jueves, enero 18, 2007

De mi última lectura

...El doctor introdujo un pequeño pedazo de fósforo bajo un tubo cerrado por
uno de sus extremos y lleno de mercurio. Hizo fundir el fósforo acercando
el tubo a la llama de una vela. Despúes, por medio de una pequeña
campana de ensayos llena de gas oxígeno hizo pasar el gas a la campana
muy poco a poco. En cuanto el gas oxígeno llego a la parte superior de
la campana, donde se encontraba el fósforo fundido, se produjo una
combustión viva e instantánea, que los deslumbró como si fuese un
relámpago.

-Como ve, todos tenemos en nuestro interior los elementos necesarios
para producir fósforo. Es más, déjeme decirle algo que a nadie le he
confiado. Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien
todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los
podemos encender solos, necesitamos, como en el experimento, oxígeno
y la ayuda de una vela. Solo que en este caso el oxígeno tiene que
provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede
ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que
haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un
momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción.
Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo
poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión
a reavivarlo.
Cada persona tiene que descubrir cuales son sus detonadores para
poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos
es lo que nutre de energía al alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento.
Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores
la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo
fósforo.
Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas
más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma,
ignorante de que solo el cuerpo que ha dejado inerte, lleno de frío,
es el único que podría dárselo...
...-Claro que también hay poner mucho cuidado en ir encendiendo los cerillos
uno por uno. Porque si por una emoción muy fuerte se llegasen a
encender todos de un solo golpe producen un resplandor tan fuerte que
ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante
nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino
que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro
perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde
proviene, dejando al cuerpo inerte.

"Como agua para chocolate" Laura Esquivel

4 comentarios:

Muxica dijo...

Hola: Pasaba por aqui y me pare verte.
Un abrazo

Jezabell Suad dijo...

Gracias!!!
saludos

Anónimo dijo...

Me encantó el libro y la película. Magia pura.

Un abrazo

Jezabell Suad dijo...

A mi también!! La película es una obra de arte.
Adoré las "Codornices en pétalos de rosas".
Gracias por pasar!!
Saludos

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