Madrid, España, 15 de Octubre
Querido Luis Miguel:
Quizás esta carta jamás llegue a tus manos, pero mi corazón necesita expresar en palabras todo lo que siente por ti.
Es tan grande mi amor que mi vida toda gira en torno tuyo, no hay día en que no te imagine, ni noche en que no te sueñe.
Cada palabra que has pronunciado permanece en mi mente como el más sagrado de los mandamientos y aguardo ansiosa el día de tu concierto para enamorarme una vez más de tus canciones como cada vez que tengo la suerte de presenciarlos. Me gustaría contarte mucho sobre mi pero, no quiero aburrirte, solo quiero que sepas que a diario hago cosas en tu nombre porque me siento tu "incondicional", si hasta me puse a estudiar piano para poder interpretar tus temas....
Ojalá y el destino me permita algún día dedicarte una canción y que tu hicieras lo mismo para mí, ¿crees que sea posible?
Ya me despido, te dejo todo mi amor y mi admiración.
Te amo, Evelyn
Dobló cuidadosamente la carta y la guardó en un sobre que roció previamente con su perfume preferido. Esa tarde se reuniría con las chicas del club de fan's y juntas marcharían hasta el hotel en busca de la oportunidad de verlo como lo hacían cada vez que el pisaba suelo madrileño.
Se preparó para la ocasión como si fuera la cita de su vida con su príncipe azul y no se despego de la pequeña carta ni por un segundo ya que su mayor ilusión era entregársela en mano propia y temía olvidarla en algún rincón de la casa.
Llegó puntual y ya en el lobby la esperaban algunas de las muchachas. Juntas planearon la estrategia para abordar a la Coordinadora de clubes de fan's que se encontraría con ellas en cualquier momento.
El objetivo principal era lograr que les permitieran el acceso a la Suite presidencial donde Luis Miguel descansaba y poder robarle algunos instantes de su tiempo con el único propósito de saludarlo y quizás tomarse algunas fotografías con él.
Sabían que no iba a ser fácil. En la primera etapa de la Gira solo habían tenido la maravillosa suerte de verlo en persona, un grupo de chicas en San Diego, Usa y algunos miembros de un fan club de Rep. Dominicana. En el resto de las ciudades nadie había logrado acercarse a él, ni siquiera en México, su país.
De uno de los ascensores descendió Stephany, la Coordinadora y con una gran sonrisa recibió al grupo de muchachas que aguardaban impacientes su llegada.
Hablaron amablemente y ninguna de las cinco jovencitas se animaba a pedirle que las llevaran con Luis Miguel. Hasta que Evelyn que se destacaba por su carácter extrovertido y decidido, dio el primer paso.
Disculpa el atrevimiento pero, ¿crees que exista alguna posibilidad de verlo?_
_ Lo siento chicas, eso no va a ser posible, Micky está muy ocupado y además no hemos programado nada con los clubes de fan's_ Stephany sonrió a modo de disculpa y se despidió de ellas con la promesa de verlas al día siguiente para obsequiarles algunas fotos autografiadas.
Las muchachas regresaron decepcionadas a sus casas, excepto Evelyn que decidió permanecer un momento más allí, porque algo le decía que no todo estaba perdido y siguiendo a su corazón se encaminó segura hasta el bar del Hotel. Pensaba en la forma de hacerle llegar su carta. Ideó mil maneras de escabullirse y llegar así a su habitación pero desistió de todas ellas al darse cuenta que la seguridad en aquel sitio era infranqueable y que nada de lo que ella intentara daría resultado.
Con la mente divagando pasó más de dos horas en aquel sitio y ni siquiera se dio cuenta que ya se había hecho de noche. Al notar esto decidió llamar a su casa para que vinieran por ella, ya que el trayecto era bastante largo y temía hacerlo sola. Pidió otro jugo de naranjas al mesero y se recostó en la silla a esperar. No hizo más que acomodarse cuando divisó a lo lejos, en uno de los ascensores laterales un pequeño tumulto de gente entre los que reconoció a los guardaespaldas de Luis Miguel.
Se levantó de inmediato y apurando el paso llegó hasta donde estaban ellos. Al acercarse comprobó que los gigantescos hombres le impedían ver a la persona que estaba entre medio de los dos, de quien Evelyn ya sospechaba se trataba de su ídolo.
