martes, mayo 15, 2018

Sueños Breves: "La esperanza" ( Capitulo 1)


....Y me quedé soñando
 con una historia Breve....


Sueños Breves: "La esperanza"


Dejo la taza de café humeante sobre la pequeña mesa que tenía junto a su cama. Observó una vez más las palabras frente a sus ojos. No lo entendía.
¿Porqué se empeñaba en seguir con este tema?, ¿porqué le daba consejos?.
¿Porqué lo incentivaba  a recordar una y mil veces lo que él deseaba olvidar?.
Detrás del vidrio de su ventana el mar apenas se dejaba ver. Azul y brillante como cada mañana era el marco que siempre acompañaba aquellas charlas que a veces deseaba terminar, pero que siempre y sin saber porque, permitía que regresaran hasta él.
Se dejó llevar por los pensamientos. ¿Y si fuera posible? se preguntó. No, nada podría ser posible. Nada desde aquel día que lo  perdiera todo para siempre.
Sin embargo las palabras seguían allí, apareciendo una tras otra. Llevándolo a creer en una nueva ilusión, una nueva posibilidad.
Esa misma tarde salió para España. Otra vez sus compromisos lo regresaban al viejo continente y la idea de estar allí no lo hacia demasiado feliz. Pero era necesario, tan necesario como sus ansias de estar sobre un escenario, tan necesario como la soledad a la que siempre recurría para no caer en las trampas que el destino solía ponerle en su camino.
Al llegar al Hotel el tumulto era enorme y la confusión que ocupaba su mente desde que saliera de su casa, no le permitía darse cuenta de nada que no fuera la pequeña llama que ella había instalado en su alma; con sus palabras siempre tan certeras, siempre tan cercanas a los latidos de su corazón.
Pidió quedarse solo, como casi siempre lo hacia, pero esta vez con un nuevo propósito. Tomó el teléfono y marco el numero que hacia más de  20 años había marcado por última vez.¡ Era increíble!, tanto tiempo y esos dígitos seguían en su mente tan frescos y claros como si el tiempo no hubiese pasado. Como si todo retrocediera a aquellos días de tanto dolor, tanto infierno.
Del otro lado una voz tenue, apagada le contestó sin reparos.
_Pronto_
_Aló, Tía_
_¿Quién habla?_
_Tía, soy yo, Micky, Micky, ¿me recuerdas?_
_¡Dios Mío, no es posible!. Micky, querido, ¡que sorpresa!_
La conversación siguió en un intercambio de risas mezcladas con lágrimas de emoción, recuerdos en italiano y español, sensaciones extrañas y tantos años revividos en apenas unas cuantas frases.
Todo estaba hecho. Ya no podía dar marcha atras y pensó que era el momento de probarse a si mismo, cuanto estaba dispuesto a saber, que tanto estaba dispuesto a perdonar y a pedir perdón.

