En este momento te imagino y un centenar de mariposas danzan furiosas
dentro de mi cuerpo. Puedo sentir el fulgor de tus ojos, abiertos
de par en par, intentando abarcar un sinfin de imagenes inolvidables.
Se estremece mi cuerpo imaginando las prisas de tu alma por atraparlos
todos: los gritos, las vivas, los aplausos, los sueños.
En este momento darìa lo que fuera por ser ese segundo en tu mente,
justo cuando anhelas màs que nada en el mundo compartir esa magia
maravillosa que te llena de orgullo y satisfacciòn.
Por ser ese nombre al que recurres para enloquecer con tus ansias
de contarlo todo: Los nervios, las ganas, los juegos, hasta los
errores impensados.
Me dejarìa matar tan solo por compartir contigo un ìnfimo instante
de esos que te muestran sin apariencias, falsedades, ni mentiras.
Yo sè bien donde te encuentra la verdad. En que esquina te deshaces
de tus pieles y te expones sin verguenza, ni remilgos a la mirada
directa de los ojos que te juzgan solo por lo que hay en tu interior.
En este momento quisiera dejar de ser un recuerdo. Tan solo en este
momento para correr a abrazarte y decirte en un silencio ¡Que bien,
pero que bien lo has hecho!
Si Dios me diera a elegir, tan solo un breve momento para llevarme
conmigo en las vidas que le siguen a esta, escogerìa el minuto
en que tu rostro se enciende, radiante, pleno en su grandeza. Enmarcado
en la entrega de tu voz iluminada para recibir las fuerzas de un àngel
maravillado; que no alcanza a comprender como es èl y no tù, quien en
hacia el cielo se eleva hasta rozar lo sagrado.
En este momento -y no en otro- te pedirìa que vuelvas. Aunque màs no sea
un instante para sentirte de nuevo en mis venas. Porque nadie màs que tù
consigue recorrerme entera y estremecer cada pilar de este templo que
te espera. Muy a pesar de todo, màs allà de cualquier frontera.
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