martes, mayo 08, 2018

"Sueños Breves", Un sueño, pequeño, sencillo ( Capitulo 5)


...Y me quede soñando,

con una historia breve....

"Sueños Breves", Un sueño, pequeño, sencillo




Tarde de lluvia de un día agitado, en una ciudad agitada, era tiempo de un descanso....
_ ¿Qué se van a servir?_ la pregunta acostumbrada se impuso ante ellos.
Dos hombres en una mesa alejada, junto a un gran ventanal.
_Café para mi. ¿Tú Micky, también café?_
_Sí, ligero y sin azúcar por favor_
_Si, claro. Enseguida se los traigo_

Paula giro y se encaminó hacia la barra del pequeño bar que ocupaba la planta baja de un lujoso edificio donde se encontraba uno de los Estudios de grabación más importantes de la Ciudad de Los Angeles.
Allí concurrían a diario, productores, directores musicales, ingenieros, técnicos, músicos y artistas de todo tipo, de todos los géneros, de toda las tallas; y entre ellos estaba él, que por estos días se encontraba dándole los últimos toques a su nuevo Disco, y verlo por el  bar en busca de un recreo a sus tareas era de lo más común.
Paula, Pau como todos la llamaban, trabajaba en ese bar como camarera desde hacia un año. Cuando tomo ese empleo no tenía idea de que llegaría algún día a conocer en persona a su máximo ídolo. Claro que hasta ahora no había podido cruzar palabra con él más que para tomar su orden, la que ya se sabía de memoria: café ligero y sin azúcar.

Él siempre estaba acompañado. Si no era por su manager que casi no se le despegaba, se lo podía ver junto a personas importantes dentro de aquel sitio.
O tal vez con alguno de sus amigos o cualquiera de las personas que trabajaran con él en la realización de aquel disco.
Paula había estado tentada de acercarse a él más de una vez, pero nunca había encontrado la posibilidad, ya que no consideraba correcto molestarlo cuando estaba con otras personas.

Una tarde lo vio pasar apurado. Iba solo y Pau pensó que había llegado su momento. Dejando a quien estaba atendiendo con su pedido a medio terminar salió corriendo tras él. Pero no hizo más que alcanzar la puerta cuando lo vio subirse a su auto, negro, gigante, de esos que parecen sacado de las películas de Hollywood y sin darle tiempo a nada lo vio salir casi volando, surcando la inmensa avenida.

Pau no esperaba que él reparara en ella, ni que la invitara a salir, ni mucho menos. Ella sabía bien que con su apariencia no alcanzaba a "calificar" como posible candidata para estar junto a él.
Era sabido que él siempre estaba rodeado de las mujeres más hermosas y espectaculares y difícilmente una muchacha simple, de una belleza sencilla como lo era Paula, podría llamar su atención.
Sus compañeros solían burlarse de ella y de su ilusión. “¿Cómo crees que te mirará siquiera?”, “¡Él no sabe que existes!”, “¡para él eres parte del mobiliario!”.
Una silla más en este lugar, nada que pueda distraerlo de su lecho de rosas, pensaba ella.
Pero Pau imaginaba que tal vez él pudiera ver en ella algo diferente. Algo que sus ojos no registraban a diario, acostumbrados a tanto brillo, tanta glamour. Quizás un poco de simpleza pudiera convencerlo de dedicarle algunos minutos de su tiempo, su escaso y valioso tiempo.

Este era el sueño de Pau. Un sueño pequeño y sencillo. Un sueño de apenas unos minutos, de pocas palabras, de pocas ambiciones.

A veces, cuando lo veía pasearse por los largos pasillos de aquel sitio con alguna de sus "amigas", se preguntaba, ¿encontrará algo en ellas, más allá de su belleza?. Porque nadie podía negar que eran siempre las más hermosas. Todas sacadas de un cuento de hadas, dibujadas perfectamente, sin un error, sin un defecto, adornando su mundo para que todo fuera maravilloso. Tal y como debía ser....