Por la noche la buscó pero ella no estaba. Dejo sus palabras, las mismas de siempre esperando la respuesta que ya era su costumbre y no le mencionó nada de lo ocurrido. Ni siquiera dejo una señal de su paradero. Aunque posiblemente no hiciera falta, de algún modo ella siempre se las ingeniaba para saber todo acerca de él. Quizás por eso seguía buscándola. Él sentía que no necesitaba decir demasiado porque ella siempre lo presentía, podía leer sus pensamientos y lo más importante, ella le leía el alma...
Por la mañana, muy temprano, un operativo se montó en la puerta trasera del Hotel. Nadie debía enterarse. Solo unas pocas personas estaban al tanto y cada detalle se cuido al máximo para que nada entorpeciera sus propósitos.
Tomo un vuelo privado y en pocas horas estaba  otra vez pisando la tierra que tanto amara cuando niño. Italia, la de su abuelo y sus tíos, la que olía a hogar, a sueños de infancia y que revivía en su memoria los recuerdos más bellos que su mente pudiera atesorar.
Llegó por la carretera que bordea el pequeño pueblo y reconociendo cada centímetro de aquel paisaje se sintió de pronto recobrando todo aquello que alguna vez perdió.
En la puerta de la humilde casa lo estaban esperando. Una mujer mayor de cabello entrecano, la piel curtida por el paso del dolor y la vida misma reflejada en cada tramo de su rostro.
Descendió del auto y no tuvo que decir nada. El abrazo llego sereno, pronto y acompañado de un llanto contenido durante tantos años....
Vivió a flor de piel cada recuerdo. Escuchó con atención cada relato de esos lejanos días y espero paciente el instante de hacer lo suyo, aquello por lo que había venido, por lo que estaba allí a pesar de todo.
_ ¿A qué has venido Micky?_  La mujer podía leerlo en su cara y no tuvo miedo de preguntárselo.
_ A recobrar mi pasado, a recuperar lo que deje escapar_ Pronunció cada palabra lleno de una cruel incertidumbre. La mujer, poseedora de la sabiduría que dan los años, lo adivinó al instante. Su rostro se transformo de golpe y una dura expresión le hizo saber que los caminos se cerraban frente a él, una vez más.
_Sabes que ella no esta aquí_ su voz grave no dio lugar a dudas, el paso del tiempo había  endurecido su corazón y engrandecido el silencio. Micky no se dio por vencido.
_Lo sé, pero tú si estas aquí, y quizás ...._ no quiso seguir hablando. Esperaba con ansias que ella lo interrumpiera y le diera muestras de una luz en medio de tanta oscuridad. Pero no fue así y el mundo se le vino encima...
_No, querido. Yo no sé nada_
Sus ojos oscuros, tan llenos de paz y serenidad, se clavaron en los que desde un lejano dolor la observaban. Dudoso de lo que debía decir, envuelto en la pesadumbre de sus miedos y viejos rencores.
¿Porqué estaba allí?, se preguntó. En que momento creyó que esto daría resultado. ¿Porqué se había dejado llevar por aquellas palabras que siempre  aparecían cuando menos se lo esperaba. Para hacerlo pensar y reflexionar sobre su vida de un modo que él desconocía, que nunca antes había hecho?.
Sintió que nada tenia sentido y deseó que el mundo se deshiciera en ese instante para no estar allí; para regresar a su vida llena de obligaciones y responsabilidades que lo evadían de todo esto que ahora estaba experimentando y a lo que no deseaba enfrentarse.
Levantó la vista y sobre la vieja cocina un pequeño portarretrato, deslucido, gastado, guardaba la foto de la mujer que le había dado la vida.
Se levantó con cuidado, inseguro de sus movimientos y llegó hasta él para tomarlo con sus manos temblorosas; tratando de fijar la vista que borrosa por las incipientes lágrimas, le impedían detenerse en aquel rostro que fue su locura y su refugio durante toda su vida.
Allí estaba. Tan bella y feliz como ya no la recordaba. Con la mirada dulce y la sonrisa cálida que le brindaba cada noche antes de escuchar la melodía que en sus labios se volvía magia, para los sueños de ese niño travieso, que en ese entonces no sabia de logros ni de fracasos, de dolor ni de una inalcanzable felicidad.
Ese rostro era lo que había venido a buscar y allí, frente a esa pobre mujer, sumida en los tiempos en que todo era posible estaba su última esperanza de encontrarlo.

Regreso a su silla y entendió porqué estaba allí, entendió lo que ella le había dicho.
Ella, su luz y su misterio, su irrealidad y su abrigo. La que siempre estaba allí para él a pesar del tiempo, mas allá de la distancia. Siempre allí, en esas letras que pasaban raudas y seguras frente a sus ojos y supo entonces que era el momento de seguir aquel consejo, de darle valor y sentido a aquellas palabras..."Nadie puede ocultarle la verdad a los ojos de un hijo que nunca dejo de serlo. Nadie es capaz de sostenerse en silencio frente a las palabras de quien busca perdonar y ser perdonado. Allí esta tu verdad y tú debes ir por ella. Debes intentarlo una vez más. Porque si no lo haces pasaras el resto de tu vida imaginando, como hubiese sido lo que no fuiste capaz de hacer..."


_Tía, no vine a hacerte ninguna pregunta. Vine a decirte algo que llevo guardado en mi corazón desde hace mucho tiempo_
_ ¿Qué es Micky?, ¿qué quieres decirme?_
Tomo sus manos y las cubrió con las suyas. Un suave estremecimiento le despertó aquel roce, como si la verdad de pronto se presentara frente a él y estuviera  a punto de dejarse ver, esperando solo el momento de salir a la luz.
Su voz sonaba débil pero sincera y era difícil imaginar que proviniera de quien al mundo cautivara con su Arte. Casi imposible pensarlo balbuceando las frases que esperaba le devolvieran la paz a más de 20 años de pérdidas y dolor.

