....Y me quedé soñando
con una historia Breve....
Sueños Breves: "La
esperanza"
Dejo la taza de café
humeante sobre la pequeña mesa que tenía junto a su cama. Observó una vez más
las palabras frente a sus ojos. No lo entendía.
¿Porqué se empeñaba en seguir
con este tema?, ¿porqué le daba consejos?.
¿Porqué lo
incentivaba a recordar una y mil veces
lo que él deseaba olvidar?.
Detrás del vidrio de su
ventana el mar apenas se dejaba ver. Azul y brillante como cada mañana era el
marco que siempre acompañaba aquellas charlas que a veces deseaba terminar,
pero que siempre y sin saber porque, permitía que regresaran hasta él.
Se dejó llevar por los
pensamientos. ¿Y si fuera posible? se preguntó. No, nada podría ser posible.
Nada desde aquel día que lo perdiera
todo para siempre.
Sin embargo las palabras
seguían allí, apareciendo una tras otra. Llevándolo a creer en una nueva
ilusión, una nueva posibilidad.
Esa misma tarde salió para
España. Otra vez sus compromisos lo regresaban al viejo continente y la idea de
estar allí no lo hacia demasiado feliz. Pero era necesario, tan necesario como
sus ansias de estar sobre un escenario, tan necesario como la soledad a la que
siempre recurría para no caer en las trampas que el destino solía ponerle en su
camino.
Al llegar al Hotel el
tumulto era enorme y la confusión que ocupaba su mente desde que saliera de su
casa, no le permitía darse cuenta de nada que no fuera la pequeña llama que
ella había instalado en su alma; con sus palabras siempre tan certeras, siempre
tan cercanas a los latidos de su corazón.
Pidió quedarse solo, como
casi siempre lo hacia, pero esta vez con un nuevo propósito. Tomó el teléfono y
marco el numero que hacia más de 20 años
había marcado por última vez.¡ Era increíble!, tanto tiempo y esos dígitos
seguían en su mente tan frescos y claros como si el tiempo no hubiese pasado.
Como si todo retrocediera a aquellos días de tanto dolor, tanto infierno.
Del otro lado una voz
tenue, apagada le contestó sin reparos.
_Pronto_
_Aló, Tía_
_¿Quién habla?_
_Tía, soy yo, Micky,
Micky, ¿me recuerdas?_
_¡Dios Mío, no es
posible!. Micky, querido, ¡que sorpresa!_
La conversación siguió en
un intercambio de risas mezcladas con lágrimas de emoción, recuerdos en
italiano y español, sensaciones extrañas y tantos años revividos en apenas unas
cuantas frases.
Todo estaba hecho. Ya no
podía dar marcha atras y pensó que era el momento de probarse a si mismo,
cuanto estaba dispuesto a saber, que tanto estaba dispuesto a perdonar y a
pedir perdón.
Por la noche la buscó pero
ella no estaba. Dejo sus palabras, las mismas de siempre esperando la respuesta
que ya era su costumbre y no le mencionó nada de lo ocurrido. Ni siquiera dejo
una señal de su paradero. Aunque posiblemente no hiciera falta, de algún modo
ella siempre se las ingeniaba para saber todo acerca de él. Quizás por eso
seguía buscándola. Él sentía que no necesitaba decir demasiado porque ella
siempre lo presentía, podía leer sus pensamientos y lo más importante, ella le
leía el alma...
Por la mañana, muy
temprano, un operativo se montó en la puerta trasera del Hotel. Nadie debía
enterarse. Solo unas pocas personas estaban al tanto y cada detalle se cuido al
máximo para que nada entorpeciera sus propósitos.
Tomo un vuelo privado y en
pocas horas estaba otra vez pisando la
tierra que tanto amara cuando niño. Italia, la de su abuelo y sus tíos, la que
olía a hogar, a sueños de infancia y que revivía en su memoria los recuerdos
más bellos que su mente pudiera atesorar.
Llegó por la carretera que
bordea el pequeño pueblo y reconociendo cada centímetro de aquel paisaje se
sintió de pronto recobrando todo aquello que alguna vez perdió.
En la puerta de la humilde
casa lo estaban esperando. Una mujer mayor de cabello entrecano, la piel
curtida por el paso del dolor y la vida misma reflejada en cada tramo de su
rostro.
Descendió del auto y no
tuvo que decir nada. El abrazo llego sereno, pronto y acompañado de un llanto
contenido durante tantos años....
Vivió a flor de piel cada
recuerdo. Escuchó con atención cada relato de esos lejanos días y espero
paciente el instante de hacer lo suyo, aquello por lo que había venido, por lo
que estaba allí a pesar de todo.
