...Y me quede soñando,
con una historia breve....
"Sueños Breves",
Un sueño, pequeño, sencillo
Tarde de lluvia de un día
agitado, en una ciudad agitada, era tiempo de un descanso....
_ ¿Qué se van a servir?_
la pregunta acostumbrada se impuso ante ellos.
Dos hombres en una mesa
alejada, junto a un gran ventanal.
_Café para mi. ¿Tú Micky,
también café?_
_Sí, ligero y sin azúcar
por favor_
_Si, claro. Enseguida se
los traigo_
Paula giro y se encaminó
hacia la barra del pequeño bar que ocupaba la planta baja de un lujoso edificio
donde se encontraba uno de los Estudios de grabación más importantes de la
Ciudad de Los Angeles.
Allí concurrían a diario,
productores, directores musicales, ingenieros, técnicos, músicos y artistas de
todo tipo, de todos los géneros, de toda las tallas; y entre ellos estaba él,
que por estos días se encontraba dándole los últimos toques a su nuevo Disco, y
verlo por el bar en busca de un recreo a
sus tareas era de lo más común.
Paula, Pau como todos la
llamaban, trabajaba en ese bar como camarera desde hacia un año. Cuando tomo
ese empleo no tenía idea de que llegaría algún día a conocer en persona a su
máximo ídolo. Claro que hasta ahora no había podido cruzar palabra con él más
que para tomar su orden, la que ya se sabía de memoria: café ligero y sin
azúcar.
Él siempre estaba
acompañado. Si no era por su manager que casi no se le despegaba, se lo podía
ver junto a personas importantes dentro de aquel sitio.
O tal vez con alguno de
sus amigos o cualquiera de las personas que trabajaran con él en la realización
de aquel disco.
Paula había estado tentada
de acercarse a él más de una vez, pero nunca había encontrado la posibilidad,
ya que no consideraba correcto molestarlo cuando estaba con otras personas.
Una tarde lo vio pasar
apurado. Iba solo y Pau pensó que había llegado su momento. Dejando a quien
estaba atendiendo con su pedido a medio terminar salió corriendo tras él. Pero
no hizo más que alcanzar la puerta cuando lo vio subirse a su auto, negro,
gigante, de esos que parecen sacado de las películas de Hollywood y sin darle
tiempo a nada lo vio salir casi volando, surcando la inmensa avenida.
Pau no esperaba que él
reparara en ella, ni que la invitara a salir, ni mucho menos. Ella sabía bien
que con su apariencia no alcanzaba a "calificar" como posible
candidata para estar junto a él.
Era sabido que él siempre
estaba rodeado de las mujeres más hermosas y espectaculares y difícilmente una
muchacha simple, de una belleza sencilla como lo era Paula, podría llamar su
atención.
Sus compañeros solían
burlarse de ella y de su ilusión. “¿Cómo crees que te mirará siquiera?”, “¡Él
no sabe que existes!”, “¡para él eres parte del mobiliario!”.
Una silla más en este
lugar, nada que pueda distraerlo de su lecho de rosas, pensaba ella.
Pero Pau imaginaba que tal
vez él pudiera ver en ella algo diferente. Algo que sus ojos no registraban a
diario, acostumbrados a tanto brillo, tanta glamour. Quizás un poco de simpleza
pudiera convencerlo de dedicarle algunos minutos de su tiempo, su escaso y
valioso tiempo.
Este era el sueño de Pau.
Un sueño pequeño y sencillo. Un sueño de apenas unos minutos, de pocas
palabras, de pocas ambiciones.
A veces, cuando lo veía
pasearse por los largos pasillos de aquel sitio con alguna de sus
"amigas", se preguntaba, ¿encontrará algo en ellas, más allá de su
belleza?. Porque nadie podía negar que eran siempre las más hermosas. Todas
sacadas de un cuento de hadas, dibujadas perfectamente, sin un error, sin un
defecto, adornando su mundo para que todo fuera maravilloso. Tal y como debía
ser....
Sin embargo los hechos
indicaban que no todo era perfecto, no todo en su vida se parecía a lo que
podíamos ver.
