martes, mayo 22, 2018

Sueños Breves, Las puertas del Cielo o del Infierno (Capitulo 14)


...Y me quede soñando
con una historia breve...

Sueños Breves, Las puertas del Cielo o del Infierno

Cerró la puerta de la Suite Principal dejando dentro a un hombre diferente, cargado de una excitación que hacía tiempo no le veía. Caminó por el largo corredor directo a los ascensores y en ese trayecto pensó que debía memorizar ese día y esa hora; algo le decía que aquella fecha sería recordada siempre como el comienzo de una nueva etapa, una nueva vida para quien esperaba del otro lado de aquella puerta.
No necesito demasiadas explicaciones cuando Micky le ordenara eufórico y con la mirada encendida que fuera por ella.
_¡Espérala y en cuanto llegue me la traes de inmediato!_ Le escucho decir y le pareció que más que una orden era una súplica, un ruego de quien solo vive para aquel instante, el preciso momento en que sus sueños se concretan.
Tenía ese rostro grabado en la mente y sonrió a medias pensando que nadie en aquel Concierto, aquella noche, olvidaría jamás sus ojos vivaces, enmarcados en un cuerpo sencillo, recibiendo la misteriosa rosa blanca que tantas anhelaron a lo largo de aquella Gira.
No hubo quien no le clavara la mirada, fulgurante, envidiosa y la maldijera mil veces por estar allí, protagonizando ese instante que todas y cada una desearon y que nadie imaginó, algún día se haría realidad.
El hombre descendió su inmensa e intimidante figura del ascensor privado y con paso lento y seguro llegó hasta la entrada principal. Acomodó la solapa de su elegante traje negro y esperó. Con la mirada atenta y los sentidos abiertos requisaba cada rincón del lujoso Hotel y no perdía detalle de cada persona que ingresaba al lugar, revisándolos de arriba a abajo no solo para hallar a la muchacha sino también en un acto involuntario que lo llevaba siempre a mantenerse alerta, como si el peligro rondara cerca suyo, todo el tiempo.
La vio llegar y le pareció difícil imaginar que aquella muchachita tan simple, tan común, podría ser la mujer que le quitara el sueño a Luis Miguel. Pero por otro lado, pensó también, no era raro que quien lograra llegar hasta su corazón fuera alguien que poco tuviera que ver con su mundo, aquel "mundo raro" que solo le daba a cambio de sus logros un inmenso mar de soledades, inundando a diario su existir.
Ella se detuvo y lo reconoció de inmediato, pero le dedicó una leve sonrisa y se refugio en su timidez, deambulando su mirada entre las gentes que circulaban por todo el lugar. Entonces el gigante con gesto adusto se acercó hasta ella y
agachándose un poco le pronunció el nombre que le habían dicho, en voz baja, como en secreto, anunciándole que estaba allí para llevarla a su destino.
Encontró respuesta en un gesto afirmativo e indicándole con su mano el rumbo a seguir caminó tras la muchacha, protegiendo aquel frágil capullo de rosa, tan pálido como la blanca flor que ella aún sostenía entre sus manos.
Subieron al ascensor y al cerrarse la puerta pudo sentir un suspiro, prueba de los nervios que consumían a aquel manojo de delicadas líneas y suaves facciones. La observó de soslayo y vio como entrelazaba sus manos con fuerza.
No le pareció bonita, tampoco podía decirse que era fea, era.... diferente, muy diferente a las mujeres que estaba acostumbrado a ver cerca de Luis Miguel.
Sus ojos oscuros no brillaban radiantes, resaltando gracias a un perfecto maquillaje, pero su mirada guardaba una intensidad que la volvía ardiente, vivaz, y le daba  a la palidez de su rostro una razón para saberlo vivo.
Sus rasgos tenían la impronta de una vida consumida y destacaba en ellos el fulgor de su sonrisa, único vestigio de una alegría que se podía imaginar lejana, pero aún latiendo en su interior. Busco entre las ropas las curvas de su cuerpo y se sorprendió al darse cuenta de que le costaba encontrarlas.
Bajo unos jeans y una playera oscura apenas podía distinguirse el relieve de su figura. No había nada que resaltara demasiado debajo de su vestimenta y una delgadez que al hombre le pareció extrema, solo contribuía a deslucir aún más, aquel cuerpo menudo. Sin embargo en su conjunto, aquella mujer podía considerarse atractiva, pensó y notó que había algo en sus movimientos, su mirada, sus gestos, su sonrisa que la volvían interesante, atrayente. Alguien de quien se desea saber un poco más...
Concluyó que una cosa era segura: No debía ser mero deseo lo que atraía a Micky hacia aquella mujer, sin duda algo profundo lo llevaba hacia ella y lo más probable es que se ocultara tras esos ojos intensos y solo viera la luz frente al hombre que la había descubierto.
Ella levanto la vista y halló al gigante moreno observándola y solo atinó a sonreír esta vez con todos sus dientes, expresando una alegría que se asomaba urgente, conforme ascendían, piso tras piso hacia lo que para ella serían seguramente: Las puertas del Cielo.