Abriéndose paso entre los que pugnaban por acercarse, algunas muchachas y unos fotógrafos entre otras personas, se hizo un huequito que le permitió quedar justo al lado de uno de los guaruras.
Caminando con grandes trancos atravesaron el lobby del hotel hasta llegar a una de las puertas de acceso. Justo allí se detuvieron. La gente se había amontonado de tal forma que les era imposible continuar hasta alcanzar el automóvil que los esperaba sobre la calle principal.
Evelyn no pronunciaba palabra. En otras ocasiones, cuando había tenido la chance de verlo en algún evento o en la entrada de los diferentes hoteles se había desgañitado gritando su nombre con la esperanza de que él la viera y así robarle un saludo o una sonrisa. Ahora era diferente, ella no buscaba su mirada, solo quería entregarle su carta y pensó que había una sola manera posible de lograrlo.
Estiró su mano todo lo que pudo mientras estaban detenidos tratando de abrirse paso entre la gente y con un ligero movimiento introdujo la pequeña carta en uno de los bolsillos que tenía la chaqueta de Luis Miguel.
Entre tanto alboroto, él no notó lo que Evelyn había hecho, tampoco la gente que lo custodiaba que trataban en vano de no permitir que continuaran fotografiándolo. Cuando supo que la carta ya estaba en su lugar se alejó para evitar que siguieran empujándola como lo estaban haciendo. Caminó unos pasos hacia atrás y pudo ver como los dos grandes hombres se metían entre la gente y casi alzando al pobre de Micky lo introducían al auto que los sacó de allí a gran velocidad. Parada sola en medio de la acera ostentaba orgullosa una gran sonrisa, producto de su hazaña y la esperanza de que él leyera las frases que había escrito con todo su corazón.
Primera noche en Madrid, la "Plaza de toros" lucía un lleno total. El concierto estaba en su máximo esplendor y Micky se veía más guapo que nunca.
En la tercera fila Evelyn seguía con minuciosa atención cada tramo de aquel show. Era su noche mágica y soñaba en secreto que su carta había llegado hasta él y en algún instante de ese concierto algo le diría que la había leído, que había comprendido todo su amor y devoción.
Las luces permanecían apagadas desde que Micky escapara por uno de los laterales para hacer su último cambio de vestuario. De pronto se encendieron y en medio del escenario, un imponente piano de cola hacía su aparición sorprendiendo a todos los allí presentes.
Evelyn sintió que la vida podía ser maravillosa y sin quitar la vista de aquel piano percibió cómo las lágrimas corrían ligeras por su rostro.
Micky atravesó el escenario y ubicándose en el imponente instrumento comenzó a tocar los acordes de una canción que ya era un Himno para todos quienes lo admiraban.
En medio de un silencio absoluto producto de la sorpresa y la fascinación, las notas de "La incondicional" se elevaban para sobrevolar el aire de aquella noche mágica y regresar en las voces de miles y miles de personas que no dudaban en entonarla con todo el amor y la emoción de la que pudieran ser capaces.
Sus manos se desplazaban sabias por las teclas blancas y negras otorgándole a su imagen un aire altivo, supremo y quién lo observaba podía descubrir en él al músico brillante y dedicado que vivía en su interior.
Comenzaban a sumarse el resto de los instrumentos que conformaban su banda y poco a poco la música fue única protagonista en aquel lugar, en una nueva demostración del arte y la grandeza que cubren al más importante de los artistas contemporáneos.
Llorando a mares, Evelyn imaginó que aquel instante le pertenecía. Que lo que él estaba haciendo sobre el escenario esa noche era para ella, y tenía como precedente la carta que le había entregado de la manera más loca e increíble.
Ahora soñaba que su hazaña había valido la pena. Que él había leído sus palabras y las había interpretado de la manera más maravillosa, y que esta canción, tocada allí en el imponente piano era la forma que él había encontrado para agradecérsela.
¿Pero quién podía asegurarle que aquello fuera cierto, que las cosas habían sucedido así realmente?. Sonrió al darse cuenta que quizás todo fuera producto de la casualidad, o del destino y sonrió aún más cuando descubrió que no le importaba. Aquel era su sueño hecho realidad y le agradeció a Dios por estar allí, viviéndolo.
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