“Te dejo mi ángel, para que te abrigue con sus alas, cuando el calor de mi cuerpo te falte, ¡puedes hacer con él lo que quieras!, Encerrarlo en el baúl de tus recuerdos o condenarlo a la calidez de tu pecho, otorgándole así, el más dulce de los tormentos. Te dejo también mi alma, esparcida en cada rincón de tu mundo, ¡puedes hacer con ella lo que quieras!.
Te sugiero, ¡anídala en tus sueños!, O puedes quizás refugiarla en las estrofas de una nueva canción, para que la sientas parte de ti y yo quiera cantarla a cada instante. Me llevo tu sonrisa, y la luz de tus ojos, también el roce de tus manos y la ternura de los besos que nos dimos. ¡Perdóname si estoy abusando!, Pero es que ya no puedo quitarlos de mi vida. , Porque son mi regocijo y mi dolor, y perdurarán en mí, hasta que me vuelva cenizas. Intenté alcanzar una estrella, la más brillante, y no entendí que tanta luz podía enceguecer mi camino, y me perdí en aquel intento, quedándome sin luz y sin estrella, Con las manos vacías y muy poco para ofrecerte. Ya es tiempo de abandonar esta fantasía y emprender el viaje de regreso, a mi sombría realidad. No sé si volveremos a vernos, pero yo te seguiré soñando, lejano y brillante, como la más fugaz de todas las estrellas.”