_Si tuviera la oportunidad de regresar el tiempo atrás, tan solo unos minutos bastarían para dejarlo todo y solo ser el niño que soñaba feliz sobre el regazo de su madre. Unos segundos serian suficientes para abrazarme a ella y no dejar que el mundo se convirtiera en lo que es hoy: el sitio en el que no encuentro un lugar donde descansar de tanto sufrimiento. Pero eso no es posible. Yo no puedo regresar a lo que fui, ni dejar de ser lo que soy ahora. No puedo olvidarme de lo que construí en todos estos años, ni deshacerme de los sueños que alimenté y que deseo seguir alimentando; porque ellos fueron los que me acompañaron supliendo tanta ausencia, tanto desamparo. Estoy aquí porque hay algo que sí puedo hacer y esta  quizás sea la única chance que tenga de intentarlo. Hoy puedo perdonarme por los errores cometidos y perdonarle a mi madre su lejanía. Hoy puedo renacer de todos mis viejos rencores y olvidándolos darle una segunda oportunidad a aquel amor que guardo limpio y firme en mi corazón. Deseo mirarla a los ojos y decirle que no puedo emprender ningún camino hacia mi felicidad, si no rescato primero los recuerdos de mi infancia y los traigo de nuevo a mi presente; para saber que una vez fui feliz y así reconocerme en ese sentimiento. Pero para eso la necesito. Me hace falta su calor y su sonrisa. La misma que se ve allí  en ese retrato, la que vive intacta dentro de mi alma. Necesito algo que me lleve hasta ella. Cualquier cosa que me ayude a encontrarla. ¿Qué debo hacer para recuperar lo que fuimos?, ¿Cómo le hago saber que aún espero por su cariño, que nunca renuncié a la esperanza de volver a verla?

La humedad en su rostro delataba la verdad de sus sentimientos y nada quedaba exento de tanta sinceridad. Si hasta las piedras que rodeaban la vieja vivienda podrían ablandarse al escuchar sus ruegos. Ese hombre no mentía. Como mentir frente a tanto dolor, como no creerle a la inocencia que amanecía en sus ojos tan tristes y hambrientos de revelaciones.
La mujer tomo su cara con las pequeñas y arrugadas manos que hasta entonces lo habían sostenido y elevándolo hasta enfrentarlo con sus ojos le dejo saber que su discurso no fue en vano. Que sus súplicas encontrarían por fin una razón de ser.

_Regresa a tu mundo querido. Sigue tus sueños y espera. Que hoy, aquí, frente a mí has escrito las próximas páginas del libro de tu vida y lo que tanto has anhelado llegará de un modo u otro. Porque has abierto tu alma y por fin hay espacio en ella para recobrar los sentimientos que perdiste alguna vez_
El la miró incrédulo. No comprendía. ¿Dónde estaban las respuestas a sus preguntas?. ¿Porqué no le decía lo que él deseaba escuchar?.
_¿Entonces no sirvió de nada?. Regreso con la manos vacías, igual que como llegue hasta aquí_
_No Micky, no es así. No llegaste con las manos vacías. Las traías cargadas de miedos y viejos resentimientos. Ahora te llevas el alma limpia, lista para albergar todo el amor que tanto has deseado. Te vas con el corazón tranquilo porque has dejado aquí, en estos muros que tanto saben sobre tí,  las dudas que te impedían ser feliz y tus manos ahora recobraron el calor que añorabas y te llevas la certeza del perdón que venías buscando._

Desandando el camino regresó al Hotel. En medio de sensaciones que no comprendía pero que lo llenaban de nuevos aires, de renovadas ilusiones.

Por la noche la buscó y ella allí estaba. Siempre dispuesta para él. Tan segura de sí misma que a veces lo intimidaba. No le mencionó lo sucedido, no hacia falta, ella podía percibirlo y él olió sus lágrimas que caían ligeras sobre las letras que le dedicaba con cada movimiento de sus dedos.
Rieron juntos hasta bien entrada la noche y les costó despedirse a pesar de que mañana volverían a encontrarse una vez más.
Él le agradeció casi en silencio sus consejos. Con pequeños detalles, palabras que parecían inertes y sin embargo eran la viva expresión de un cariño que crecía, conforme los días iban uniéndolos.
Ella se dejó mimar en esas frases tiernas que siempre esperaba recibir de su parte y lo abrigó con un abrazo que le llegaría en forma de regaño; por alguna que otra travesura que él no podía evitar. Porque su niñez no lo abandonaba y menos ahora que una nueva esperanza se presentaba frente a él y venía de la mano de ella. La que un buen día llegó a su vida, de un modo que no imaginó jamás.... 










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