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-Y ese vino, Ángel Rojo, se convirtió en tu vida…- dijo el joven observado la copa que su padre sostenía con nostalgia entre sus manos- Pero ya hace 20 años de eso, ¿porque ella no esta aquí contigo?_
_ Está… cada día más presente-el hombre suspiro con fuerza- no necesito su presencia para sentirla en cada rincón de esta casa, en cada vestigio de la naturaleza, en cada latido de mi corazón-
-Tampoco resultó, ¿verdad? Igual que con mamá- acotó el muchacho. El hombre lo miró con una media sonrisa en los labios
- Todas mis historias resultaron hijo. Cada una le dejo una enseñanza a mi vida y de todas rescaté algo. Ya vez que de la historia con tu madre me quedaste tú, y es lo más grande que he obtenido de una relación- el muchacho palmeó su espalda en un gesto de agradecimiento. El padre cariñoso acarició su cabello y continuó. – de ella, mi ángel, me queda la esperanza renaciendo en estas vides y la certeza de que su alma regresará a unirse con la mía.
-¿Porqué se separaron?-
- No lo hicimos.- el joven lo miró insistente. – el destino nos jugo una mala pasada, pero sabes… el amor no se acaba donde todo el mundo cree-
Se sirvió otra copa y continuó su relato. Ahora con más dolor que nostalgia.
Fueron unas cuantas semanas, pero tan intensas y tan definitivas. A veces pasas tu vida rodeado de gente, armando y desarmando historias, proyectando el futuro, escapando del pasado y buen día te topas con alguien a quien no has visto jamás y de quien no sabes absolutamente nada y esa persona en apenas unas cuantas semanas te muestra todo sobre tu vida. Te enseña tu realidad como si te vieras de golpe y por primera vez frente a un espejo y te das cuenta que pasaste toda tu existencia solo sobreviviendo y recién en ese instante, es cuando empiezas a vivir de verdad. Y esos momentos, aunque pequeños y efímeros. Aunque tardíos y breves. Esos instantes son los que justifican toda tu existencia.
Al cabo de quince días, catorce para ser más exactos, ella desapareció. Simplemente no llegó a la casa.
Algunas noches se iba, nunca me dio una excusa válida, pero yo no preguntaba. Y no es que no quisiera saber. Me mataba y me dolía la curiosidad, pero ella solo sonreía y me hablaba de la libertad individual y del respeto y yo acababa siempre asintiendo sus discursos y dejándola ir porque lo único que quería era que regresara pronto, cuanto antes a mi lado.
Pero un buen día mi suerte se acabó y ella se fue, sin que yo pudiera hacer nada al respecto.
- ¿No la buscaste?- reclamó el jovencito que seguía el relato de su padre con gran atención
- ¡Como un loco!- exclamó – pero fue inútil- se resignó después.
Él no sabía nada de ella y cayo en la cuenta cuando ya era demasiado tarde. Nunca le preguntó nada acerca de su vida, ni de su familia, si acaso la tenía o no. No la interrogo tampoco sobre sus actividades. Si trabajaba o de donde obtenía su dinero. Ella cambiaba de tema las pocas que veces que él intentó saber algo y en una ocasión hasta se puso seria y muy incómoda cuando él le pregunto por sus hijos al ver la marca de una cesárea en su vientre.Así, con el paso de las horas, ella se encargó de que él olvidara sus preguntas con los instantes de felicidad plena que le ofrecía. Con los besos y caricias. Con la fuerza de sus ojos y la férrea voluntad de sus palabras.
Ella se convirtió en un ángel que lo llevó hasta el cielo primero y más tarde hasta el mismísimo infierno.
1 comentario:
Estoy enganchada.....
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