miércoles, enero 31, 2007

Ángel Rojo

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-Yo lo tenía todo y sin embargo estaba vacío_ Así comenzó su relato ante la mirada expectante de aquel joven, tan lleno de preguntas hacia un padre que a veces sentía tan cercano y otras tan alejado de su vida.

-Tú apenas habías nacido y todas mis esperanzas de recobrar mi ilusión estaban puestas en ti. Eras un niño hermoso, tan lleno de vida y yo solo podía amarte con un amor que nunca antes había conocido. Pero mi alma no se reconfortaba por completo, porque el amor tiene muy diferentes formas y si no las experimentamos todas siempre vamos a tener la sensación de que algo le faltó a nuestras vidas, que algo nos perdimos en el camino.-
Bebió su copa con desesperante calma. Buscaba en cada gota de vino las fuerzas para seguir hablando.
-Yo quise ser padre, como quien quiere ser feliz, o alcanzar el más grande de sus sueños y cuando te tuve entre mis brazos creí que todo eso al fin había sucedido, pero no fue así. –
El joven hizo una mueca de preocupación y su padre entendió de inmediato que se había expresado incorrectamente.
- No me entiendas mal- trato de explicarle- Tú fuiste un sueño dorado para mí, me hiciste parte de algo que yo había perdido hacia mucho tiempo: una familia y eso te lo debo solo a ti. Pero un hombre es más que un padre, un hombre solo se completa con el amor de una mujer.-
- Mi madre te amo mucho_ ahora el joven se volvía un niño temeroso de las verdades de su padre. El hombre se acercó hasta él para tranquilizarlo.
-Y yo a ella, pero no supimos salir adelante- apoyo una mano en el hombro del muchacho como quien busca dar un consejo.- Se necesita mucho más que amor para conformar una pareja. Claro que eso lo supe mucho después…_

Se hizo un silencio necesario. Ambos debían procesar aquellas palabras y lo que ellas significaban en sus vidas. El hombre buceaba en sus recuerdos, el joven en su entendimiento.
Aquella noche pudo haber sido la más larga de sus vidas como padre e hijo. Fue una noche de revelaciones, de dolor pero también de encuentro y comprensión.

- Háblame del ángel- suplicó el muchacho y entonces la sonrisa y el brillo fulgurante regresaron al rostro del hombre que sentado a su lado balanceaba su copa de vino entre los dedos fuertes y callosos de tanto trabajar la tierra.
- Estaba en la casa de la playa cuando apareció. ¿La recuerdas? Solía llevarte allí cuando eras muy pequeño-
- Recuerdo la piscina y unos flamencos enormes que me asustaban- El hombre río con fuerza.
– ¡Te aterrorizaban! Por eso tuve que deshacerme de ellos-
-Lo lamento- dijo el muchacho bajando su cabeza.
-Yo me alegro, ya me tenían aburrido- se miraron de reojo y otra vez echaron a reír.

La conoció una tarde. Él reposaba en la alberca. Un trago y un poco de música eran su única compañía. La brisa marina lo envolvía y él se dejaba llevar, como quien busca escapar, al menos por un breve instante, de todo aquello que lo atormenta.
De pronto la brisa se volvió viento soplando con mayor intensidad. Sorprendido despertó de su letargo para mirar hacia la playa y allí, caminando sobre la arena la divisó. Era un ángel, no pudo describirla de otro modo. Caminaba segura pero ligera, sus pies desnudos y el cabello al viento. Un sencillo vestido la cubría y delataba en su transparencia la increíble armonía de su cuerpo.
Se levantó como un resorte de su asiento y bajó por el sendero que conducía directo al mar. Como poseído por alguna extraña fuerza interior llego como un loco hasta ella, desesperado por no perder de vista aquella maravillosa imagen que el mar, o el cielo le regalaba.
Porque aquella criatura no venía de este mundo, al menos no del mundo que él conocía.
Ella debió venir del mar, del cielo o de otro mundo. Un mundo anhelado, soñado, perfecto.

Cuando la tuvo enfrente no pudo más que sonreír y lo más increíble, fue verla responderle con una sonrisa aniñada y con los ojos tan llenos de algo que a él le pareció magia, por la forma en que lo embelesaba.
Se presentaron, rieron, hablaron del clima, de las olas, rieron otra vez. Ella quiso despedirse pero él no se lo permitió. Entonces se sentaron en la arena y siguieron hablando. Y el tiempo se hizo cómplice y les regaló un atardecer, el mas perfecto que él hubiese conocido y con el rojo del sol sobre el horizonte reflejándose en ella, él supo que había encontrado un ángel y se sintió bendecido.

No descansó hasta lograr que aceptara su invitación. Una cena en el jardín de su casa con el mar como único testigo de lo que entre ellos comenzaba. Y ella, que solo buscaba atesorar momentos, claudicó ante la mirada ansiosa de ese hombre que la llenaba de vida, eso que le hacía tanta falta…

Continuará...

4 comentarios:

Muxica dijo...

ummmm. Me dejas intrigada, mañana regreso.
Un abrazo

Jezabell Suad dijo...

¡Que bueno! porque de eso se trata
Gracias por pasar
Besos
Jezabell

Anónimo dijo...

Está bien relatada, Jezabell.iene visos de ser una historia envolvente, fácil de leer. Romántica...Espero la prçoxima entrega .Un abrazo

Jezabell Suad dijo...

Vaya Ana! diste en la tecla. Eso es lo que busco: Fácil de leer, romántica, envolvente. Que bueno que te hayan llegado mis intenciones. Por favor escríbeme desde tu casilla para que pueda enviarte el link de una de mis novelas, en verdad me gustaría que la leyeras y me dieras tu opinión.
Gracias y un beso
Jezabell

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