¿Acaso alguien sabía
exactamente como era su vida en realidad?. Largas noches de amigos, música,
luces y alegres compañías se desvanecían junto con las estrellas al llegar la
mañana. Y todo lo que hasta ayer era la cumbre del lujo y la fastuosidad se
volvía la morada de una amarga y triste cotidianeidad. Tan pesada y difícil de
soportar que solo restaba esperar que la luna regresara, para volver urgente a
enceguecerse con los destellos de otra noche larga y ojalá mucho más larga esta
vez....
Era el último día en la
realización de aquel disco. El último trabajo de Luis Miguel y ya todo el mundo
sabía que nuevamente nos deleitaría con una serie de maravillosos boleros.
Paula estaba al pendiente
de todo. Lo había visto llegar bien temprano junto a su manager, luego lo había
visto salir en varias ocasiones y regresar con cara de preocupación; como si
algo no le gustara, como si todo estuviera saliendo mal.
Era un día difícil. A
medida que pasaban las horas el ambiente se ponía mas tenso y abundaban los
nervios por doquier.
Como a las cuatro de la
tarde, hora en que Pau acostumbraba tomar un descanso, la puerta del bar se abrió de par en par y
para su sorpresa lo vio llegar solo, absolutamente solo y con el rostro algo demacrado; como quien lleva una gran
preocupación en su mente.
Paula estaba tras la
barra. Imaginó que él tomaría la mesa que estaba junto al gran ventanal que
daba a la calle. Solía sentarse allí y quedarse observando la nada mientras sus
acompañantes conversaban. Muchas veces Pau pudo distinguir como se perdía en sus pensamientos, con la mirada
fija en algún punto detrás del inmenso vidrio y se preguntaba ¿qué estaría
imaginando?. Quizás deseaba poder salir a esa calle y transitarla solo, sin nadie que lo siguiera
resguardándolo, sin un rumbo fijo, sin un destino. Solo caminar anónimamente y
disfrutar así del aire, del sol, de la calle y de su gente.
Quizás solo pretendía ver
como le pasaba la vida a aquellos que no sabían de pérdidas y olvidos. Aquellos
que transcurrían los días con anhelos tan diferentes a los suyos que le
resultaba imposible imaginarlos siquiera. Es que su mundo se volvía a veces tan
egoísta, tan cerrado en sí mismo, que todo lo demás quedaba afuera. Demasiado
lejos donde nada pudiera tocarlo, ni afectarlo.
Micky atravesó la puerta y
se detuvo. Fueron apenas unos instantes pero a Pau le parecieron una eternidad.
Él observó el lugar con detenimiento y se decidió por el sitio menos esperado
por ella, que a esta altura apenas si podía con su corazón, que galopaba
alterado producto de sus ansias de poder tenerlo por fin frente a sus ojos para
contemplarlo sin medida.
Llegó hasta la barra y se
sentó en uno de los taburetes, así descuidadamente, como cualquier otro lo
haría. Apoyo sus brazos sobre la
lustrosa madera y se observó en el espejo que tenía enfrente, el que servía de
marco a las vitrinas donde reposaban los más exquisitos licores y todo tipo de
bebidas.
Paso una mano por su
cabello una y otra vez y Paula en el otro extremo sin saber que hacer, se
mordía los labios en un gesto de total nerviosismo.
Alguien le pregunto si no
pensaba atender al caballero, y Pau juntado fuerzas corrigió su uniforme y se
dirigió lentamente hasta él.
Al llegar junto a él
sintió como su mirada se le clavaba caprichosa en las pupilas y una franca
sonrisa aparecía para derretir por completo el hielo que la privara de
mostrarse tal y como era. Es que era imposible no abrirse y dejar salir el alma
ante semejante sonrisa.
Cuando estaba a punto de
hacer su acostumbrada pregunta acerca de lo que deseaba consumir, él se le
adelanto y le dejo saber que su presencia no había pasado desapercibida como
ella siempre creyó.
_Lo de siempre, preciosa_
le dijo en un gesto inconsciente. Dejando escapar esa seducción tan propia de
él. Poniendo a Paula fuera de este mundo, sumida en un encantamiento del que no
deseaba salir jamás.
