martes, enero 09, 2007

Hoy me permití recordarte. Sabes que desde aquella vez, ( mira nada más como llamo al día en que la distancia se interpuso entre nosotros) desde esa vez me propuse destinar solo algunos momentos de mi vida para pensar en ti, en lo que vivimos y recordar nuestras charlas, nuestras ocurrencias y todo aquello que hizo de nuestra historia algo "especial" como tu solías llamarla.
Te decía que hoy me permití recordarte y dedicarte unos momentos de mi día para pensarte. Y de esos recuerdos surgio esta pregunta: ¿cuál fue el error? bueno, si es que acaso hubo un error, porque ya ha pasado tanto tiempo que ni eso me queda claro.

Pero suponiendo que sí existió uno, habría que preguntarse también quien lo cometió. Si fui yo o fuiste tu, si acaso fuimos los dos, o no fue ninguno sino la vida, Dios, el destino.

Si el error lo cometimos tu o yo, o tu y yo, creo que sentirnos culpables no tiene ningún sentido. Después de todo, ¿que más podríamos haber hecho?. Si lo vivimos todo con la emoción de dos niños que juegan a las escondidas, si nos entregamos libres en cada palabra, si no hubo reparos para conocernos, ni obstáculos para confiar el uno en el otro. Yo no me arrepiento, ¿ tu si?.


No hay nada en el mundo que me haga sentir que me equivoqué o que aquello no debió ser, porque sé que cada ser humano viene a este mundo para encontrarse con su otra parte, esa que formo un solo ser con nosotros en algún punto del universo y que el destino separó, solo para que algún día vuelvan a reconocerse, en una mirada, una palabra, una emoción.

A veces pienso que el destino, ese cruel y despiadado pero tan sabio artífice de nuestras vidas, ya tenía todo planeado y que no hubo detalle librado al azar entre tu y yo. Cada cosa que dijimos tuvo un propósito bien definido y estoy segura que tanto tu vida como la mia llevan marcadas a fuego las enseñanzas que compartimos, los consejos que nos dimos, lo que aprendimos el uno del otro y el cariño que nos demostramos porque todo fue puro, leal, sincero y absolutamente auténtico.

No puedo enojarme con la vida por esta distancia que nos impusieron y que yo sé, terminará algún día,

¿tu también lo sientes así?.
Estoy convencida que habrá una nueva oportunidad para nosotros y no creas que la incluyo en mis oraciones porque no hace falta. No le pido a Dios que me ponga de nuevo frente a ti, que me cruce en tu vida como alguna vez, porque sé que eso sucederá irremediablemente cuando la vida se convenza que tu y yo nunca desistimos de este lazo que nos une, y que somos demasiado tercos para irnos de este mundo sin habernos despedido con aquel abrazo que nos prometimos.

No habrá tiempo para nada más, lo sé. No podremos volver a nuestras charlas, ni reirnos con las bromas o conmovernos hasta las lágrimas con las poesías. Tampoco podremos mirarnos demasiado porque se nos notará en los ojos el resplandor de nuestras almas y podríamos provocar algún peligroso desastre en este mundo deshauciado, con tanto amor contenido en el interior de nuestros cuerpos. Amor que se siente en el alma y se guarda en el corazón. Amor que no necesita buscarse para encontrarse siempre.


Ese día nos conformaremos con una mirada furtiva en los ojos húmedecidos y el simple y pequeño roce de nuestras manos, que escaparán al contacto por temor a querer permanecer juntas, para siempre.

Habrá lágrimas, sonrisas, una palabra que no diremos, ya sabes... y ojala ese abrazo con el que sueño aún, en aquellos días en los que no me doy permiso para recordarte.

3 comentarios:

Muxica dijo...

Me gusta lo que leo aquí.
Un saludo

Jezabell Suad dijo...

Gracias!!
Un saludo para vos también.

Jezabell Suad dijo...

Cuando quieras amiga!
Te quiero mucho!!
Jezabell

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