Sin embargo los hechos indicaban que no todo era perfecto, no todo en su vida se parecía a lo que podíamos ver.
¿Acaso alguien sabía exactamente como era su vida en realidad?. Largas noches de amigos, música, luces y alegres compañías se desvanecían junto con las estrellas al llegar la mañana. Y todo lo que hasta ayer era la cumbre del lujo y la fastuosidad se volvía la morada de una amarga y triste cotidianeidad. Tan pesada y difícil de soportar que solo restaba esperar que la luna regresara, para volver urgente a enceguecerse con los destellos de otra noche larga y ojalá mucho más larga esta vez....

Era el último día en la realización de aquel disco. El último trabajo de Luis Miguel y ya todo el mundo sabía que nuevamente nos deleitaría con una serie de maravillosos boleros.
Paula estaba al pendiente de todo. Lo había visto llegar bien temprano junto a su manager, luego lo había visto salir en varias ocasiones y regresar con cara de preocupación; como si algo no le gustara, como si todo estuviera saliendo mal.
Era un día difícil. A medida que pasaban las horas el ambiente se ponía mas tenso y abundaban los nervios por doquier.
Como a las cuatro de la tarde, hora en que Pau acostumbraba tomar un descanso,  la puerta del bar se abrió de par en par y para su sorpresa lo vio llegar solo, absolutamente solo y con el rostro  algo demacrado; como quien lleva una gran preocupación en su mente.
Paula estaba tras la barra. Imaginó que él tomaría la mesa que estaba junto al gran ventanal que daba a la calle. Solía sentarse allí y quedarse observando la nada mientras sus acompañantes conversaban. Muchas veces Pau pudo distinguir como  se perdía en sus pensamientos, con la mirada fija en algún punto detrás del inmenso vidrio y se preguntaba ¿qué estaría imaginando?. Quizás deseaba poder salir a esa calle  y transitarla solo, sin nadie que lo siguiera resguardándolo, sin un rumbo fijo, sin un destino. Solo caminar anónimamente y disfrutar así del aire, del sol, de la calle y de su gente.
Quizás solo pretendía ver como le pasaba la vida a aquellos que no sabían de pérdidas y olvidos. Aquellos que transcurrían los días con anhelos tan diferentes a los suyos que le resultaba imposible imaginarlos siquiera. Es que su mundo se volvía a veces tan egoísta, tan cerrado en sí mismo, que todo lo demás quedaba afuera. Demasiado lejos donde nada pudiera tocarlo, ni afectarlo.

Micky atravesó la puerta y se detuvo. Fueron apenas unos instantes pero a Pau le parecieron una eternidad. Él observó el lugar con detenimiento y se decidió por el sitio menos esperado por ella, que a esta altura apenas si podía con su corazón, que galopaba alterado producto de sus ansias de poder tenerlo por fin frente a sus ojos para contemplarlo sin medida.

Llegó hasta la barra y se sentó en uno de los taburetes, así descuidadamente, como cualquier otro lo haría.  Apoyo sus brazos sobre la lustrosa madera y se observó en el espejo que tenía enfrente, el que servía de marco a las vitrinas donde reposaban los más exquisitos licores y todo tipo de bebidas.
Paso una mano por su cabello una y otra vez y Paula en el otro extremo sin saber que hacer, se mordía los labios en un gesto de total nerviosismo.
Alguien le pregunto si no pensaba atender al caballero, y Pau juntado fuerzas corrigió su uniforme y se dirigió lentamente hasta él.

Al llegar junto a él sintió como su mirada se le clavaba caprichosa en las pupilas y una franca sonrisa aparecía para derretir por completo el hielo que la privara de mostrarse tal y como era. Es que era imposible no abrirse y dejar salir el alma ante semejante sonrisa.

Cuando estaba a punto de hacer su acostumbrada pregunta acerca de lo que deseaba consumir, él se le adelanto y le dejo saber que su presencia no había pasado desapercibida como ella siempre creyó.
_Lo de siempre, preciosa_ le dijo en un gesto inconsciente. Dejando escapar esa seducción tan propia de él. Poniendo a Paula fuera de este mundo, sumida en un encantamiento del que no deseaba salir jamás.