¡Preciosa!, ¡me dijo
preciosa!. Pau apenas podía sostenerse en pie. Aquellas palabras la habían
dejado sin capacidad de reacción alguna y sobre todo el hecho de que él supiera
que ella estaba al tanto de sus gustos la sacaron fuera de combate, lista para
caer rendida ante cualquier cosa que él pudiera decir.
Se alejó con una inmensa
sonrisa y regreso pronta con el café ligero y sin azúcar tal y como a él le
gustaba.
Lo apoyó sobre la barra,
cuidando de no cometer ninguna torpeza como volcarle el contenido de la taza
sobre su camisa blanca, impecable. Dio dos pasos hacia atrás, buscando respetar
su privacidad, y para su sorpresa vio como él, sin quitarle la vista de encima,
le agradecía tiernamente y se disponía a iniciar una charla que Pau consideró
el comienzo de su sueño...
_Gracias preciosa. ¿Me
puedes decir la hora?, no sé donde dejé mi reloj_
_ Cuatro y diez _ Atinó a
decir ella sin salir de su asombro.
_ ¡Vaya, ya se me paso el
día y aún queda tanto por hacer!_ otra vez el gesto adusto que lo había
acompañado durante toda la jornada. Paula quiso consolarlo.
_ ¿De verdad no quieres un
poquito de azúcar?, quizás le dé otro sabor a tu día_
_Tienes razón. Gracias
Pau_
Sus ojos gigantes tomaban
dimensiones insospechadas. Sus labios apenas podían pronunciar palabra y la
sangre de pronto dejó de correr por sus venas para detener su marcha ante la
magnitud de aquel instante.
¡¡Pronuncio mi nombre!!,
se repetía Paula una y otra vez.¡¡ Él sabe mi nombre!!
Fue tal la cara de asombro
de nuestra amiga que Micky imaginó que tal vez había cometido un error.
_ ¿Así te llamas, verdad?_
_Si, si ,.... Pau..., ese
es mi nombre..._ Ella, totalmente extasiada le acercó diligente el sobre con
azúcar. Él tan tierno y gentil lo tomo de su mano y lo vació en la pequeña
taza, que acercó luego a sus labios para beber lentamente, sorbo a sorbo, al
tiempo que grababa en Paula las imágenes que ella no olvidaría mientras
estuviera viva.
Cuando el contenido de la
taza se agotó, Micky se puso de pie dispuesto a marcharse.
Viendo como todo
estaba apunto de desvanecerse, Pau
reaccionó urgente y sin pensarlo siquiera intento prolongar aquella charla que
ella sabía muy bien, era única e irrepetible.
_ ¿Ya te vas?_ dijo
imprevistamente. Casi como rogándole que no terminara con su incipiente
ilusión.
Él arqueo sus cejas
sorprendido y sin dejar de sonreír volvió a tomar asiento.
Estiró su mano para tomar
la de Pau que reposaba sobre la barra.
_Me encantaría quedarme,
pero no puedo_ Paula no se rendía. No cuando por fin podía asegurar que lo
había tenido junto a ella. Tan cerca como siempre lo había imaginado. Tan real
como nunca creyó llegaría a tenerlo.
_ ¿No quieres otro café?_.
Pero él dejo su sonrisa seductora y esbozó otra diferente, que se parecía más a
una disculpa.
_Otro día preciosa_ y
nunca dejó de sonreír.
Observó la decepción en su
carita de muchacha dulce y se sintió culpable. Era tan poco el tiempo que podía
darle y sin embargo ella parecía agradecerle con sus gestos amables, con su
sonrisa tierna.
Pensó en cuanto tiempo de
su vida invertía en aquellos que al final de cuentas eran quienes hacían de su
mundo lo que en verdad era; y cuanto más le dedicaba a todo lo que volvía su
mundo un sitio raro, difícil de entender y sobrellevar.
Le entrego un gracias con
el verde de sus ojos acariciándola y así, apretando su mano en gesto cordial,
se retiró de aquel sitio; regalándole además del aroma que lo cubría por
completo, la hermosa sensación de que amanecía en ese instante. Porque su
fuerza y su luz eran tan inmensas que Pau se sentía parte de un nuevo día. El día en que su
sueño, pequeño, sencillo, se había hecho por fin realidad.
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