Hijo, soy feliz ahora contigo. Fui feliz creando mi vino. Seré feliz mañana en la vendimia.
La felicidad no es la meta, sino el camino que transitamos buscando llegar a ella. Jamás podría considerar en vano esta espera, porque cada momento es y siempre será una nueva ilusión que le dará a mi vida la fuerza necesaria para seguir viviendo, creciendo, esperando, creyendo. Y de eso se trata la vida: de tener un sueño y nunca, pero nunca abandonarlo-

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