Mi vida no tiene contornos.
A veces pienso que lo que no soy
es lo que más me define
En lo más hondo,
el conocimiento de mí
es oscuro, sin forma.
Un cómplice asustado.
En la superficie
es frío y absurdo.
Un reflejo de mí
sin coincidencias.
Es difícil conocerse así.
Igual desciendo
que salgo de mí misma,
llevada por la inercia
de una rutina,
de una idea de mi vida
modificada por la imagen
que los demás tienen de mí.
Mis acciones
poco se asemejan a lo que soy,
pero son quizá
mi única medida,
y la única forma
de grabarme en la memoria
de los hombres.
Sí,
entre mis actos y yo
existe una grieta indefinible.
Con frecuencia una parte de mí
busca desatar el nudo;
la otra , en cambio,
recurre a explicaciones
mágicas o hechizadas.
Y nada me explica.
¿Cómo saber?
Mi espíritu no se acepta
en manos del azar.
Mi espíritu necesita ser gobernado
por algún dios y sobre todo,
por sí mismo.
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