_ ¿A qué has venido
Micky?_ La mujer podía leerlo en su cara
y no tuvo miedo de preguntárselo.
_ A recobrar mi pasado, a
recuperar lo que deje escapar_ Pronunció cada palabra lleno de una cruel
incertidumbre. La mujer, poseedora de la sabiduría que dan los años, lo adivinó
al instante. Su rostro se transformo de golpe y una dura expresión le hizo
saber que los caminos se cerraban frente a él, una vez más.
_Sabes que ella no esta
aquí_ su voz grave no dio lugar a dudas, el paso del tiempo había endurecido su corazón y engrandecido el
silencio. Micky no se dio por vencido.
_Lo sé, pero tú si estas
aquí, y quizás ...._ no quiso seguir hablando. Esperaba con ansias que ella lo
interrumpiera y le diera muestras de una luz en medio de tanta oscuridad. Pero
no fue así y el mundo se le vino encima...
_No, querido. Yo no sé nada_
_No, querido. Yo no sé nada_
Sus ojos oscuros, tan
llenos de paz y serenidad, se clavaron en los que desde un lejano dolor la
observaban. Dudoso de lo que debía decir, envuelto en la pesadumbre de sus
miedos y viejos rencores.
¿Porqué estaba allí?, se
preguntó. En que momento creyó que esto daría resultado. ¿Porqué se había
dejado llevar por aquellas palabras que siempre
aparecían cuando menos se lo esperaba. Para hacerlo pensar y reflexionar
sobre su vida de un modo que él desconocía, que nunca antes había hecho?.
Sintió que nada tenia
sentido y deseó que el mundo se deshiciera en ese instante para no estar allí;
para regresar a su vida llena de obligaciones y responsabilidades que lo
evadían de todo esto que ahora estaba experimentando y a lo que no deseaba
enfrentarse.
Levantó la vista y sobre
la vieja cocina un pequeño portarretrato, deslucido, gastado, guardaba la foto
de la mujer que le había dado la vida.
Se levantó con cuidado,
inseguro de sus movimientos y llegó hasta él para tomarlo con sus manos
temblorosas; tratando de fijar la vista que borrosa por las incipientes
lágrimas, le impedían detenerse en aquel rostro que fue su locura y su refugio
durante toda su vida.
Allí estaba. Tan bella y
feliz como ya no la recordaba. Con la mirada dulce y la sonrisa cálida que le
brindaba cada noche antes de escuchar la melodía que en sus labios se volvía
magia, para los sueños de ese niño travieso, que en ese entonces no sabia de
logros ni de fracasos, de dolor ni de una inalcanzable felicidad.
Ese rostro era lo que
había venido a buscar y allí, frente a esa pobre mujer, sumida en los tiempos
en que todo era posible estaba su última esperanza de encontrarlo.
Regreso a su silla y
entendió porqué estaba allí, entendió lo que ella le había dicho.
Ella, su luz y su
misterio, su irrealidad y su abrigo. La que siempre estaba allí para él a pesar
del tiempo, mas allá de la distancia. Siempre allí, en esas letras que pasaban
raudas y seguras frente a sus ojos y supo entonces que era el momento de seguir
aquel consejo, de darle valor y sentido a aquellas palabras..."Nadie puede
ocultarle la verdad a los ojos de un hijo que nunca dejo de serlo. Nadie es
capaz de sostenerse en silencio frente a las palabras de quien busca perdonar y
ser perdonado. Allí esta tu verdad y tú debes ir por ella. Debes intentarlo una
vez más. Porque si no lo haces pasaras el resto de tu vida imaginando, como
hubiese sido lo que no fuiste capaz de hacer..."
_Tía, no vine a hacerte
ninguna pregunta. Vine a decirte algo que llevo guardado en mi corazón desde
hace mucho tiempo_
_ ¿Qué es Micky?, ¿qué
quieres decirme?_
Tomo sus manos y las
cubrió con las suyas. Un suave estremecimiento le despertó aquel roce, como si
la verdad de pronto se presentara frente a él y estuviera a punto de dejarse ver, esperando solo el
momento de salir a la luz.
Su voz sonaba débil pero
sincera y era difícil imaginar que proviniera de quien al mundo cautivara con
su Arte. Casi imposible pensarlo balbuceando las frases que esperaba le
devolvieran la paz a más de 20 años de pérdidas y dolor.