Llegó en un taxi hasta la puerta del hotel. Descendió temblorosa y observando todo a su alrededor dio los pasos hasta encontrarse en medio del Lobby, sola, algo aturdida aún y con la rosa blanca entre sus manos.
A un costado, junto a una columna logró divisar al corpulento guardaespaldas que apodaban "Big daddy", lo miró apenas y bajó la vista para perderla entre las personas que deambulaban por aquel sitio.
No sabía si aquel hombre sería quien la llevara hasta él o si debía esperar a alguien más, Micky no le había especificado nada cuando en un segundo susurró en su oído la invitación que ahora la tenía parada allí, a la espera de que algo sucediera.
Recordó el instante en que, en medio de su canción favorita, justo cuando el solo de Saxo, interpretado magistralmente por su admirado Jeff invadía cada centímetro de aquel recinto, Micky se acercó despacio, directo hacia ella, para depositar en sus manos la radiante rosa blanca y susurrarle al oído fingiendo un beso tierno y casual.
_¡Te espero en el Hotel!_ le dijo, y se alejó sonriente, dejándola más que confundida y rodeada de miles de miradas acechantes que no le quitaban la vista, ni la envidia de encima.
Regresó de sus pensamientos cuando vio al hombre moverse y caminar hacia ella. Al tenerlo a su lado notó como se inclinaba para hablarle despacio, seguramente buscando no llamar la atención.
_¿Alma?_ Le preguntó con voz grave y segura a lo que ella respondió apenas con un movimiento de su cabeza, indicándole afirmativamente que era la persona que estaba esperando.
Se dejo guiar hacia los imponentes ascensores y hasta se sintió una Reina, cuidada y protegida cuando el gigantesco hombre le cedía el paso con gestos amables.
¿Qué sabría él acerca de ella? se preguntó. No imaginaba lo que Micky pudiera haberle dicho, o si le hubiese comentado algo al respecto de la persona que debía ir a buscar.
Quizás este gran señor solo se limitaba a cumplir órdenes y no hacia preguntas, ni cuestionamientos, pero eso no lo limitaba a pensar o imaginar.
¿Qué estaría pensando acerca de ella?, "La mujer más fea que le he conocido a mi Jefe" o "¿Qué le vio el jefe a esta muchachita tan insulsa?", serían de seguro algunos de los pensamientos que ella imaginó, estarían surcando la cabeza del moreno que tenía a su lado.
Levantó la vista y vio que la observaba, como esculcándola, de arriba a abajo y se sintió tan incómoda que solo atino a sonreír y refugiarse otra vez en los atormentados mensajes de su mente.
Decidió entonces que aquel encuentro sería el comienzo y el final de esa historia y que todo sucedería en un mismo instante, porque ya no quería dedicarle más tiempo a lo que cada segundo se volvía, un imposible.
Asocio la mirada escudriñante de quien la acompañaba con el juicio de todos quienes rodeaban a Luis Miguel e imaginó que nadie aprobaría una relación entre ellos porque nada estaba más lejos del Rey, que la simple muchachita que ahora se encaminaba hacia el hombre de sus sueños.
La belleza es una suerte de "Pasaporte", reflexionó, que te permite la entrada al corazón de las personas y le da lugar a tu alma y a tu mente para mostrarse a pleno.
Cuando una en cambio, no cuenta con esa posibilidad, ese "pasaporte",una se encuentra con que no tiene modo, ni forma, de que los demás conozcan su interior, porque la primera impresión suele ser la más valedera y la que determina a quien le corresponde la oportunidad de mostrarse tal cual es.
A una mujer bella, se la acepta casi sin pensarlo, se la escucha, se la invita a pensar y a reflexionar, se le permite emitir su opinión y decir lo que siente sin necesidad de aprobación alguna.
A una mujer no tan bella, por decirlo de otro modo, se la excluye y condena por su falta de belleza y no se le da lugar para abrirse y mostrar su interior, nadie se toma el trabajo de ver que hay detrás de una cara no tan bonita y de un cuerpo no tan agraciado.
Basándose en esta teoría ella sentía que cuando estuviera frente a él se acabaría el hechizo, el que los llevo a encontrarse un buen día, guiados por la magia de las palabras que ambos se dedicaban.
Frente a frente las palabras perderían su color y su grandeza y serían reemplazadas por la fuerza avasallante de una imagen, que en nada se parecía a la belleza de tantas frases y poemas que alguna vez los hicieran sentir, tan unidos, tan cercanos el uno del otro.
Él no podría evitar el rechazo cuando la viera aparecer en una imagen tan decepcionante y era lógico que así fuera, porque la belleza entra por los ojos y sus ojos, acostumbrados a tanto resplandor no encontrarían razón, en la oscura y deslucida lucecita que ella apenas podía irradiar.
Respiró profundo y al exhalar todo el aire dejó escapar también todos sus anhelos. definitivamente aquel sería el primer y el último encuentro de esta historia y se convencía de ello conforme iban ascendiendo, piso tras piso hacia lo que para ella ya eran: Las puertas del Infierno.

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