...Y me quede soñando
con una historia breve...
Sueños Breves, Las puertas
del Cielo o del Infierno
Cerró la puerta de la
Suite Principal dejando dentro a un hombre diferente, cargado de una excitación
que hacía tiempo no le veía. Caminó por el largo corredor directo a los
ascensores y en ese trayecto pensó que debía memorizar ese día y esa hora; algo
le decía que aquella fecha sería recordada siempre como el comienzo de una
nueva etapa, una nueva vida para quien esperaba del otro lado de aquella puerta.
No necesito demasiadas
explicaciones cuando Micky le ordenara eufórico y con la mirada encendida que
fuera por ella.
_¡Espérala y en cuanto
llegue me la traes de inmediato!_ Le escucho decir y le pareció que más que una
orden era una súplica, un ruego de quien solo vive para aquel instante, el
preciso momento en que sus sueños se concretan.
Tenía ese rostro grabado
en la mente y sonrió a medias pensando que nadie en aquel Concierto, aquella
noche, olvidaría jamás sus ojos vivaces, enmarcados en un cuerpo sencillo,
recibiendo la misteriosa rosa blanca que tantas anhelaron a lo largo de aquella
Gira.
No hubo quien no le
clavara la mirada, fulgurante, envidiosa y la maldijera mil veces por estar
allí, protagonizando ese instante que todas y cada una desearon y que nadie
imaginó, algún día se haría realidad.
El hombre descendió su
inmensa e intimidante figura del ascensor privado y con paso lento y seguro
llegó hasta la entrada principal. Acomodó la solapa de su elegante traje negro
y esperó. Con la mirada atenta y los sentidos abiertos requisaba cada rincón
del lujoso Hotel y no perdía detalle de cada persona que ingresaba al lugar,
revisándolos de arriba a abajo no solo para hallar a la muchacha sino también
en un acto involuntario que lo llevaba siempre a mantenerse alerta, como si el
peligro rondara cerca suyo, todo el tiempo.
La vio llegar y le pareció
difícil imaginar que aquella muchachita tan simple, tan común, podría ser la
mujer que le quitara el sueño a Luis Miguel. Pero por otro lado, pensó también,
no era raro que quien lograra llegar hasta su corazón fuera alguien que poco
tuviera que ver con su mundo, aquel "mundo raro" que solo le daba a
cambio de sus logros un inmenso mar de soledades, inundando a diario su
existir.
Ella se detuvo y lo
reconoció de inmediato, pero le dedicó una leve sonrisa y se refugio en su
timidez, deambulando su mirada entre las gentes que circulaban por todo el
lugar. Entonces el gigante con gesto adusto se acercó hasta ella y
agachándose un poco le
pronunció el nombre que le habían dicho, en voz baja, como en secreto,
anunciándole que estaba allí para llevarla a su destino.
Encontró respuesta en un
gesto afirmativo e indicándole con su mano el rumbo a seguir caminó tras la
muchacha, protegiendo aquel frágil capullo de rosa, tan pálido como la blanca
flor que ella aún sostenía entre sus manos.
Subieron al ascensor y al
cerrarse la puerta pudo sentir un suspiro, prueba de los nervios que consumían
a aquel manojo de delicadas líneas y suaves facciones. La observó de soslayo y
vio como entrelazaba sus manos con fuerza.
No le pareció bonita,
tampoco podía decirse que era fea, era.... diferente, muy diferente a las
mujeres que estaba acostumbrado a ver cerca de Luis Miguel.
Sus ojos oscuros no
brillaban radiantes, resaltando gracias a un perfecto maquillaje, pero su
mirada guardaba una intensidad que la volvía ardiente, vivaz, y le daba a la palidez de su rostro una razón para
saberlo vivo.
Sus rasgos tenían la
impronta de una vida consumida y destacaba en ellos el fulgor de su sonrisa,
único vestigio de una alegría que se podía imaginar lejana, pero aún latiendo
en su interior. Busco entre las ropas las curvas de su cuerpo y se sorprendió al
darse cuenta de que le costaba encontrarlas.
Bajo unos jeans y una
playera oscura apenas podía distinguirse el relieve de su figura. No había nada
que resaltara demasiado debajo de su vestimenta y una delgadez que al hombre le
pareció extrema, solo contribuía a deslucir aún más, aquel cuerpo menudo. Sin
embargo en su conjunto, aquella mujer podía considerarse atractiva, pensó y
notó que había algo en sus movimientos, su mirada, sus gestos, su sonrisa que
la volvían interesante, atrayente. Alguien de quien se desea saber un poco
más...
Concluyó que una cosa era
segura: No debía ser mero deseo lo que atraía a Micky hacia aquella mujer, sin
duda algo profundo lo llevaba hacia ella y lo más probable es que se ocultara
tras esos ojos intensos y solo viera la luz frente al hombre que la había
descubierto.
Ella levanto la vista y
halló al gigante moreno observándola y solo atinó a sonreír esta vez con todos
sus dientes, expresando una alegría que se asomaba urgente, conforme ascendían,
piso tras piso hacia lo que para ella serían seguramente: Las puertas del
Cielo.