¡Preciosa!, ¡me dijo preciosa!. Pau apenas podía sostenerse en pie. Aquellas palabras la habían dejado sin capacidad de reacción alguna y sobre todo el hecho de que él supiera que ella estaba al tanto de sus gustos la sacaron fuera de combate, lista para caer rendida ante cualquier cosa que él pudiera decir.

Se alejó con una inmensa sonrisa y regreso pronta con el café ligero y sin azúcar tal y como a él le gustaba.
Lo apoyó sobre la barra, cuidando de no cometer ninguna torpeza como volcarle el contenido de la taza sobre su camisa blanca, impecable. Dio dos pasos hacia atrás, buscando respetar su privacidad, y para su sorpresa vio como él, sin quitarle la vista de encima, le agradecía tiernamente y se disponía a iniciar una charla que Pau consideró el comienzo de su sueño...

_Gracias preciosa. ¿Me puedes decir la hora?, no sé donde dejé mi reloj_
_ Cuatro y diez _ Atinó a decir ella sin salir de su asombro.
_ ¡Vaya, ya se me paso el día y aún queda tanto por hacer!_ otra vez el gesto adusto que lo había acompañado durante toda la jornada. Paula quiso consolarlo.
_ ¿De verdad no quieres un poquito de azúcar?, quizás le dé otro sabor a tu día_
_Tienes razón. Gracias Pau_

Sus ojos gigantes tomaban dimensiones insospechadas. Sus labios apenas podían pronunciar palabra y la sangre de pronto dejó de correr por sus venas para detener su marcha ante la magnitud de aquel instante.
¡¡Pronuncio mi nombre!!, se repetía Paula una y otra vez.¡¡ Él sabe mi nombre!!
Fue tal la cara de asombro de nuestra amiga que Micky imaginó que tal vez había cometido un error.

_ ¿Así te llamas, verdad?_
_Si, si ,.... Pau..., ese es mi nombre..._ Ella, totalmente extasiada le acercó diligente el sobre con azúcar. Él tan tierno y gentil lo tomo de su mano y lo vació en la pequeña taza, que acercó luego a sus labios para beber lentamente, sorbo a sorbo, al tiempo que grababa en Paula las imágenes que ella no olvidaría mientras estuviera viva.
Cuando el contenido de la taza se agotó, Micky se puso de pie dispuesto a marcharse.
Viendo como todo estaba  apunto de desvanecerse, Pau reaccionó urgente y sin pensarlo siquiera intento prolongar aquella charla que ella sabía muy bien, era única e irrepetible.

_ ¿Ya te vas?_ dijo imprevistamente. Casi como rogándole que no terminara con su incipiente ilusión.
Él arqueo sus cejas sorprendido y sin dejar de sonreír volvió a tomar asiento.
Estiró su mano para tomar la de Pau que reposaba sobre la barra.
_Me encantaría quedarme, pero no puedo_ Paula no se rendía. No cuando por fin podía asegurar que lo había tenido junto a ella. Tan cerca como siempre lo había imaginado. Tan real como nunca creyó llegaría a tenerlo.
_ ¿No quieres otro café?_. Pero él dejo su sonrisa seductora y esbozó otra diferente, que se parecía más a una disculpa.
_Otro día preciosa_ y nunca dejó de sonreír.
Observó la decepción en su carita de muchacha dulce y se sintió culpable. Era tan poco el tiempo que podía darle y sin embargo ella parecía agradecerle con sus gestos amables, con su sonrisa tierna.
Pensó en cuanto tiempo de su vida invertía en aquellos que al final de cuentas eran quienes hacían de su mundo lo que en verdad era; y cuanto más le dedicaba a todo lo que volvía su mundo un sitio raro, difícil de entender y sobrellevar.
Le entrego un gracias con el verde de sus ojos acariciándola y así, apretando su mano en gesto cordial, se retiró de aquel sitio; regalándole además del aroma que lo cubría por completo, la hermosa sensación de que amanecía en ese instante. Porque su fuerza y su luz eran tan inmensas que Pau se sentía  parte de un nuevo día. El día en que su sueño, pequeño, sencillo, se había hecho por fin realidad.








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