jueves, febrero 08, 2007

Ángel rojo

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Amarla era tan sencillo… Ella se dejaba querer como un niño huérfano necesitado de cariño, y sin embargo llegar hasta ella se convertía en toda una epopeya. Cuando creía saberlo todo, cuando se sentía al borde de su corazón, ya en las entrañas de su alma, entonces una puerta se cerraba de golpe y él no podía más que retroceder y todo regresaba al principio, al vacío, la nada.

Ella guardaba un secreto. Él podía percibirlo en cada resquemor, en cada dejo de desconfianza. Pero nada de lo que hiciera o dijera lograba que ese secreto saliera a la luz y a veces era más sencillo para él entregarse a todo el amor y la pasión que ella le ofrecía que bucear en los escondrijos de su alma.

Se convirtieron en el equipo perfecto. Bastaba una rápida mirada para saber lo que cada uno estaba pensando y no había barrera que no pudieran vencer u obstáculo que no pudieran saltar con la fuerza que los aunaba. Se volvieron amantes intensos, deseosos de descubrirse, conocerse y aprender juntos las mil y una manera de procurarse placer.
Guerreros imbatibles. Una sola palabra era suficiente para desatar la más encendida de las batallas. Luchaban con las palabras como expertos esgrimistas verbales, sostenían trasnochadas discusiones sobre Arte, política, música, cine o vinos con inusitado fervor, desafiándose el uno al otro y acababan siempre sus combates en la cama, donde todo
se resolvía con gemidos, besos y caricias.

Él la quería en su vida del modo que fuera y así se lo hacía saber cada vez que la oportunidad se presentaba, pero ella siempre tenía reparos que no conformaban pero servían para prolongar el deseo y la espera un día más.
Porque eso era todo lo que ella pretendía: un día más. Tan solo un día más para amar, soñar, disfrutar…vivir.

En su afán por enseñarle a involucrarse con la vida, ese ángel que sacudía su mundo lo llevo por caminos que él ya no recordaba. A su lado visito lugares a los que no concurría desde niño. Camino por las calles de su mano como un desconocido y se embebió de los aromas y sabores de los pueblos que visitó, fascinado como una criatura.
Se sentó en los parques para ver pasar la gente y descubrir en sus rostros tristezas y alegrías. Recorrió las ferias y compro para ella cuanta chuchería encontró a su paso. Bebió agua de las fuentes que adornaron su romance y hasta bailoteó descalzo una vez, tan solo para hacerla reír, sintiendo bajo sus pies la humedad del pasto recién cortado de una plaza olvidada.
A su lado se sentía Dios y demonio, Hombre y niño a la vez. El mundo se le hacía inmenso a veces y tan pequeño de pronto. Podía ser Rey cumpliendo todos sus deseos o afanoso bufón pretendiendo robarle una sonrisa a su rostro.

En su casa de la playa, juntos plantaron un árbol, amasaron panes e inventaron recetas que nunca dieron resultado.
Se bañaron desnudos en el mar y por las noches, bajo la luna llena se cantaron canciones de amor. En los sueños que siempre compartían en voz alta, se prometieron llegar juntos hasta el valle, para con sus propias manos crear un vino que llevaría por nombre: “Ángel rojo” en honor a la frase que ella mencionó, aquella noche en que le enseño en sus manos, el verdadero sentido de la vida.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mucha fantasia, imaginación y ternura , en este fragmento...Te sigo.

Un abrazo

zhmiki

Jezabell Suad dijo...

Gracias!! Sigo viaje entonces
besos
Jezabell

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