_Si tuviera la oportunidad
de regresar el tiempo atrás, tan solo unos minutos bastarían para dejarlo todo
y solo ser el niño que soñaba feliz sobre el regazo de su madre. Unos segundos
serian suficientes para abrazarme a ella y no dejar que el mundo se convirtiera
en lo que es hoy: el sitio en el que no encuentro un lugar donde descansar de
tanto sufrimiento. Pero eso no es posible. Yo no puedo regresar a lo que fui,
ni dejar de ser lo que soy ahora. No puedo olvidarme de lo que construí en
todos estos años, ni deshacerme de los sueños que alimenté y que deseo seguir alimentando;
porque ellos fueron los que me acompañaron supliendo tanta ausencia, tanto
desamparo. Estoy aquí porque hay algo que sí puedo hacer y esta quizás sea la única chance que tenga de
intentarlo. Hoy puedo perdonarme por los errores cometidos y perdonarle a mi
madre su lejanía. Hoy puedo renacer de todos mis viejos rencores y olvidándolos
darle una segunda oportunidad a aquel amor que guardo limpio y firme en mi
corazón. Deseo mirarla a los ojos y decirle que no puedo emprender ningún
camino hacia mi felicidad, si no rescato primero los recuerdos de mi infancia y
los traigo de nuevo a mi presente; para saber que una vez fui feliz y así
reconocerme en ese sentimiento. Pero para eso la necesito. Me hace falta su
calor y su sonrisa. La misma que se ve allí
en ese retrato, la que vive intacta dentro de mi alma. Necesito algo que
me lleve hasta ella. Cualquier cosa que me ayude a encontrarla. ¿Qué debo hacer
para recuperar lo que fuimos?, ¿Cómo le hago saber que aún espero por su
cariño, que nunca renuncié a la esperanza de volver a verla?
La humedad en su rostro
delataba la verdad de sus sentimientos y nada quedaba exento de tanta
sinceridad. Si hasta las piedras que rodeaban la vieja vivienda podrían
ablandarse al escuchar sus ruegos. Ese hombre no mentía. Como mentir frente a
tanto dolor, como no creerle a la inocencia que amanecía en sus ojos tan
tristes y hambrientos de revelaciones.
La mujer tomo su cara con
las pequeñas y arrugadas manos que hasta entonces lo habían sostenido y
elevándolo hasta enfrentarlo con sus ojos le dejo saber que su discurso no fue
en vano. Que sus súplicas encontrarían por fin una razón de ser.
_Regresa a tu mundo
querido. Sigue tus sueños y espera. Que hoy, aquí, frente a mí has escrito las
próximas páginas del libro de tu vida y lo que tanto has anhelado llegará de un
modo u otro. Porque has abierto tu alma y por fin hay espacio en ella para
recobrar los sentimientos que perdiste alguna vez_
El la miró incrédulo. No
comprendía. ¿Dónde estaban las respuestas a sus preguntas?. ¿Porqué no le decía
lo que él deseaba escuchar?.
_¿Entonces no sirvió de
nada?. Regreso con la manos vacías, igual que como llegue hasta aquí_
_No Micky, no es así. No
llegaste con las manos vacías. Las traías cargadas de miedos y viejos
resentimientos. Ahora te llevas el alma limpia, lista para albergar todo el
amor que tanto has deseado. Te vas con el corazón tranquilo porque has dejado
aquí, en estos muros que tanto saben sobre tí,
las dudas que te impedían ser feliz y tus manos ahora recobraron el
calor que añorabas y te llevas la certeza del perdón que venías buscando._
Desandando el camino
regresó al Hotel. En medio de sensaciones que no comprendía pero que lo
llenaban de nuevos aires, de renovadas ilusiones.
Por la noche la buscó y
ella allí estaba. Siempre dispuesta para él. Tan segura de sí misma que a veces
lo intimidaba. No le mencionó lo sucedido, no hacia falta, ella podía
percibirlo y él olió sus lágrimas que caían ligeras sobre las letras que le
dedicaba con cada movimiento de sus dedos.
Rieron juntos hasta bien
entrada la noche y les costó despedirse a pesar de que mañana volverían a
encontrarse una vez más.
Él le agradeció casi en
silencio sus consejos. Con pequeños detalles, palabras que parecían inertes y
sin embargo eran la viva expresión de un cariño que crecía, conforme los días
iban uniéndolos.
Ella se dejó mimar en esas
frases tiernas que siempre esperaba recibir de su parte y lo abrigó con un
abrazo que le llegaría en forma de regaño; por alguna que otra travesura que él
no podía evitar. Porque su niñez no lo abandonaba y menos ahora que una nueva
esperanza se presentaba frente a él y venía de la mano de ella. La que un buen
día llegó a su vida, de un modo que no imaginó jamás....
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