Llegó en un taxi hasta la
puerta del hotel. Descendió temblorosa y observando todo a su alrededor dio los
pasos hasta encontrarse en medio del Lobby, sola, algo aturdida aún y con la
rosa blanca entre sus manos.
A un costado, junto a una
columna logró divisar al corpulento guardaespaldas que apodaban "Big
daddy", lo miró apenas y bajó la vista para perderla entre las personas
que deambulaban por aquel sitio.
No sabía si aquel hombre
sería quien la llevara hasta él o si debía esperar a alguien más, Micky no le
había especificado nada cuando en un segundo susurró en su oído la invitación
que ahora la tenía parada allí, a la espera de que algo sucediera.
Recordó el instante en
que, en medio de su canción favorita, justo cuando el solo de Saxo,
interpretado magistralmente por su admirado Jeff invadía cada centímetro de
aquel recinto, Micky se acercó despacio, directo hacia ella, para depositar en
sus manos la radiante rosa blanca y susurrarle al oído fingiendo un beso tierno
y casual.
_¡Te espero en el Hotel!_
le dijo, y se alejó sonriente, dejándola más que confundida y rodeada de miles
de miradas acechantes que no le quitaban la vista, ni la envidia de encima.
Regresó de sus
pensamientos cuando vio al hombre moverse y caminar hacia ella. Al tenerlo a su
lado notó como se inclinaba para hablarle despacio, seguramente buscando no
llamar la atención.
_¿Alma?_ Le preguntó con
voz grave y segura a lo que ella respondió apenas con un movimiento de su
cabeza, indicándole afirmativamente que era la persona que estaba esperando.
Se dejo guiar hacia los
imponentes ascensores y hasta se sintió una Reina, cuidada y protegida cuando
el gigantesco hombre le cedía el paso con gestos amables.
¿Qué sabría él acerca de
ella? se preguntó. No imaginaba lo que Micky pudiera haberle dicho, o si le
hubiese comentado algo al respecto de la persona que debía ir a buscar.
Quizás este gran señor
solo se limitaba a cumplir órdenes y no hacia preguntas, ni cuestionamientos,
pero eso no lo limitaba a pensar o imaginar.
¿Qué estaría pensando
acerca de ella?, "La mujer más fea que le he conocido a mi Jefe" o
"¿Qué le vio el jefe a esta muchachita tan insulsa?", serían de
seguro algunos de los pensamientos que ella imaginó, estarían surcando la
cabeza del moreno que tenía a su lado.
Levantó la vista y vio que
la observaba, como esculcándola, de arriba a abajo y se sintió tan incómoda que
solo atino a sonreír y refugiarse otra vez en los atormentados mensajes de su
mente.
Decidió entonces que aquel
encuentro sería el comienzo y el final de esa historia y que todo sucedería en
un mismo instante, porque ya no quería dedicarle más tiempo a lo que cada
segundo se volvía, un imposible.
Asocio la mirada
escudriñante de quien la acompañaba con el juicio de todos quienes rodeaban a
Luis Miguel e imaginó que nadie aprobaría una relación entre ellos porque nada
estaba más lejos del Rey, que la simple muchachita que ahora se encaminaba
hacia el hombre de sus sueños.
La belleza es una suerte
de "Pasaporte", reflexionó, que te permite la entrada al corazón de
las personas y le da lugar a tu alma y a tu mente para mostrarse a pleno.
Cuando una en cambio, no
cuenta con esa posibilidad, ese "pasaporte",una se encuentra con que
no tiene modo, ni forma, de que los demás conozcan su interior, porque la
primera impresión suele ser la más valedera y la que determina a quien le corresponde
la oportunidad de mostrarse tal cual es.
A una mujer bella, se la
acepta casi sin pensarlo, se la escucha, se la invita a pensar y a reflexionar,
se le permite emitir su opinión y decir lo que siente sin necesidad de
aprobación alguna.
A una mujer no tan bella,
por decirlo de otro modo, se la excluye y condena por su falta de belleza y no
se le da lugar para abrirse y mostrar su interior, nadie se toma el trabajo de
ver que hay detrás de una cara no tan bonita y de un cuerpo no tan agraciado.
Basándose en esta teoría
ella sentía que cuando estuviera frente a él se acabaría el hechizo, el que los
llevo a encontrarse un buen día, guiados por la magia de las palabras que ambos
se dedicaban.
Frente a frente las
palabras perderían su color y su grandeza y serían reemplazadas por la fuerza
avasallante de una imagen, que en nada se parecía a la belleza de tantas frases
y poemas que alguna vez los hicieran sentir, tan unidos, tan cercanos el uno
del otro.
Él no podría evitar el
rechazo cuando la viera aparecer en una imagen tan decepcionante y era lógico
que así fuera, porque la belleza entra por los ojos y sus ojos, acostumbrados a
tanto resplandor no encontrarían razón, en la oscura y deslucida lucecita que
ella apenas podía irradiar.
Respiró profundo y al
exhalar todo el aire dejó escapar también todos sus anhelos. definitivamente
aquel sería el primer y el último encuentro de esta historia y se convencía de
ello conforme iban ascendiendo, piso tras piso hacia lo que para ella ya eran:
Las puertas del Infierno.
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